El hombre del puntaje perfecto

Peter Vidmar, el gimnasta que hizo un giro lleno de flexibilidad: pasó de ser deportista a motivador personal.

Peter Vidmar, a sus 47 años, ha dado la vuelta al mundo explicando un método que sustrajo de la gimnasia para incentivar a trabajadores, personas del común y aprendices: Riesgo, Originalidad y Virtuosismo (ROV). Los ires y venires de su actual rol han transportado los aplausos de los coliseos deportivos a los salones de conferencia, esa es la razón de su visita a Bogotá.

Tras alcanzar la cima en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles con una puntuación perfecta de 10 en la prueba del caballete, Vidmar se alejó de las competencias de alto rendimiento. Sin embargo, nunca ha abandonado la gimnasia. De hecho, generalmente inicia sus discursos con la demostración de los movimientos que otrora le otorgaron la medalla dorada.

El campeón le contó a El Espectador que se convirtió en conferencista casi por accidente. Su padre, John Vidmar, quien también anduvo por los caminos de la gimnasia en su juventud, trabajaba para la compañía  Borg-Warner. La empresa no dudó en acudir a John para invitar a su hijo a una charla sobre su actuación en los Olímpicos.

La forma en la que captó al público, su humor, su carisma y las demostraciones de talento que exhibió durante la conferencia, interesaron a algunos empresarios asistentes. Ellos creyeron provechoso llevar e sus empleados el contagio de energía que Vidmar imprimía en el ambiente.

Lo que vino después fue un efecto dominó. Las llamadas a Vidmar eran cada vez más frecuentes, al igual que los viajes. Su retórica lo condujo a dirigir charlas de motivación a empresas multinacionales como British Airways, BMW, General Motors y 3M entre otras. Su éxito ha sido tal, que la revista Successful Meeting lo incluyó en la lista de los diez mejores conferencistas de los Estados Unidos.


El método ROV

Para Vidmar, estos tres principios son la mejor receta del éxito, el secreto para alcanzar lo que él llama “un 10 perfecto”. Cree que las personas deben arriesgarse a hacer cosas osadas, a romper esquemas que los excluyan de los buenos y los matriculen en los grandiosos.

No basta con hacer lo que otros hacen, la originalidad es un factor fundamental. El campeón asegura que el ideal al que deberían apuntar todas las personas es a ser lo suficientemente exclusivas para obligar a los otros a la imitación.

El virtuosismo, define Peter Vidmar, es aquello que a las personas les da la facultad de hacer las cosas extraordinariamente. Dice no estar de acuerdo con la frase conocida que promulga “la practica forja la perfección” y le adapta un ingrediente personal “la practica forja la perseverancia”. La explicación que da es  sencilla: “¿de qué sirve practicar y practicar si no se hace bien?”.

Estos tres eslabones son sus principales mariscales a la hora de motivar a la gente, los mismos que le han enseñado a motivarse a sí mismo. Su método lo hizo público en el libro Risk, originality and virtuosity, de  autoría.

Nunca tomó cursos    para aprender técnicas sobre cómo incentivar a las personas, su única escuela se la atribuye a la gimnasia. Eso sí, sin contar la Facultad de Economía de la que se graduó.

El gimnasta

Vidmar inició su carrera como gimnasta a los 11 años, pero su nombre vino a tomar fuerza 12 años después en Los Ángeles, cuando alcanzó dos preseas de oro y una de plata.

Quizá su historial de medallas fuera más extenso de no haber sido por la prohibición de 1980. Todavía en la Guerra Fría, el Gobierno estadounidense impidió la asistencia de sus delegaciones a los Juegos Olímpicos de Moscú tras comprobar el apoyo de la Unión Soviética a grupos rebeldes que buscaban tener el control político y territorial de Afganistán.

A lo largo de su carrera como motivador, también ha sido comentarista de eventos gimnásticos en cadenas como ESPN y CBS.

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