Las cicatrices del maltrato

Los niños víctimas de castigos severos o violación tienen mayor predisposición a sufrir daños en su sistema nervioso.

Durante el II Congreso Panamericano de Prevención y Atención del Maltrato Infantil, llevada a cabo en Bogotá, se evidenció una problemática que afecta a cientos de niños en el mundo y que para muchos padres de familia y médicos suele pasar desapercibida. Se trata de los daños, algunas veces irreparables, que sufre el cerebro de los menores que son maltratados, golpeados o abusados sexualmente.

Alberto Fernández, director médico del Instituto de Neurociencias Aplicadas del Perú, explica que, aunque algunos niños son más susceptibles que otros a situaciones que les generan estrés, cuando son maltratados su sistema nervioso puede afectarse de tres maneras. La primera consiste en que hay una disminución en el volumen del hipocampo (responsable de los procesos de memoria y aprendizaje y de regular las hormonas del miedo), que hace que el menor sea más proclive a sufrir de depresión, trastornos de personalidad, drogodependencia y a presentar dificultades para relacionarse afectivamente con los demás.

El segundo daño que puede aparecer en estos niños es una afectación de la corteza prefrontal medial (está relacionada con la habilidad para controlar impulsos), lo cual genera alteraciones en el lenguaje y un gran riesgo de que este niño presente conductas psicopáticas durante la edad adulta. Y como si fuera poco, también se ve afectada una estructura denominada amígdala, que permite reaccionar al cerebro frente a situaciones amenazantes. Es decir, que de verse afectada, el menor se sentiría amenazado todo el tiempo y cualquier situación que se presente se convertiría en una tragedia para él.

Según el doctor Fernández, estos daños se manifiestan en los pequeños con síntomas como gastritis, diarrea, asma, dolor de cabeza y falta de control de esfínteres. Jorge Tamayo, médico cirujano, psiquiatra y especialista en Farmacología de la Universidad de Antioquia, advierte que los daños que se produzcan en el sistema nervioso de un menor que es maltratado o abusado sexualmente dependen de su predisposición genética y de la manera como se relacionen con el ambiente en el que viven. Por esta razón, hay niños que a pesar de ser golpeados severamente durante un período largo de tiempo no presentan ninguna alteración. Mientras que puede haber otros que con tan sólo unas pocas horas de exposición al sufrimiento pueden presentar traumas severos y daños neurológicos irreversibles.

“Hay tres tipos de tratamientos para los niños maltratados que presentan daños en su cerebro: la psicoterapia, la terapia en grupo y el uso de antidepresivos”, explica Fernández. El primero permite al menor, con ayuda de su terapeuta, dejar de aislarse y empezar a establecer vínculos sociales. El segundo facilita su contacto con otros niños que han vivido una situación similar y finalmente los medicamentos se convierten en una herramienta fundamental para contrarrestar la depresión y “recuperar las neuronas que sufrieron a raíz del trauma”.

A pesar de que para muchos padres de familia existe el temor de que estos medicamentos puedan ser adictivos, el doctor Fernández concluye que una vez son recetados no deben suspenderse y que a su juicio éstos tendrían que tomarse indefinidamente, hasta que el médico compruebe qué tan afectado se encuentra el menor y si es posible que logre mantenerse estable sin tomar la droga o si existe el riesgo de que pueda volver a recaer.

Sin embargo, es enfático al decir que la única herramienta efectiva contra estos daños neuronales es la prevención del maltrato infantil. Para ello, advierte el doctor Tamayo, es indispensable que se cree en los diferentes países del mundo una política consistente que proteja a los menores y evite que sean maltratados.

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