La paradoja del terapeuta de familia

Adrian, hijo de este influyente investigador del siglo XX R.D. Laing, revela la parte oscura de su padre.

Hoy, a pocos días de cumplirse el decimonoveno aniversario de la muerte del célebre Ronald David Laing, quien fuera uno de los médicos pioneros de la interpretación de la esquizofrenia, el nombre del psiquiatra vuelve a tomar vuelo. Esta vez, gracias a que su hijo Adrian revela nuevos detalles del lado desconocido de la vida de su padre. 

Adrian, quien publicó una biografía de su padre titulada R.D. Laing, una vida, en la que desnudaba los secretos de la existencia desordenada del médico escocés, ha vuelto a recordar, en entrevista con el diario español El Mundo, la faceta oscura del doctor Laing.

“No deja de resultar irónico que mi padre llegara a convertirse en un personaje famoso como psiquiatra de familia cuando, al mismo tiempo, no tenía nada que hacer con la suya propia”, fueron las palabras con que Adrian resumió la paradoja que caracterizó la vida de su padre: un psiquiatra al borde de un desequilibrio mental.

Y es que, de acuerdo con sus afirmaciones, la vida de su progenitor estuvo lejos de ser como la mayoría de la gente que lo admiró imaginaría. Para R.D. Laing no sólo existían los estudios, las publicaciones y el deambular de pacientes por su consultorio, quienes abarrotaban sus oficinas por el simple hecho de ser atendidos por una celebridad médica. También de su vida hicieron parte las drogas, el alcohol, la promiscuidad y el maltrato a su familia.

Este último aspecto es quizá el más impactante, pues no concuerda con un profesional que aseguraba que una baja atención familiar sumada a la angustia y a la fatiga mental eran factores que podrían desencadenar la aparición de un trastorno esquizofrénico.

De hecho, esa tesis hizo parte del gran libro que le dió la oportunidad de acariciar la fama en 1965 y que lo llevó a darse a conocer en los medios de comunicación más influyentes. Fue su obra titulada El yo dividido, en la que expuso sus más importantes postulados.


Las andanzas privadas del psiquiatra comenzaron a resquebrajar a la familia que había establecido con su primera esposa, con quien, a la postre, tendría seis hijos, entre ellos el autor de su biografía.

 R.D. Laing comenzó a tener aventuras extramatrimoniales, pasaba semanas y meses sin siquiera llamar a saludar a sus hijos. Su mujer no soportó la incertidumbre e inició trámites para formalizar el divorcio de su esposo, quien para entonces ya sostenía un romance con Jutta Werner, una diseñadora alemana.

El hijo escritor recuerda el día cuando su padre los visitó después de un largo período. Aquel episodio quedó marcado en la memoria de Adrian debido a la paliza que el doctor le propinó a su hermana menor.

El desdén, las desatenciones y el maltrato fueron una constante de los hermanos Laing. Tanto que, como si fuera un castigo divino, su hija mayor, Fiona, tuvo que ser recluida en un hospital psiquiátrico de Glasgow después de sufrir continuos ataques nerviosos.

Otra de sus hijas, Susan, también murió a consecuencia de una leucemia contundente que cobró su vida antes de los 21 años. Adrian atribuye parte de la responsabilidad a su padre: “Él estaba acongojado por el sentimiento de culpa que le embargó. Debía estar al corriente de las estadísticas que demuestran que las posibilidades de morir de esta enfermedad en particular son más altas si el enfermo procede de una familia desestructurada”.

Su actuar, a todas luces contradictorio con lo plasmado en las páginas de su libro, generó múltiples reacciones, incluida la de comunidad psiquiátrica, la cual calificó su vida en familia como un “despropósito injustificable.”

Poco a poco, el alcohol y las drogas fueron entrando a la vida de R.D. Laign, disminuyendo de a poco la brillantez y la lucidez que lo hicieron conocido. Finalmente, el 23 de agosto del año 89, mientras se ejercitaba un poco jugando tenis, un ataque cardiaco le significó el fin de sus días.

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