Jesús Abad Colorado, guardián de la memoria

Al hombro no sólo carga su cámara, sino también las historias de quienes han sobrevivido a las atrocidades del conflicto armado colombiano.

¿Qué causa lo moviliza?

Las injusticias y la violación de derechos humanos por todos los actores armados y políticos.

¿Cuál es su compromiso con la memoria?

Es un trabajo continuo contra el olvido. Utilizo la fotografía como documento social y político para buscar cambios de actitud en un país insensible frente al dolor las víctimas.

Fue el único fotógrafo que retrató la masacre de San José de Apartadó. ¿Cómo recibe las últimas condenas a paramilitares?

Son muy bajas para un crimen de ocho personas donde había líderes campesinos y niños como Santiago, Natalia y Déiner, de dos, cinco y once años, que fueron degollados. Es una vergüenza que la Brigada XVII del Ejército Nacional haya participado y sólo exista una condena contra un capitán.

¿Por qué ha elegido recordar muchos de los nombres y las historias de las personas a las que retrata?

No llego a un lugar apretando el obturador como un loco. Me gusta conversar con la gente y verlos a sus ojos, para que vean los míos. Es respeto. Darles nombre es devolverles un poco la dignidad y no puedo ser inferior a su memoria y la de los ausentes.

Lleva veinte años retratando el conflicto armado. ¿Cómo describe lo que ha visto?

Es aterrador. Los hechos deberían producir vergüenza, no sólo entre los ‘actores de la guerra’, sino también entre los dirigentes que posibilitaron su recrudecimiento y entre una sociedad que no se ha conmovido frente al dolor de los otros.

¿Le ve salida a esta guerra que parece interminable?

Claro, lo que falta es voluntad política y un compromiso serio y de respeto a la vida. No puede ser que sigan asesinando a defensores de derechos humanos, a los campesinos y a los líderes que reclaman sus tierras.

¿Qué criterio utiliza a la hora de decidir si publicar o no una imagen?

Siempre trato de generar reflexión y no espectáculo. Es mejor una foto respetuosa y digna de las víctimas, que una que genere odio o sed de venganza.

¿Cuándo prefirió contar historias con imágenes en lugar de artículos?

Desde el segundo semestre de periodismo cuando estudiaba en la Universidad de Antioquia. 1987 fue un año terrible. Cerca de veinte de profesores y estudiantes fueron asesinados por las llamadas “fuerzas oscuras”. Decidí entonces, narrar con la imagen.

¿Le gusta que lo nombren fotógrafo de la guerra?

Es lo de menos. Siempre ando buscando la vida, aún en medio de la muerte. Mis ojos por fortuna se sorprenden hasta con el vuelo de una mariposa.

Si tuviera que viajar a cubrir algún hecho, ¿qué elementos no le faltarían en la maleta?

Mi equipo fotográfico, un buen radio para escuchar las noticias en las mañanas y el programa Hora 20 de Caracol Radio.

¿Qué lo motiva a llegar, a veces financiándose solo, a los lugares de la noticia?

La historia de un país y su testimonio en fotos no se hace desde una oficina o por teléfono. Los reporteros debemos caminar un poco más para buscar la otra verdad y estar cerca de la gente. Y lo hago además porque da tristeza que en la balanza noticiosa de este país sea prioridad el cubrimiento de un reinado o un partido de fútbol, y no la vida de sus campesinos.

¿Qué poblaciones colombianas siente que merecen ser visibilizadas por los medios?

En especial las de la Costa Pacífica sobre Cauca, Nariño, Chocó, y las de Arauca y Norte de Santander... Si continúo, terminó hablando de los barrios periféricos de nuestras ciudades.

¿El conflicto colombiano tiene el cubrimiento que merece?

Todos los días hay noticias con comandantes de todo tipo y registros que nos recuerdan que persiste la guerra y su destrucción, pero sin historias para entender quiénes han sido los perdedores. Y no hablo sólo de los civiles, pienso también en los jóvenes de todos los ejércitos combatientes que merecen vivir y no terminar en fosas comunes. En esta guerra sobreviven los fusiles.

Un momento de la historia de Colombia que hubiera querido retratar.

Las desmovilizaciones del M-19 y el Epl y espero documentar las del Eln y las Farc.

¿Cuál es la diferencia entre cubrir el conflicto armado en las zonas rurales y en la ciudad?

La forma de acceder a los lugares. Pero en ambas hay mucho peligro y temor por nuestra presencia. Nuestra profesión es riesgosa y no sólo necesita el respeto de todos los poderes, sino que requiere periodistas con muy buena formación profesional.

¿La muerte le ha tocado los talones?

Tal vez, pero yo le respondo recordando una canción de Nando Coba que interpreta Soraya Bayuelo, líder de los Montes de María en Sucre: “…la muerte me vino a buscar y yo le dije: ¡carajo, respeta! Yo tengo cien años no más, por donde mismo viniste regresa. Ay, conmigo que nadie se meta”.

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