El agujero que le hicimos al cielo

La recuperación de la capa de ozono se alcanzará entre los años 2050 y 2075 gracias a un esfuerzo mundial.

Hacia agosto de 1986 el mundo se sorprendió cuando la revista científica británica Nature publicó el hallazgo de los satélites de la Nasa, en que mencionaba el “adelgazamiento” de la capa de ozono que protege a los seres vivos de la dañina radiación ultravioleta.

Se trataba de una grave amenaza para la salud humana, los ecosistemas y otros organismos vivos. En las poblaciones humanas puede causar graves daños a los ojos, cáncer de piel y la supresión del sistema inmune.

Esta información en realidad confirmaba otros estudios iniciados por un grupo de científicos británicos, liderados por Joe Farman, que ya habían anunciado este hecho, sin ser muy escuchados por la prensa. Un gigantesco agujero de la capa de ozono aparecía en la primavera de la zona sur del planeta (entre los meses de septiembre a noviembre), cubriendo toda la Antártida.

También lo habían sugerido los científicos Sherwood Rowland y Mario Molina que desde 1974 habían predicho la posible destrucción de la capa de ozono debido a la liberación en la atmósfera de unas sustancias químicas originadas en actividades humanas, denominadas clorofluorocarbonados o CFC. Por este trabajo, estos dos científicos recibirían el Premio Nobel de Química en 1995.

Con la comprobación científica de la destrucción de la capa de ozono, se planteó la urgencia de controlar las Sustancias Agotadoras de Ozono y buscar su eliminación total. Con este propósito, se reunieron en 1985 en la ciudad de Viena 20 países que firmaron el inicio del que podría ser el convenio ambiental más exitoso de todos los tiempos. El Convenio de Viena abrió la puerta a los acuerdos del Protocolo de Montreal, el cual tiene como objetivo eliminar estas sustancias. Para esa época el mundo fabricaba cerca de un millón de toneladas anuales de CFC.

A partir de 2005 se ha logrado la eliminación de la producción y consumo de más del 95% de todos los productos químicos controlados por el Protocolo. El monitoreo mundial ha permitido verificar que los niveles de concentración en la atmósfera de las sustancias agotadoras de ozono están disminuyendo, lo cual permite prever que la recuperación de la capa de ozono se alcanzará entre los años 2050 y 2075.

Se ha evitado la aparición de cánceres nuevos de piel y de cataratas oculares. En EE.UU. se estima que antes del año 2165 se habrán evitado cerca de 6,3 millones de muertes por cáncer cutáneo. El Protocolo de Montreal ha proporcionado beneficios para la estabilidad climática, debido a que los CFC son potentes gases efecto invernadero.

Este año Colombia suspendió todas las importaciones de CFC y halones. Se calcula que hay en el país entre dos y tres millones de refrigeradores domésticos que aún usan CFC, la mayoría de ellos  en manos de personas de escasos recursos. Si los propietarios de estos refrigeradores no pueden cambiar su nevera por una nueva que no contenga CFCs, deberán por lo menos cambiar el gas refrigerante por hidrocarburos, para lo cual deberán asesorarse de talleres y técnicos certificados por el SENA.

Tarea de todos

En esta época en la cual ya existe una certeza científica acerca de la crisis ambiental, caracterizada por problemas como el cambio climático y la destrucción de la capa de ozono, es esencial el papel de los ciudadanos para mitigar los efectos y propiciar cambios culturales que ayuden a superar las consecuencias.

Por esto la investigación científica no es lo único importante, sino también la actitud crítica e informada de los ciudadanos al momento de decidir si aceptan y adquieren ciertas tecnologías.

 

 * Coordinador Nacional. Unidad Técnica Ozono. Minambiente

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