Los papás anónimos

En Bogotá, un donante de semen puede procrear hasta 24 hijos. Confesión de un asiduo visitante a una clínica de fertilidad.

Convertirse en donador de un banco de semen adscrito a una de las clínicas de fertilidad en el país resulta una tarea tan exigente como lograr un cupo en una buena universidad. Aparte de una larga lista de requisitos, los candidatos deben responder adecuadamente una entrevista y someterse a un sinnúmero de pruebas clínicas para descartar enfermedades.

Por si fuera poco, sólo clasifican quienes producen más de 80 millones de espermatozoides por mililitro (lo normal es entre 20 y 250 millones/ml) y con una movilidad superior al 40% (el promedio es 25%). En caso de ser aceptados, pasarán al menos seis meses vinculados a un programa que exige mucha disciplina. Así lo relató uno de ellos a El Espectador:

“La cuestión empezó por un amigo, cuñado de mi hermano. Yo llevaba dos meses en Bogotá, vine para hacer mi práctica profesional, pero no tenía el dinero suficiente para cubrir mis gastos. Necesitaba un ingreso extra. Este amigo me contó que estaba vinculado a una clínica de fertilidad de la ciudad. ¿Y usted qué hace ahí? Le pregunté. “Soy donante de esperma”, me dijo. Y, ¿pagan bueno? Depende de cuánto esperma le congelen.

Él me contactó con el doctor a cargo del programa, quien me explicó cómo funcionaba todo el proceso. Lleve la hoja de vida. Se trata de un proceso que dura por lo menos seis meses. Me aclararon que el objetivo era implantarles mis espermatozoides a las mujeres que son fértiles, pero no sus esposos.

Me hicieron los exámenes del caso para descartar enfermedades de transmisión sexual y genéticas. Salieron bien y ahora soy donante. Lo veo como una colaboración social tanto a la ciencia como a las parejas que no pueden tener hijos.

La rutina es muy estricta. Tengo que ir a la clínica todos los martes y viernes. Entre 8 y 9 de la mañana. Saco una prueba de semen y la entrego en un recipiente como los de orina. No puedo tener relaciones el día anterior. Tampoco tomar, fumar ni trasnochar.

Si quiero una cerveza, tengo que tomarla el mismo día de la prueba para estar limpio para la prueba siguiente. Lo mismo sucede con las relaciones sexuales. Sólo puedo tener sexo el mismo día de la prueba, para que mi producción de espermatozoides no baje el día de la muestra.

Al vincularse a un programa de estos de forma inevitable uno empieza a ser más juicioso. Obviamente, se expone a tener problemas con su pareja, pero por ahora no tengo una novia. Uno tiene que ser más discreto y no puede ser promiscuo.

Me pasan por la cabeza muchas cosas, pero lo veo más como un apoyo al proceso social. Gracias a Dios puedo tener hijos, pero hay gente que no lo puede hacer y desea con muchas ganas hacerlo. Igual los crían con amor.

Le he contado a una ex novia y a mi familia. Mi mamá siempre está preocupada y me reclama que estoy regando hijos por todo el mundo. Le digo que no lo estoy haciendo de manera irresponsable. Dice que  me voy a desnutrir, que voy a adelgazar. Yo le digo que no. Si no me enfermé antes, ahora mucho menos.

En la clínica de fertilidad me dan una colaboración de $13.500 por pajilla que se congele. Es una colaboración por los gastos de transporte y el tiempo que se invierte en esto. No es un salario porque en Colombia está prohibido pagar por esto. La primera vez congele 12 pajillas, en la cita siguiente 10 pajillas, luego 8 pajillas, más tarde 6, y ahora me mantengo en un promedio de 8. Es decir, que al mes puedo recibir hasta 800.000”.

En cifras

800 mil pesos puede llegar a recibir un donante de semen en una clínica de fertilidad. Se trata de un auxilio de transporte y un aporte por el tiempo invertido.

Temas relacionados

 

últimas noticias

Caldas, un destino para volver al origen

¿Donde nadar con tiburones?

Rush, la nueva apuesta de Toyota

Ucumarí, un robot para la exploración espacial

Aventura en los desiertos del Perú