'Hugo Chávez necesita terapia'

El periodista y editor venezolano Sergio Dahbar habló con El Espectador de su obra y su relación con Colombia. Asegura que es un placer vivir entre la frontera de la ficción y la realidad.

¿Qué es ser cronista?

Es un cruce de caminos entre la mejor investigación y una escritura que debe imitar a los mejores contadores de historias del planeta.

¿Cómo es vivir en la frontera entre la no ficción y la ficción?

Es una esquizofrenia sana, una zona de placer.

¿Y en la frontera entre Colombia y Venezuela?

Peligrosa. Allí lo que toca es ser el mejor cronista del mundo.

¿En qué consiste su proyecto ‘El Librero’?

Después de trabajar 20 años en un medio grande, es un placer personal. Si los libros te hacen feliz, trabaja con ellos, difúndelos, promuévelos…

¿Por qué apostarle a la literatura impresa en la era de internet?

Porque son complementarias. Nunca se han vendido tantos libros como desde la aparición de internet.

¿Cuándo se convirtió en un librero?

En mi casa, cuando comencé a enriquecer la biblioteca que heredé de mi madre…

¿Ha leído libros electrónicos?

Sí y ha sido una experiencia interesantísima. Toda tecnología nos introduce en mundos insospechados.

¿Con qué personaje literario se puede comparar a Hugo Chávez?

Al principio, con la figura de Diógenes Escalante, de El Pasajero de Truman, de Francisco Suniaga: un outsider que llegó a la política en medio de una crisis nacional. Hoy por hoy, al doctor Francia de Paraguay: el déspota que arrasa con los que no piensan como él.

¿Haría una novela sobre él?

No la merece.

¿De qué le sirvieron 20 años en el diario ‘El Nacional’?

Entendí que buenos contenidos sin inteligencia comercial no van a ninguna parte.

Un error del que aprendió.

Aceptar que se publique una noticia que provenía de internet sin haberla cotejado.

¿Qué diario colombiano lee y por qué?

El Tiempo y El Espectador, no tanto por las noticias, como por las columnas, los contextos, las aproximaciones desde otras perspectivas, las investigaciones especiales…

Un periodista colombiano que siempre lee.

Alberto Salcedo Ramos.

¿Cómo describe la crisis de la libertad de prensa en Venezuela?

Una fuerza totalitaria desea acabar con la disidencia. Para lograrlo, la criminaliza y la coloca fuera de la ley.

¿Qué significa dirigir o trabajar en un diario con Chávez como presidente?

Es una gran escuela de periodismo. Nunca hay tiempo para aburrirse. Pero tiene un lado malo: uno siempre se siente blanco de la intolerancia.

¿Cómo se conectó con Colombia?

Vine por primera vez en 1990, invitado por la Feria del Libro, cuando trabajaba en Monte Ávila Editores. Y aunque la ciudad era otra, me enamoré de la gente, de lo que descubrí como país, e hice amigos que aún conservo como un tesoro.

La obra de un escritor colombiano que lo cautive.

Héctor Abad Faciolince.

Recomiéndenos un autor venezolano.

Miguel Gómez es uno de los cuentistas más sorprendentes que he leído.

¿Por qué escribió ‘Gente que necesita terapia’?

Para acercarme al lado oscuro de la gente común.

¿Cuál es su terapia favorita?

El psicoanálisis.

¿Hugo Chávez necesita terapia?

Mucha. Su problema es que no se cuestiona nunca, no se detiene a pensar un segundo. Como buen militar, supone que dudar es una forma de debilidad.

¿En qué consiste su libro ‘El abecedario del mal’?

En un diccionario con entradas que cuentan historias de gente muy perturbada.

Una noticia inolvidable.

Me tientan dos: la caída y el regreso de Hugo Chávez en abril de 2002. Y el descubrimiento de unos psicóticos en el Hospital Militar de Caracas que sólo se tranquilizan cuando oyen Aló, Presidente.

¿Qué está escribiendo ahora?

Hace años que intento infructuosamente avanzar en dos textos: uno con historias mínimas de la época chavista y otro sobre la memoria de mi madre.

Tomás Eloy Martínez escribió de usted: “Sergio Dahbar tiene el don de convertir en ficciones todas las realidades que toca con su lenguaje preciso y elegante. Sus crónicas retratan personajes y cuentan historias que no se encuentran en las novelas”. ¿Qué opina?

Que era muy generoso.

¿Qué futuro le espera al libro impreso?

Muchas cosas van a cambiar, pero la experiencia de tener un libro en las manos, tocar el papel, disfrutar la tipografía, es insustituible.

¿Y a los libreros?

Depende de su capacidad para reinventarse, del apoyo de las editoriales y de la comprensión de los lectores: las librerías son la última frontera que existe entre una cultura que enriquece el alma y las invasiones bárbaras.
Usted es amante del cine,

 ¿Cuál fue la última película que lo hizo llorar?

Good Bye, Lenin.

¿Qué opina del cine que se está haciendo en Colombia?

No podría hablar de su totalidad, pero los documentales de Luis Ospina me parecen extraordinarios y Perro como perro, de Carlos Moreno, es una ópera prima excepcional.

Cuéntenos la historia de un libro suyo.

Gente que necesita terapia reúne crónicas que mucha confunde con autoayuda. Hace poco me llamó una señora: aseguraba que habían metido implantes en su cuerpo, oía voces y repetía que la iban a matar. Sentí que uno de los lados más oscuros del libro había venido a buscarme.

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