Dos ingenieros bogotanos diseñan y fabrican carros eléctricos

Sergio y Fernando Camacho esperan que los bogotanos que se le midan a cambiar su vehículo por uno que no produzca emisiones de CO2.

Sergio Camacho parece un niño chiquito cada vez que se monta al carro eléctrico que él y su hijo diseñaron y fabricaron después de años de pruebas e investigaciones, con la intención de brindarles a los bogotanos una alternativa práctica y ecológica para movilizarse. No para de sonreír, de vibrar cuando acelera y frena.

Los fines de semana padre e hijo organizan paseos a La Calera o a alguna finca a las afueras de la capital. Quieren estar seguros de que todo en este vehículo funciona a la perfección. Aunque según su cronograma todavía tienen seis meses para terminar los ensayos antes de entrar en la fase de comercialización, intentan ahorrar tiempo, pues saben que tienen en sus manos una idea con un gran potencial que ya ha demostrado ser exitosa en países de Europa y Asia, en donde los carros eléctricos han tenido muy buena acogida.

Hace cinco años a Sergio Camacho se le ocurrió diseñar y fabricar este tipo de vehículos, que son bastante ágiles, no contaminan ni ocupan mucho espacio. Lo primero que hizo con su hijo Fernando fue importar un par de ejemplares hechos en China para estudiar cómo funcionan, cuánto dura la batería, evaluar su comodidad y qué tan apropiados son para transitar en las vías de Bogotá.

Luego comenzaron las pruebas, las modificaciones en el diseño y la dispendiosa pero apasionante tarea de darle vida a un carro eléctrico cien por ciento colombiano. Ya están listos los primeros modelos. Cada vehículo pesa 240 kilos, funciona con baterías de ciclo profundo y tiene un pequeño motor en cada una de las ruedas traseras. Se debe cargar toda la noche para poder transitar 40 kilómetros, algo así como 500 cuadras. Parece una distancia corta, sin embargo, hay que tener en cuenta que cuando el carro está detenido, por ejemplo en un trancón, no consume batería.

Hay amarillos, morados, rojos, blancos y negros. Son bastante cómodos, aunque no deja de ser extraña la sensación de manejar un carro que no tiene barra de cambios sino un botón para desplazarse hacia adelante y otro para ir hacia atrás. Lo más fácil es estacionarlo, pues en donde se parquea un automóvil tradicional caben cuatro carros eléctricos. Prácticamente se puede dejar en cualquier lado y no hay que pelear contra columnas ni paredes.

Hasta ahora los inconvenientes que han tenido Fernando y Sergio Camacho están relacionados con la regulación. En Colombia aún no se han establecido parámetros para matricular este tipo de vehículos ni especificaciones que aclaren que no necesitan certificado de gases. “Hay vacíos que tienen que corregirse para poder impulsar este negocio en el país”, advierte Fernando Camacho y cuenta que los dos modelos que tienen en circulación tuvieron que matricularlos como motocarros, con la ventaja de que en ellos no aplicaría la restricción del Pico y Placa.

La inversión inicial de este proyecto, que dio origen a la empresa Ecocity, salió de los bolsillos de estos dos ingenieros bogotanos. Sin embargo, para la fase de comercialización y la fabricación de nuevos modelos necesitarán recurrir a empresarios convencidos del potencial de este negocio. Precisamente, es en esa labor de búsqueda en la que están dedicados desde hace unos meses. Sin descuidar, por supuesto, las pruebas eléctricas finales que deben pasar los carros antes de que puedan venderse.

Sergio y Fernando confían en que hoy sea el último Día sin Carro para los bogotanos que se le midan a cambiar su vehículo por uno eléctrico que no produce emisiones de CO2 y por tanto no contamina el ambiente. Saben que es una meta ambiciosa, pero también están convencidos de que ya llegó la hora de dar a conocer el trabajo que han hecho juntos en los últimos cinco años.

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