Comienza a renacer la Ciénaga Mallorquín

Barranquilla encontró una solución para tratar las aguas residuales del 70% de los habitantes.

Hugues Lacouture, director del Departamento Administrativo de Ambiente de Barranquilla, dice que si reuniera todos los estudios que se hicieron sobre la moribunda Ciénaga de Mallorquín, que bordea el norte de la ciudad, podría llenar un habitación entera.

Cansados de muchos diagnósticos y pocas soluciones para el tratamiento de los cerca de 800 litros por segundo de aguas servidas que salen del suroccidente de la ciudad directo al cuerpo de agua, que en alguna época rebosaba vida y biodiversidad, Lacouture y su equipo tocaron la puerta de la Universidad del Norte y la Asociación Colombiana de Ingeniería Sanitaria y Ambiental.

Luego de ponderar diversas opciones, los ingenieros sugirieron construir una serie de piscinas donde el trabajo sucio de limpiar el agua se dejaría a las bacterias para luego inyectar oxígeno. El destino final sería el Arroyo León, que conduce a la Ciénaga.

“Este sistema, el único que existe en el país, diseñado por ingenieros colombianos, nos permite quitar las impurezas del agua en el 96%”, dice orgulloso Lacouture. El proyecto de la planta de tratamiento, que tuvo un costo cercano a los $18.000 millones y empezó a operar hace dos meses, implicó para la entidad ambiental tomar una difícil decisión: destinar entre el 50 y el 60% de su presupuesto a este sólo proyecto.

Según Lacouture, ahora que entró en funcionamiento la planta de tratamiento, en cuatro meses aproximadamente se podrán observar los primeros síntomas de recuperación de la Ciénaga que adorna la ciudad.

Otra de las promesas que han hecho las autoridades ambientales a los barranquilleros es habilitar la última de las cuatro piscinas donde se purifica el agua, la más limpia de todas, para habilitarla como un lugar de pesca.

La ciudad aún tiene un reto por delante. Encontrar una solución para el resto de los 3.200 litros de aguas residuales por segundo que producen sus habitantes.