De ovejas clonadas a monos quiméricos

La presentación de dos macacos creados a partir de seis progenitores reabre el debate sobre los alcances de la genética.

Se llaman Roku y Hex. Lucen encantadores y tiernos como cualquier mono rhesus con pocos días de nacido. En la historia de la ciencia sus nombres quedarán grabados al lado de otros pioneros, como la perra Laika, el primer ser vivo en orbitar la Tierra, y junto a Dolly, la primera oveja clonada. Pero la gracia de estos dos rubios y ojigrandes macacos es otra, es literal y metafóricamente una quimera: son hijos de seis progenitores distintos.

Los detalles genéticos sobre cómo fueron concebidos los monos quiméricos reposan en un artículo publicado en la revista Cell por Shoukhrat Mitalipov, científico de origen ruso que trabaja para la Universidad de Ciencia y Salud de Oregon (Estados Unidos), y sus colegas.

Ya en los años sesenta, la alemana Beatrice Mintz había logrado mezclar embriones de ratones obteniendo como resultado ejemplares que expresaban características genéticas de los distintos progenitores. Por ejemplo, si reunía embriones de ratones de piel blanca y otros de piel café, podía obtener ratones moteados.

El mérito del trabajo de Mitalipov y su grupo es reproducir la técnica en macacos. En 2007, cuando se descifró el genoma de esta especie, se comprobó por qué los hemos considerado nuestros primos en la evolución: compartimos el 93% del ADN. De ahí, que la noticia sobre el nacimiento de Roku y Hex, hasta ahora en perfectas condiciones de salud, ya comienza a alentar preguntas sobre las implicaciones que este desarrollo tendría para los humanos.

Como las quimeras descritas en la mitología griega, animales que tenían cabeza de león, vientre de cabra y cola de dragón, Roku y Hex llevan en sus cuerpos un mosaico de células provenientes de cada progenitor. Según explicaron los mismos científicos, la clave del éxito fue reunir estos embriones cuando cada uno de ellos apenas estaba conformado por cuatro células.

“Las células no se han fusionado, pero permanecen juntas y trabajan para crear órganos”, explica el principal autor del trabajo, Shoukhrat Mitalipov. “Las posibilidades para la ciencia son enormes”.

¿Cuáles? Es difícil anticiparlas por ahora. Emilio Yunis, genetista colombiano, cree que una gran puerta de investigación que ahora se abre está relacionada con la tolerancia inmunológica, en otras palabras, entender cómo logra el sistema inmunológico de un organismo reconocer líneas celulares que provienen de una mezcla tan variada de genomas. La ciencia de los transplantes podría ser un área de la medicina que en el futuro se vería beneficiada por este trabajo.

Para Clara Inés Vargas Castellanos, médico genetista y profesora de la Universidad Industrial de Santander, es prematuro sacar conclusiones, pero advierte que podría servir para construir órganos de excelentes calidades en medios vivos.

Lo que si está claro para Vargas es que, con el éxito de este experimento, “se consolidan líneas de trabajo en manipulación celular para construir seres vivos”. Cree que se avanza en la respuesta a enigmas de la ciencia médica: ¿cómo se agrupa o rechazan células?, ¿cómo se diferencian estas células?, ¿cómo se relacionan a través de nuevas señales químicas?

Una aplicación sugerida por los mismos autores es que en el futuro, todavía lejano, se lograrían curas para enfermedades genéticas. Incluso, se podría ofrecer una opción a las personas con problemas de fertilidad, pues se lograría colocar sus genes en los descendientes que siempre han querido tener.

“Necesitamos replantearnos lo que sabemos”, afirmó Mitalipov, refiriéndose a las células madre que dan origen a los organismos vivos. Para él, éste es un capítulo de la ciencia al que le faltan muchas páginas.

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2012-01-06T21:00:00-05:00

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Pablo Correa

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