Cuando el trabajo “quema”

Sensación de fracaso y nerviosismo son las consecuencias del Síndrome de “Burnout”

Las  presiones laborales, sumadas a las inseguridades personales y a algunos escenarios de maltrato profesional, contribuyen, cada día más, a aumentar la lista de secuelas en la salud de los trabajadores.

Cuando, en desarrollo de su vida laboral, una persona es acosada por reiteradas sensaciones de vacío y agotamiento, acompañadas de una zozobra por la realización personal y de un bajo rendimiento intelectual, habría que tener cuidado, podría tratarse de un trabajador “fundido” o “quemado”.

Estos dos términos son los utilizados para distinguir a quienes padecen el síndrome de “Burnout”, una enfermedad psicosomática que acarrea graves implicaciones para la salud.

El Observatorio de Riesgos Psicosociales, perteneciente a la  Unión General de Trabajadores de Madrid, realizó un estudio en el que tuvo en cuenta a 4000 trabajadores vinculados a diferentes  industrias como la textil, la hotelera y la cárnica, entre otras. Los resultados arrojados determinaron que tres de cada cuatro empleados sufren estrés en el ámbito laboral, el 73% de los incluidos en la muestra. A su vez, tres cuartas partes de ellos aseguraron tener problemas de salud por cuenta de la tensión laboral.

El síndrome del estrés

Esta patología fue descubierta en 1974 por H.J Freudemberg, un psiquiatra que atendía una clínica para toxicómanos en Nueva York.  El doctor se percató de que al soportar altos niveles de estrés hay quienes gastan cantidades excesivas de energía y comienzan a exhibir claros síntomas de ansiedad, depresión, agresividad y desmotivación en el trabajo.

Freudemberg fue quien esbozó los primeros trazos de la enfermedad, pero fue Christina Maslach la que la bautizó con el nombre que se conoce en la actualidad. Fue ella quien calificó de “quemados” a las personas que demostraban un repentino bajón en su rendimiento y para los que el trabajo había pasado de ser a hábito a una tortura.


Manifestación del “Burnout”

Según los especialistas, el síndrome no se presenta de forma constante en el paciente. Es una enfermedad de picos altos y bajos en los que se puede pasar de la tranquilidad a la depresión en cuestión de días, un cambio generalmente ligado a los triunfos o derrotas en el corto plazo laboral.

Quienes lo soportan tienden a negar estar pasando por un momento difícil, y optan por evitar recurrir a profesionales para su recuperación. La negación hace parte de un mecanismo que intenta sacarles de la cabeza la idea de que un fracaso profesional y personal puede estar avecinándose. Todo esto producto de la presión del ambiente de trabajo en que se desempeñan.

Además de las manifestaciones psicológicas, los enfermos presentan síntomas físicos. Son comunes los dolores de cabeza, el insomnio y molestias musculares, ocasionados por la tensión y el estrés. También puede traducirse en molestias gastrointestinales y taquicardia.

Dentro de la patología, aparecen de igual modo cambios en la conducta. Hay quienes acuden al alcohol, tabaco, drogas o fármacos; y  se sienten impedidos para lograr un nivel mínimo de concentración.

Las causas

La motivación que representa asumir un nuevo reto de trabajo puede comenzar a deteriorarse con el exceso de las jornadas. En este punto, la sobre carga puede convertirse en un pase hacia la estancamiento o a un bloqueo de la producción del trabajador.  Las sensaciones de ansiedad y fatiga conllevan a un interrogante: ¿vale la pena tanto esfuerzo?

Al enfrentarse al dilema, aquellos que son proclives a caer en la enfermedad tienden a desmoralizarse y sentirse frustrados.  Entonces la apatía empieza a afectar su desempeño y sus ilusiones sucumben en el pensamiento de haber errado en el momento de elegir su vocación.

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