La letra con risas entra

Los chistes y los contenidos se mezclan para facilitar el aprendizaje de los alumnos.

La risa se ha valorizado en el mundo médico en los últimos años. Todavía con la imagen viva de Patch Adams y su tradicional ping pong rojo pegado a la  nariz, los médicos han asegurado que reír resulta beneficioso para la salud de los pacientes.

Según dicen los estudiosos de la risoterapia, cuando las personas ríen liberan endorfinas, unas proteínas capaces de generar sensaciones de bienestar. Eso sin contar los más recientes atributos que se le han otorgado: es rejuvenecedora, elimina el estrés, colabora para la pérdida de peso, combate el insomnio y es provechosa contra problemas cardiovasculares y respiratorios.

Ahora, desde un punto de vista menos científico, pero mucho más práctico, la profesora argentina Mónica Guitart ha sugerido que el humor es la mejor vía para lograr que sus alumnos entiendan los contenidos expuestos en las aulas.

La profesora Guitart, encargada de instruir matemáticamente a los futuros ingenieros de la Universidad Nacional de Cuyo, en Mendoza, bautiza al humor como una “píldora motivadora” del aprendizaje.

De acuerdo con sus consideraciones, utilizar chistes y escenas lúdicas durante el proceso de enseñanza no sólo siembra más recordación en los alumnos, sino que también despierta un mayor interés en los temas y una mejor disposición hacia el debate.

Durante las clases de matemáticas, la profesora ha llevado a cabo un particular método para explicar el concepto de variable. Para ella es más difícil decir a sus alumnos que dicho concepto obedece a un símbolo que representa un elemento no especificado de un conjunto dado y prefiere enunciar, con marcado sarcasmo, que una variable se resume en la cantidad de movimientos que una mujer debe realizar para parquear su carro.

“Mi gran desafío es que los alumnos, al recordar el chiste, evoquen el concepto matemático que está en él. El conocimiento llega a través de emociones positivas y no sólo a través de conocimientos fríos”, ratifica la docente.

La idea fue expuesta en el XX Congreso de la Sociedad Internacional para los Estudios de Humor, que tuvo lugar en Madrid la semana pasada. Allí, Mónica Guitart presentó el trabajo Permitido reír, estamos en clase, un título que se perfila opuesto a la idea de que el primer paso de una buena educación está en el control que el profesor tiene sobre los alumnos y sobre el que se teje la sospecha que una clase mediada por la risa podría salirse de las manos.

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