Andrés Oppenheimer: 'La clave es la educación'

El columnista de 'The Miami Herald' piensa que Latinoamérica debe liberarse de su obsesión con el pasado. El argentino habla a propósito de su último libro, 'Basta de historias'.

¿Cuál es la obsesión de América Latina con el pasado?

Estamos desenterrando muertos. Chávez acaba de exhumar los restos de Bolívar, Correa acaba de trasladar los restos de Eloy Alfaro y en Centroamérica se están disputando los restos de Francisco Morazán. Se están discutiendo temas de siglos atrás que nos distraen de enfocarnos en el mañana.

¿Qué temas se deben poner sobre la mesa?

La educación debe convertirse en el centro de la agenda política y con ella deben venir la innovación, la ciencia y la tecnología.

¿Debemos dejar a un lado la historia?

No digo que nos olvidemos de ella, porque es importante, pero en América Latina se nos ha ido la mano. Nuestros billetes tienen en el reverso imágenes de los próceres, mientras que en Singapur tienen ilustraciones de universidades. Singapur está entre las economías más ricas del mundo, las nuestras no.

Frente a la educación, ¿cuál es la diferencia entre la mentalidad asiática y la latinoamericana?

No creo en las teorías biológicas del desarrollo que indican que una raza es más capaz que otra. Lo que sé es que mientras nosotros estamos guiados por la ideología y obsesionados por el pasado, los asiáticos están guiados por el pragmatismo y obsesionados por el futuro. Ellos miran lo que está pasando alrededor del mundo. Nosotros nos miramos al ombligo y nos comparamos con nosotros mismos.

¿Eso quiere decir que le falta humildad a América Latina?

En una entrevista que le hice a Bill Gates, concluía que la diferencia entre los países que avanzan y reducen la pobreza y los que no lo hacen es que los primeros tienen humildad. Y cuando fui a China e India lo comprobé, pues ellos, teniendo logros tan importantes frente a la educación, piensan que hay otros países como Singapur que lo están haciendo mejor. Los asiáticos tienen una paranoia constructiva que los motiva a trabajar cada vez más duro para perfeccionarse. América Latina sufre de triunfalismo y complacencia, nos vendría bien un poco de esa paranoia.

¿Latinoamérica se está creyendo el cuento de que está bien en educación cuando no lo está?

Una encuesta del BID (Banco Interamericano de Desarrollo) muestra que el 72% de los latinoamericanos están satisfechos con su educación pública, cuando en los informes internacionales estamos en los últimos lugares. Esto es un poco como alcohólicos anónimos: si vas a resolver tu problema, lo primero que te dicen es que tienes que reconocer que lo tienes. A nosotros nos falta reconocer que estamos mal.

¿Qué iniciativas ha tenido Latinoamérica para afrontar esta crisis en la educación?

Colombia en los últimos diez años ha venido evaluando a sus profesores para aumentar la calidad de los maestros, pero arrancan muy tarde y están todavía muy atrás. En Chile se están entregando 6.500 becas anuales a estudiantes para que estudien en el exterior. En Brasil, donde la educación es muy mala, hubo una movilización por parte de los empresarios, los dueños de los medios de comunicación, los futbolistas y los periodistas para ejercer una presión social frente al gobierno y hacer que invirtiera en planes de educación a 20 y 30 años. Esa presión es necesaria para poner en el centro de la agenda política la educación y para dejar de esperar a que los gobiernos solucionen este problema.

Los gobiernos latinoamericanos les han cerrado la puerta a las universidades extranjeras con el argumento de proteger las propias, ¿realmente es un problema que lleguen estas universidades a competir?

El problema es que el bajo nivel de las universidades latinoamericanas quedaría en evidencia. China, una dictadura comunista, tiene 171 universidades extranjeras; India tiene 61 universidades extranjeras, trabajando y entregando diplomas en sus países. La llegada de esta competencia obligaría a elevar el nivel de las universidades de cada país. Sufrimos de aislamiento educativo.

¿Se podría pensar en que los gobiernos no educan al pueblo para tener un control sobre la masa?

Sí, pero no creo que ese sea el caso de Colombia, tal vez el de Venezuela o de Argentina, pero no el de Colombia. Cuando me entrevisté con el presidente Juan Manuel Santos, me dio la impresión de estar queriendo invertir en calidad educativa, ojalá lo haga.

¿Cuál es el primer paso que debe darse para poner en la agenda política la educación?

Tener visión periférica y no ceguera periférica, mirar qué están haciendo los países con condiciones similares, adoptar lo que funciona y desechar lo que no funciona. Además, es necesario reconocer que el maestro tiene que ser la columna vertebral de la sociedad, que debe ser un profesional preparado y bien remunerado.

¿Está cerca el cambio en América Latina frente a la educación?

Soy optimista, los países se pueden dar vuelta con una rapidez impresionante. Si miras lo que era Corea del Sur hace 50 años, salías corriendo, pero hoy están dentro de las economías más ricas del mundo. Nosotros tenemos una oportunidad muy importante de generar el cambio que se necesita, de dar el paso y convencernos de que la clave es la educación.

¿Entonces la clave para incentivar la educación está en la movilización civil?

Todos debemos incluirnos, los medios de comunicación deben empezar a hablar de educación, los columnistas de opinión, los ciudadanos, los empresarios. Soy escéptico al pensar que los políticos por su cuenta solucionarán este problema, ellos piensan en periodos de cuatro años y por eso es que te mandan a hacer todo lo que salga en la foto, pero los verdaderos procesos que se llevan 20 y 30 años no salen en las fotos. Pero hay que incluir al gobierno, poner la educación en su agenda para que junto a ellos se forje el cambio.

Colombia se ha concentrado más en impulsar su crecimiento económico que la educación, ¿andamos por el camino equivocado?

Esa es una de nuestras grandes falacias de nuestro tiempo, los medios, los periodistas, los políticos, todos estamos obsesionados con el crecimiento económico. Pero el crecimiento económico sin el crecimiento de la calidad educativa no nos va a ayudar a eliminar la pobreza. Ahora nuestras economías crecen pero solo benefician a los que integramos la economía formal, a quienes trabajamos en una empresa, pero la señora que vende limones en la calle, que nunca estudio, ella no se beneficia del crecimiento.
 

 

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