Otra madre que sigue rogando

La lucha de Leonor Bonilla por saber el paradero de su hijo.

Después de tantos tumbos, trabas y dilaciones, cuando por fin parece cobrar forma la entrega de los restos mortales del teniente coronel Julián Ernesto Guevara por parte de las Farc —y el país se alegra ante la posibilidad de que, al menos, los despojos del oficial no quedarán insepultos por ahí, en cualquier rincón de las selvas colombianas—, otra familia que viene padeciendo desde hace 137 meses el infame flagelo del secuestro le imploró al Estado y a las Farc saber de una buena vez qué ocurrió con un miembro de la Policía que durante ocho años cumplió su servicio: el intendente Luis Hernando Peña Bonilla.

Fue plagiado en la toma de Mitú el 1º de noviembre de 1998. Desde entonces es muy poco lo que se ha sabido de él. Una verdad a retazos que ha tenido toda suerte de especulaciones. Algunos de sus compañeros de cautiverio que recuperaron la libertad lo dieron por muerto. Dicen que le dispararon porque estaba enloqueciéndose, que era incontrolable en las largas caminatas que obligaban sus captores, que en los campamentos en los que lo tuvieron confinado era problemático. El intendente Armando Castellanos Gaona —liberado en la ‘Operación Jaque’ de julio de 2008— sostuvo alguna vez que cerca de Los Pozos, en la antigua zona de distensión, estaban los restos del intendente Peña Bonilla.

De acuerdo con su relato, Peña Bonilla había sido fusilado por órdenes del Mono Jojoy y de Martín Sombra luego de empezar a perder la cordura. Al parecer allí mismo donde habría sido asesinado, en el municipio de San Vicente del Caguán, los guerrilleros de las Farc cavaron su tumba y lo enterraron con todo y cadenas. Y aunque existen otros hechos que corroborarían el deceso en cautiverio del intendente —desde hace varios años ni siquiera aparece en el listado de ‘canjeables’ de las Farc—, la versión de Castellanos Gaona tiene vacíos. Leonor Bonilla, madre del intendente, de 62 años, dice que Castellanos no le confirmó la muerte de su compañero de secuestro.

“Yo lo confronté y le dije: ‘Quíteme esta incertidumbre, si está muerto o no’. Él me dijo que no podía atestiguar nada distinto a que lo retiraron de donde estaban todos los plagiados reunidos”, le contó a El Espectador doña Leonor. En esencia, dijo, el intendente Castellanos modificó su versión inicial. Doña Leonor no sabe qué creer ya. Se aferra a su esperanza de madre. En vela pasa muchas noches y dice recordar, en esta época de Semana Santa, cómo su hijo solía pedirle que le cocinara tamales cuando retornaba a Sogamoso de permiso. Su relación era entrañable. Siempre la mantenía al tanto de sus estudios en el Sena o de sus actividades en la Policía. Pese a la cercanía, sólo se enteró de su plagio cuatro días después de que las Farc se tomarán Mitú.

Ya van 11 años y 5 meses de angustias e incertidumbre. Nadie se atreve a confirmarle nada sobre su hijo. Ni las pruebas de supervivencia, ni los reportes de las Farc han vuelto a hacer mención sobre su estado desde el año 2008. Entonces se supo a través del testimonio del general Luis Herlindo Mendieta que Peña había perdido la cordura y había sido retirado del grupo. Locura que ni la guerra pudo combatir, ya que Mendieta aseguró que al preguntar por su compañero sólo le respondían que había sido remitido a un tratamiento psiquiátrico y que hasta la fecha no reportaba cambios. Una versión bastante difícil de creer.

Doña Leonor aún recuerda las últimas cartas que recibió de puño y letra de su hijo en tiempos de los fallidos diálogos de paz con el gobierno Pastrana. Dice que más que locura lo que percibió fue depresión, tristeza, desolación, desconsuelo. Emociones que, afirma, ella también ha experimentado y que espera que se sanen con alguna noticia cierta sobre la vida o muerte de su hijo. Más que liberación o entrega de restos, lo que Leonor Bonilla implora es información sobre el paradero de Luis Hernando Peña. Así podrán irse la ansiedad y los temores que parecen convivir con ella desde que despierta en las mañanas. Por negros que sean los nubarrones de las noticias, doña Leonor continúa albergando la ilusión de volver a verlo.

 

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