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hace 2 horas

Ilusiones cognitivas

Suponga que usted tiene que hacer una elección en las siguientes situaciones. En la primera debe escoger entre recibir $100.000 o lanzar una moneda y recibir $250.000 si sale cara o no recibir nada si sale sello.

En la segunda, debe escoger entre asumir una pérdida de $100.000 o lanzar una moneda y perder $250.000 si sale cara, o no quedar debiendo nada si sale sello.

En la primera situación la mayoría prefiere quedarse con los $100.000, mientras que en la segunda opta por lanzar la moneda. Sin embargo, en ambos casos las mejores elecciones, de acuerdo con la teoría de las probabilidades, son las contrarias.

La manera como juzgamos los riesgos depende de una evaluación intuitiva de las probabilidades que, con frecuencia, no coincide con la teoría. Mucha gente cree, por ejemplo, que un billete de lotería como el 0000 tiene menos probabilidad de salir ganador que otro sin repeticiones, como el 4715. O que al lanzar seis veces al aire una moneda, es menos probable obtener la secuencia CCCCCC, que la secuencia CSCSCS.

Además de nuestra incapacidad para estimar las probabilidades, las emociones también contribuyen a distorsionar nuestros juicios. Por ejemplo, si un libro que cuesta $100.000 puede conseguirse por $50.000 en una librería situada al otro extremo de la ciudad, es probable que nos tomemos el trabajo de hacer el viaje. Pero no lo haríamos para conseguir una rebaja de $50.000 en un tiquete aéreo que cuesta tres millones.

Similarmente, la forma como se juzga una pérdida depende de circunstancias muy particulares. Si al llegar al aeropuerto descubrimos que hemos perdido nuestro vuelo por escasos segundos, sentimos una pena mayor que si se nos informa que fue cancelado.

Estas formas incorrectas de razonar han sido llamadas por los sicólogos sesgos cognitivos, heurísticas que nos permiten resolver problemas sin tener que hacer una evaluación racional, y que funcionan como estrategias imprecisas, pero muy útiles a la hora de tomar decisiones con rapidez (uno podría pensar en lo poco adaptativo que hubiera sido para nuestros antepasados tomar una decisión ante un peligro, calculando probabilidades).

Estos sesgos o ilusiones están siempre presentes cuando tomamos decisiones en condiciones de incertidumbre. Las rutinas cognitivas que hemos desarrollado a lo largo de la evolución están diseñadas para la supervivencia y no necesariamente para razonar. La razón pura, analítica, es una adquisición reciente, útil en el ámbito de lo abstracto, pero limitada en lo cotidiano.

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