Pertenecer a una religión es saludable

Entre comunidades católicas y protestantes moderadas, la tasa de mortalidad es menor.

Troy Blanchard, sociólogo y profesor de la Universidad de Louisiana, junto a colegas de la Universidad de Texas y de Georgia (EE.UU.), encontraron que las comunidades donde prevalecen ambientes religiosos resultan más benéficas para la salud.

Al comparar tasas de mortalidad entre zonas donde es mayor el número de congregaciones religiosas, sobre todo católicas y protestantes, con zonas con menor número de iglesias y templos, los investigadores descubrieron que los habitantes de las primeras vivían más años.

Los resultados de la investigación, publicados en la edición de junio de la revista Social Forces, se suman a una abundante evidencia sobre los efectos benéficos de las creencias religiosas en la salud de las personas.

Vivir en comunidad

Dos son las razones que explicarían este fenómeno según los investigadores norteamericanos. La primera se refiere a que estas congregaciones ofrecen a sus creyentes perspectivas de vida que no sólo se centran en el más allá, sino que hacen énfasis en sus necesidades actuales.

Los católicos y protestantes suelen preocuparse por la promoción de inversiones en infraestructuras de salud, así como en la implementación de esquemas de caridad pública que amparen a los más desprotegidos. “En vez de focalizarse solamente en la vida después de la muerte, estos grupos religiosos hacen énfasis en las necesidades corrientes de sus comunidades”, comentó Troy Blanchard.

La segunda razón esgrimida por los investigadores hace referencia a que estas religiones crean una mayor cohesión social estimulando comportamientos más saludables. “Este sentido de conexión entre los miembros de una comunidad anima a la gente a llevar vidas más sanas”, puntualizó el científico.

Y agregó que “en esta era de iniciativas basadas en la fe, nuestros hallazgos demuestran la importancia de organizaciones religiosas para la estructura social”.

Sin embargo, no todas las congregaciones son tan saludables. Cuando se evaluó la tasa de mortalidad en comunidades asociadas a grupos protestantes conservadores, entre ellos las vertientes más fundamentalistas y los pentecostales, se encontró que la tasa de mortalidad era más alta.

Este efecto podría deberse a que se trata de religiones donde el esfuerzo colectivo juega un papel menos importante y las creencias apuntan con más fuerza a una vida ultraterrena. Según Blanchard, “el protestantismo más conservador se basa en una fe mucho más individualista”.

En el caso de los evangélicos, el efecto sobre la salud resultó tan benéfico como entre católicos y protestantes moderados.

Sin duda, este estudio abre nuevas posibilidades para implementar estrategias de salud pública.

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