Científicos se ponen las botas

Un nuevo convenio, esta vez con Corea del Sur, demuestra el interés de los militares por la ciencia.

Si hubo o no zapato para diabéticos con chip incorporado que facilitó la localización con GPS del campamento del Mono Jojoy es lo de menos. Los golpes de los últimos años del Ejército a la guerrilla han hecho evidente la apuesta de los militares por la ciencia y la tecnología para sacar ventaja en el campo de batalla.

Al igual que el ejército de Estados Unidos o los países europeos, acostumbrados a desarrollar tecnología de punta en sus propios centros de investigación, los militares criollos cada día están más interesados en las respuestas que la ciencia les puede ofrecer para resolver los menesteres de la guerra y mejorar su eficiencia bélica.

En los últimos meses, gracias a los Acuerdos de Compensación Industrial, también llamados Offsets, en los que el país comprador le puede exigir a la empresa proveedora una compensación en aportes industriales, económicos, comerciales o sociales, se han firmado 30 convenios por más de US$1.340 millones, muchos de ellos relacionados con transferencia de tecnología y conocimientos científicos.

El último de ellos lo selló este lunes el ministro de Defensa, Rodrigo Rivera Salazar, en su viaje a Corea del Sur. Junto con su homólogo coreano, Tae Young Kim, se comprometieron las dos naciones a intercambiar datos científicos así como ingenieros e investigadores.

La Universidad de los Andes y la Universidad Militar son dos de las instituciones educativas que junto a Indumil, la Fuerza Aérea Colombiana, la Corporación de Ciencia y Tecnología para el Desarrollo de la Industria Naval, Marítima y Fluvial (Cotecmar) y la Corporación de la Industria Aeronáutica de Colombia ya trabajan de la mano en unas doce líneas de investigación claves para la seguridad nacional.

Entre los proyectos que investigadores vinculados a la academia y sus pares de la industria militar vienen desarrollando figuran sistemas portátiles para el suministro de energía eléctrica utilizando baterías criollas, materiales para blindar corbetas y otras estructuras navales, aeronaves no tripuladas para cumplir tareas de observación, vehículos para desactivar cargas explosivas y modelos para hacer más precisas y eficaces las bombas utilizadas en combate. Incluso existe un grupo de trabajo dedicado al desarrollo de un prototipo de cohete aire tierra para ser lanzado desde los aviones y helicópteros.

El físico británico Neil Johnson y el matemático colombiano Guillermo Owen, ambos expertos en teoría del caos y modelos matemáticos para entender los conflictos armados, han visitado el país y se han sentado a hablar con los altos mandos militares sobre el tema.

Los buenos resultados en el campo de batalla son la mejor prueba de la fructífera relación de los militares con la ciencia y la tecnología.