Las chapolas negras y otras supersticiones

Nunca olvidaré que días antes de que me diagnosticaran un melanoma maligno vi una mariposa negra sobre una de las paredes de mi cuarto, que permaneció allí por horas como una señal ominosa. Una mañana, años después, la escena se repitió y creí que algo terrible me podría ocurrir.

La amenaza que en ese momento representó para mí el enorme insecto y la sensación irracional de que de alguna manera la enfermedad regresaba con él, aún me desconcierta. No conozco una explicación para estos fenómenos, pero puede conjeturarse la existencia de un mecanismo atávico, una forma arcaica de razonar de extraordinario valor para la supervivencia que, probablemente, permitió al hombre primitivo establecer correlaciones entre causas y efectos.

El motor de este mecanismo podría ser la actividad inconsciente del cerebro que está a la caza de vínculos causales entre los fenómenos que observa. La mariposa se fija en la memoria como un “marcador”.

Días después ocurre un suceso traumático, un accidente o enfermedad y nuestro cerebro recuerda el marcador y de inmediato establece una conexión entre ambos sucesos, de tal suerte que se convierte en un signo de fatalidad.

Este mecanismo de asociación imperfecta podría explicar la existencia y universalidad de multitud de supersticiones. La ilusión de que los rezos, conjuros y maldiciones puedan influir en nuestras vidas. La creencia en que después de ver una estrella fugaz o encender una vela en un altar se cumplan nuestros deseos; en que santiguarse o “tocar madera” al oír algo siniestro sirva de protección, o que una herradura colgada en la puerta aleje al demonio.

Podría pensarse que estas supersticiones son cosa del pasado, pero en la era científica el diablo ha sido reemplazado por energías negativas y las herraduras por cuarzos capaces de absorberlas; los chamanes, por bioenergéticos que prometen curas holísticas; la pitonisa del rey, por el astrólogo de la presidencia, el prodigioso Mauricio Puerta que leyó en las estrellas la muerte de Pablo Escobar.

 Otras supersticiones milenarias igualmente ridículas se han reencarnado en la cultura, como el feng shui, que recomienda cómo ubicar los muebles de una habitación para orientar las energías.

El agresivo mercadeo de la nueva era ha colmado las librerías de libros parasitarios: floriterapia, tarot, chacras, chamanismo… Muy pronto, seguramente, podremos adquirir el I Ching para Dummies, perdonen la redundancia.

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