¿Es capaz de hablar de sexo con sus hijos?

Sexólogos y psicólogos coinciden en que la información combinada con el respeto evita comportamientos riesgosos.

Cuando se habla de adolescentes y sexo una tesis parece estar clara: ahora los jóvenes se inician antes, pero de manera irresponsable. Entonces, como parte de la solución al problema suele repetirse la frase: “Hay que hablar de sexo con los hijos”. Sin embargo, cada vez es más difícil para los padres abordar el tema.

De un lado está el adolescente hermético, con el pudor a flor de piel y con una tendencia a escabullirse ante situaciones incómodas. Del otro, unos padres a menudo incapaces de ver a sus hijos como personas con pulsiones sexuales y que prefieren dejar el tema en manos de los profesores o de la internet, lo que a muchos jóvenes, como a Diego, de 14 años, les parece estupendo: “He tenido la suerte de que mis papás nunca me han hablado de sexo”. Pero para los sexólogos esto resulta equivocado, pues los padres deben superar sus temores.

Hablar no significa autorizar, como se repite varias veces en el libro ¿Hablas de sexo con tu hijo?, de la pedagoga argentina Nora Rodríguez, quien advierte que “la información combinada con el respeto y la tolerancia permite que los adolescentes no se enfrenten a prácticas de riesgo”.

Según Rodríguez, diversos estudios han comprobado que cuando los padres son excesivamente rígidos o temen hablar del tema, empujan a los hijos a averiguar por sus propios medios lo que desconocen. Igualmente, los padres muy liberales, que impiden un desarrollo tranquilo de la sexualidad de sus hijos, los impulsan a probar experiencias sexuales sin que estén preparados.

“Los padres son la mejor voz para transmitir educación sexual”, insiste Rodríguez, y asegura que hay que empezar desde que los hijos son pequeños. Llamando a los órganos reproductivos por su nombre, ayudándoles a que entiendan su cuerpo y sepan que hay órganos que, cuando sean más grandes, les producirán placer y que esto tiene que ver con la procreación.

El sexólogo Iván Rotella dicta cursos para explicarles a los padres cómo enfrentarse a este tema. “La mayoría están desbordados. Lo primero que me dicen es que les da vergüenza. Pero al tratar a los adolescentes me doy cuenta de que cuándo les han hablado de sexo en casa abordan el tema con más tranquilidad”.

Rotella también cree que la educación sexual debe empezar desde que el niño habla y entiende. “Cuando abrazas o mimas a tu hijo ya le estás dando autoestima y eso es placer sexual. Más adelante, cuando empiece a preguntar de dónde vienen los niños, hay que responder de forma sincera para que te conviertas en su fuente de información. Pero si le hablas cuando ya ha cumplido 14 años, es demasiado tarde”.


Por su parte, la sexóloga Pilar Cristóbal sostiene que una época perfecta para la educación sexual es de los 7 a los 11 años. “A esa edad pueden visualizar las cosas sin emociones y los padres todavía son una autoridad moral”.

Ha quedado claro. Hay que hablar de sexo desde el principio y poco a poco, nada de brusquedades, no vaya a ser que a alguien le suceda lo que a Marta, de 35 años. Cuando tenía 10 años, en el mercado oyó a una mujer gritar ¡cojones! Al llegar a su casa, durante la comida, preguntó por el significado de aquella palabra. Y su padre, ni corto ni perezoso, se levantó y se bajó los pantalones.

Consejos efectivos

¿Qué ocurre si su hijo ya ha entrado en la adolescencia y usted no se ha atrevido a hablarle de sexo? “Hay que mantener la comunicación usando lo que yo llamo el monólogo”, advierte Rotella. “Aunque estén con los cascos del MP3 puestos y en otro planeta, te están escuchando”.

Pedro Villegas, médico y sexólogo que atiende el Teléfono de Información Sexual para Jóvenes de Andalucía (España), piensa que “los padres deben dejar de ocultar su propia sexualidad, pues así tampoco la mostrará su hijo”.

Carmelo González, psicólogo y sexólogo, da otro consejo que puede ayudar a hacer más fluida la comunicación con los hijos: “Los padres pueden empezar contando vivencias de su pasado. Eso puede aportar naturalidad y acortar el abismo generacional”.

Las madrileñas Luz de León y su hija Julia son un buen ejemplo de comunicación en ambos sentidos. Luz tiene 34 años y su hija, 14. “Julia me cuenta esas cosas que yo no le contaba ni muerta a mi madre, y lo hace porque la escucho y parto de la base de que así lo sepa yo o no, si quiere hacer algo lo va a hacer”.

La sexóloga Pilar Cristóbal concluye que es necesario poner un límite al hablar de sexo. “No soy partidaria de que los padres den información basada en experiencias personales ni que intenten convertirse en amigos de sus hijos, porque lo que une a los amigos es la complicidad y un padre y un hijo no deben ser cómplices. Por eso creo que para estas cosas la figura ideal es la del tío. Tiene la autoridad del padre, pero no las prerrogativas”.

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