El mapa de las enfermedades

¿Qué tienen en común un infarto del corazón y el Alzheimer?, ¿la epilepsia y la adicción a la nicotina?, ¿la sordera y la osteoartritis? Tal vez usted es de aquellos quienes creen que muy poco o nada, pero a la luz de los grandes progresos de la genética, el concepto y la clasificación de las enfermedades están cambiando para siempre.

Como lo reseñó el New York Times, un creciente número de investigadores trabajan en este sentido. “No estamos muy lejos del futuro en el que pensaremos en una enfermedad basados más en patrones moleculares que en el origen anatómico y los síntomas”, comentó Todd Golub, director del programa de cáncer del Broad Institute en Cambridge.

Clasificar enfermedades ha sido una de las tareas más difíciles para los médicos a lo largo de los siglos. Los griegos creyeron que todos los males del cuerpo se reducían al desequilibrio de cuatro humores: bilis negra, bilis, flema y sangre. En el siglo XVII, el sueco Carl Linnaeus agrupó los trastornos de salud en 11 clases.

Un siglo más tarde, gracias a la aparición del estetoscopio y otros implementos médicos, se multiplicaron las categorías a tal punto, que para los galenos de entonces existían hasta 17 dolencias asociadas a la tos con expectoración de sangre, cuando en realidad eran diferentes caras de la tuberculosis.

Como si fuera poca la confusión sobre los trastornos que nos aquejan, la primera clasificación internacional de enfermedades se realizó en 1850. Entonces, la lista apenas ascendía a 140 afecciones. La décima edición de esta clasificación, de 1993, revisada periódicamente por la Organización Mundial de la Salud, enumera al menos 12.000  padecimientos.

Los investigadores una vez más parecen dispuestos a replantear lo que han pensado a lo largo de los siglos. Así como ahora cuentan con un mapa completo de nuestros genes, creen posible trazar uno de las enfermedades. Marc Vidal, biólogo de Harvard, y Albert László Barabási, de la Universidad de Northeastern, publicaron una primera versión de este ambicioso proyecto el año pasado.

Basados en la información arrojada por miles de estudios genéticos sobre afecciones, estos científicos han comenzado a tender puentes entre enfermedades que creíamos ajenas unas con otras. Por ejemplo, entre la distrofia muscular y las complicaciones cardíacas.

Estos hallazgos abren nuevas posibilidades terapéuticas. Mientras existen más de 40 medicamentos para los problemas del corazón, para la distrofia muscular aún no se conoce ninguno. Atul Butte, de la Universidad de Stanford, comentó al New York Times que si estas enfermedades son similares, tal vez los medicamentos sean compatibles.

Los beneficios de una nueva y certera clasificación de enfermedades no terminan ahí. Los expertos creen que permitirá implementar nuevas estrategias de salud pública, así como identificar epidemias. También, por supuesto, entender las causas  de muchos trastornos.

La psiquiatría será sin duda una de las ramas más beneficiadas con la nueva nosología (ciencia que clasifica las enfermedades), pues hasta el momento, por las dificultades para medir las funciones mentales, los diagnósticos se basan primordialmente en los síntomas. Es así como la esquizofrenia y el trastorno bipolar podrían tener mucho más en común de lo que hasta el momento hemos creído.

Atul Butte comentó a los periodistas neoyorquinos, que la nueva clasificación basada en genes tarde o temprano hará que nuestras actuales clasificaciones resulten tan pintorescas como las de 1909, donde aparecían entre las causas de muerte la “visita de Dios”.

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