Marido y robot

La ciencia  ha otorgado una nueva alternativa a  los solitarios: sexo y amor con máquinas de  inteligencia artificial.

El plástico ha sido por  años el consuelo de muchos hombres que tienen que utilizar su propio aire para dar forma a una mujer inerte. Las muñecas inflables, uno de los juguetes sexuales de más tradición y fama, han quedado un poco relegadas ante el paso firme de las innovaciones electrónicas e industriales.

Las cosas comenzaron a cambiar cuando se les abrió paso a las baterías que dotaban a ciertos juguetes de vibración, de movimientos y de creativas formas que empleaban materiales provenientes de los polímeros. Aparecieron en el mercado anillos para el miembro masculino, consoladores para las mujeres, vaginas artificiales y hasta réplicas de órganos sexuales de algunos famosos. Esto sin nombrar las progresivas prácticas de sexo virtual a través de cámaras web o sexo a distancia, el hijo evolucionado de las llamadas “líneas calientes”.

A pesar de todo, los aparatos, los cables y la fibra óptica nunca han logrado superar a las parejas de carne y hueso, la interacción personal y las emociones que se producen después de un coito en el regazo del amante. Esa ha sido la piedra en el zapato de la tecnología, porque nunca ha podido emular la capacidad humana con sus numerosos inventos.

Sin embargo, el doctor en Inteligencia Artificial, el británico David Levy, ha presentado al mundo a “Andy”, un multifacético robot que, dentro de su lista de funciones, ofrece la posibilidad de tener relaciones sexuales con su dueño, quien además podrá graduar un sistema de calefacción con el que viene equipado. De igual modo, cuando sus zonas erógenas sean acariciadas, sensores táctiles activarán un archivo digital que se reproducirá a ritmo de gemidos de amor.

Levy dio a conocer a “Andy” en el Congreso Internacional de Robótica de Holanda, un evento que tuvo lugar en la ciudad de Maastricht. El británico sorprendió a los asistentes al vaticinar que para el año 2050 las personal podrán sostener relaciones sexuales y sentimentales con robots, lo que calificó como una excelente alternativa para los solitarios, los tímidos, los feos o personas con problemas psicológicos o sexuales.

Dentro de las profecías del científico también se afirmó que en el futuro los robots podrán decir que aman a sus dueños y hacerlos reír, tal y como hacen los seres humanos. Explicó que los usuarios tendrán la posibilidad de escoger el carácter de su inmortal pareja electrónica y sus temas de conversación. No habrá riesgo de contraer enfermedades de transmisión sexual y en un par de décadas, según Levy, se legalizarán las uniones maritales entre hombre y máquina.

La pasión del investigador por la Inteligencia Artificial no es nueva, desde que abandonó en 1968 las competencias de ajedrez se dedicó al estudio del tema. Hoy, a sus 62 años, con la publicación de su autoría titulada Amor y sexo con robots, y con el prototipo “Andy”, está en el medio del asombro de la gente por sus profecías y del rechazo de algunos de sus colegas quienes desvirtúan por completo sus pronósticos.

Los críticos añadieron un ingrediente adicional. Yvonne K. Fullbrigth, una reconocida sexóloga de Nueva York, dijo que herramientas como “Andy” y los androides del futuro, lejos de mejorar la situación afectiva y sexual de quienes no tienen pareja, serán un motivo de entristecimiento. Ella cree que será difícil que alguien considere a un robot como su pareja sin sentirse un perdedor y establece una analogía interesante: “las mujeres dicen amar y adorar sus vibradores. Eso no significa que estén enamoradas de ellos”.

Aunque ni la psiquiatría ni la psicología han diagnosticado la “robotofilia”, expertos en tecnología han tildado de desacertado a Levy diciendo que en 2050 sería imposible tener robots de ese tipo y que en caso tal de haberlos, las máquinas no dejarían de ser una ridiculez. Habrá que esperar hasta 2050.

La segunda generación

La compañía Axis de Japón sacó al mercado a Cindy, a Soari y a María, los tres modelos disponibles para los clientes que quieran adquirir una muñeca sexual tecnificada. Honeydolls es el nombre de estos ejemplares, que en lugar de plástico inflable, están compuestos de silicona y de polímeros que imitan la piel humana. Los pezones están equipados con sensores que, al ser tocados, activan una voz en la muñeca que emite frases eróticas. Los clientes que la deseen tendrán que pagar una cifra cercana a 7.000 dólares.

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