La jaula de los sonidos

En la Universidad de los Andes se construyó la primera cámara anecoica del país y una de las pocas que existen en Latinoamérica. Allí los ingenieros estudian las ondas electromagnéticas.

Desde que se pone un pie en el Edificio Mario Laserna de la Universidad de los Andes, inaugurado en agosto del año pasado y premiado por Cemex como uno de los mejores diseños arquitectónicos del país, la sensación no es otra que la de estar metido en las entrañas de una gigantesca y moderna máquina de ocho pisos.

El edificio no le oculta nada a sus visitantes. Cables, tuberías, redes, sistemas eléctricos, reguladores de temperatura, engranajes, todo a la vista de quien recorre su pasillos de granito y sus paredes forradas en madera. Un diseño perfecto para un edificio que alberga 52 sofisticados laboratorios de ingeniería, además de varias salas de cómputo y la biblioteca de la universidad.  

Descendemos al sótano 1 donde nos espera el ingeniero Néstor Misael Peña Traslaviña y sus colegas del Grupo de Electrónica y Sistemas de Telecomunicaciones, catalogado por Colciencias como uno de los mejores de Colombia. El ingeniero Peña y su grupo son los artífices de uno de los aportes más importantes al campo de la ingeniería nacional: la construcción de la primera cámara anecoica.

Aunque el nombre resulta desconcertante para quien no está familiarizado con el lenguaje de los ingenieros, la verdad es que estas cámaras tienen que ver con nuestras vidas cotidianas más de lo que imaginamos. Celulares, computadores, antenas, equipos médicos, radares, incluso aviones, cualquier dispositivo electrónico, antes de salir al mercado debe pasar por una de estas cámaras donde se realizan pruebas a su campo electromagnético.

El ingeniero Néstor le da una voltereta a su computador para señalar los sellos de la Comunidad Europea y de Estados Unidos que certifican que al equipo se le realizaron las pruebas electromagnéticas exigidas.

Dos millones de dólares

Hace cuatro años comenzó el proyecto de construir la primera cámara anecoica en el país. Luego de estudiar distintas posibilidades y analizar ofertas de los proveedores internacionales, el Grupo de Electrónica y Sistemas de Telecomunicaciones arrancó la fase de construcción de esta jaula de nueve metros de ancho, seis de alto y seis de largo, blindada con láminas de acero y en su interior forrada con pirámides de poliuretano, enriquecido con carbono,  que absorben todas las ondas electromagnéticas en un rango que va de los 100 megahertz a los 18 gigahertz.

“Se trata de una gran contribución al país y a la ingeniería nacional”, comenta con satisfacción el ingeniero Néstor, antes de explicar que allí podrán acudir los industriales para solicitar mediciones de todo tipo de dispositivos eléctricos y electrónicos, también los músicos para realizar pruebas de sonido y de equipos, incluso los investigadores del área de la salud para estudiar los efectos de los celulares y otros instrumentos tecnológicos sobre el cuerpo humano.

La cámara está diseñada para absorber ondas sonoras sin reflejarlas y evitar que entren ondas externas, lo cual permite a los ingenieros un ambiente controlado para medir las características electromagnéticas de cualquier instrumento o dispositivo.

El diseño, la adecuación del edificio, la compra de los instrumentos que acompañan a la cámara, según un cálculo aproximado de costos, habla de casi dos millones de dólares.

El ingeniero Néstor y sus dos acompañantes en esta odisea, Roberto Bustamante (director del departamento de ingeniería eléctrica) y Juan Carlos Bohórquez (miembro del grupo de investigación), saben que la construcción de la cámara anecoica es apenas el comienzo de un nuevo campo de investigación en el país y los esperan largas jornadas de trabajo entre las pirámides azules de poliuretano. 

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