El jefe de la sinfónica

Baldur Brönnimann dice que no hay concierto malo.

Lo más complicado de dirigir una orquesta.

Mantener la calma si todo el mundo está estresado.

¿Qué tiene la Sinfónica de Colombia que no tengan otras orquestas?

Comunican muy fuerte, tocan con mucho corazón.

¿Qué le falta?

Dinero.

De las orquestas que ha dirigido en los cinco continentes, ¿en cuál se ha sentido más cómodo?

En las que los músicos son muy flexibles y abiertos.

¿Cuál ha sido su aporte a la Sinfónica?

Estructura de planeación, de dirección artística, que les hacía mucha falta.

Hay una expresión muy popular que reza “Con su música a otra parte”. ¿Se la han dicho?

Sí, claro. Después de mis mejores conciertos me lo han dicho, y eso me emociona, porque sé que por lo menos los han escuchado.

¿Los conciertos son buenos o es de los que creen lo contrario?

No hay conciertos malos, porque todos tienen su propósito. A veces hay mejor calidad o menor calidad, pero es música en vivo y eso nunca está mal.

¿Cuándo es popular  la música ?

Cuando la conoce mucha gente. No es necesario que les guste a todos, ni está relacionado con que sea buena o mala.

¿Un director de orquesta es como un director técnico?

El equipo también puede jugar sin entrenador, pero yo soy quien les doy la estrategia y la idea de equipo que hace falta para ganar el partido.

¿Para qué está el director de la orquesta?

Lo que yo hago enfrente, es escucharlos a todos, les digo cosas que cada uno por su cuenta no notaría y hago lo que ellos no pueden hacer. Tengo la perspectiva global; ellos, la individual.

El mejor compositor clásico.

Es difícil escoger uno, pero tendría que decir Mozart.

¿Y el contemporáneo?

Gyorgy Ligeti.

El primer instrumento que aprendió a tocar.

Clarinete, es el que más me gusta tocar.

El que más le costó aprender.

Piano.

¿Y el que le falta por aprender?

Violín.

La canción que más tiene pegada ahora.

Play Dead, de Bjork.

¿Para qué sirve la música?

Para que la gente recuerde que las cosas importantes no son las materiales, sino las espirituales.

La canción colombiana que más le gusta.

Arroyito, de Fonseca.


¿Con o sin batuta?

Es como con un condón, es más seguro con, pero es mejor sin (risas). La batuta es una extensión de tu brazo y facilita que los músicos vean los movimientos que haces.

Lo más difícil de ser músico.

Ganar dinero.

¿Y Lo mejor de dedicarse a la música?

Tener una profesión con sentido, una razón para levantarse en las mañanas.

El lugar más hermoso que ha conocido gracias a la música.

Cartagena.

La canción que más oía de niño.

El cascanueces, es la primera de la que me acuerdo.

Un ritmo que no soporte.

Creo que no existe alguno en especial, lo que no soporto no lo escucho y si no lo escucho no lo conozco.

¿Lo mejor de dedicarse a la música?

Tener una profesión con sentido, una razón para levantarse en las mañanas.

El mejor reconocimiento que ha recibido.

Los niños que han empezado a tocar un instrumento porque han venido a un concierto mío.

¿Y el que le gustaría tener?

Más niños que toquen un instrumento porque han asistido a un instrumento mío.

Una maña.

Tomar café en la cama por la mañana.

Lo que más extraña de Suiza.

El chocolate, es una especialidad y es el mejor del mundo. Además extraño las montañas, recuerdo de niño la primera vez que fui a esquiar, eso lo extraño.

Lo mejor de Colombia.

La gente.

Y usted cómo se quita el estrés.

Hago deporte, cocino. Si estoy muy estresado llamo a mi padre, pero tengo que estar muy estresado para hacerlo (risas).

Además de la música ¿para qué más es hábil?

Para cocinar, mi especialidad es la cocina española porque viví en España mucho tiempo.

 

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