Mauricio Sáenz: 'Uribe iba para caudillo'

El periodista les sigue el rastro a estos peculiares gobernantes y asegura que Hugo Chávez, Evo Morales y hasta Lula da Silva se comportan como ellos.

Si como usted dice en la portada de su libro ‘Caudillos’, en 200 años nada ha cambiado en América Latina, ¿qué motivos hay para festejar?

Depende. Si uno es venezolano, nicaragüense, ecuatoriano, boliviano o argentino está presenciando prácticas antidemocráticas que han persistido casi todos estos 200 años. Eso es suficiente para dañar la fiesta.

¿Y en Colombia?

Aquí hay más motivos para estar contentos. En Colombia no existieron esos caudillos tradicionales que se quedaban 30 y 40 años en el poder. Y nuestras instituciones son fuertes. Lo demostró la Corte Constitucional cuando negó la segunda reelección de Uribe.

¿Y eso qué significa?

Es que Uribe iba en camino de convertirse en un caudillo tradicional. Tenía las características: puso al país en orden y la gente lo recibió como un mesías. Y cuando llegó el momento hizo lo típico: modificó la Constitución, con prácticas poco presentables, para reelegirse “sólo hasta terminar la tarea”.

¿Y por qué dice que hizo lo típico?

Es que casi todos los caudillos del libro, de los siglos XIX y XX, tienen esas características. Además, son autoritarios y progresistas. Lo malo, y ese debería ser el mensaje, es que la historia muestra que terminan mal. Intoxicados con el poder, se convierten en personajes excesivamente severos, en el mejor de los casos, o en represores sanguinarios, en el peor.

¿Ejemplos?

Santa Anna, Rodríguez de Francia, Rosas, Porfirio Díaz, Juan Vicente Gómez, Trujillo, la lista es interminable. Hoy tenemos que Chávez, Ortega, Evo, Correa, el propio Uribe en su momento, los Kirchner, hasta Lula, como ha demostrado en la campaña, se comportan, unos más, otros menos, como ellos.

¿Cuál es el peor de todos los tiempos?

El dominicano Rafael Leonidas Trujillo.

¿Qué tan fácil es que un caudillo se convierta en tirano?

El barón de Acton dijo que si el poder tiende a corromper, el poder absoluto corrompe absolutamente. Cuando el caudillo histórico controla todos los hilos, ya nada lo detiene.

Pero, ¿a qué se debe que los caudillos tradicionales fueran tan populares?

Unos, porque eran seductores de masas, como Perón. Otros, porque eran los salvadores de la patria, así no tuvieran ninguna gracia. Además, mostraban empuje, hacían obras y la economía les funcionaba. El México de Porfirio era una locomotora económica. Pero a costa de los más pobres.

¿De dónde surgieron los caudillos?

Son herederos del encomendero colonial y de los hacendados prerrepublicanos. De ahí salieron a consolidar los países nacientes. Santa Anna y Rosas son ejemplos claros. La hacienda era su mundo: los aparceros eran su gente y su ejército. Y luego, al imponerse, convirtieron a los países en sus haciendas.

¿Qué diferencia a los caudillos autoritarios de los totalitarios?

En que los primeros aparentan gobernar democráticamente y no pretenden cambiar la sociedad. Los segundos son revolucionarios verdaderos, quieren crear al hombre nuevo. Por eso Fidel Castro es de otra estirpe, la de Stalin, Mao, Ho Chi Minh, joyitas de esas.

Su libro tiene anécdotas que muestran a unos personajes excéntricos, ¿por qué se vuelven así?

Creo que en todas partes los gobernantes pierden un poco la chaveta, porque ejercer el poder ya es algo delirante. Pero los cuentos son sorprendentes. Todos tienen su gallinita doña Rumbo.

Dos anécdotas.

Santa Anna perdió una pierna en una escaramuza y la hizo enterrar con honores de Jefe de Estado. Juan Vicente Gómez alteró sus documentos para que su nacimiento coincidiera con el de Bolívar. Y murió un 17 de diciembre, igual que éste, o al menos eso hicieron creer sus lacayos.

¿Y usted cree que sea justo comparar a esos locos con los actuales?

No los comparo, el lector lo hace. Pero no hay que olvidar que algunos de los caudillos históricos al comienzo eran unas almas de Dios, pero con el paso de los años terminaron mal. Los aspirantes de hoy van en las primeras etapas. Ojalá alguien les haga el favor de detenerlos, como hizo la Corte en Colombia, antes de que sea muy tarde.

¿Y Juan Manuel Santos tiene el gen de los caudillos del que habla en el libro?

Francamente no lo parece y eso es una buena noticia para la democracia colombiana.