Pescado y omega 3, previenen comportamientos violentos

Las propiedades nutricionales del pescado y del omega 3, así como sus beneficios para las inflamaciones y las enfermedades cardiovasculares han hecho que decenas de personas en el mundo aumenten significativamente su consumo.

Pero este fin de semana, en el IV Congreso del Cerebro, el Comportamiento y las Emociones que se realizó en Brasil, un grupo de neurólogos y psicólogos reveló una nueva característica del pescado: reduce el comportamiento violento de las personas.

Una cualidad que, según este grupo de especialistas de diferentes países, debe aprovecharse en la rehabilitación de los reclusos de los diferentes centros penitenciarios de Latinoamérica y Europa, pues de esta forma se reducirían las probabilidades de que volvieran a delinquir. La controvertida propuesta surge de la evidencia que le atribuye la criminalidad a factores biológicos. “La predisposición biológica explicaría por lo menos el 50 por ciento de la criminalidad”, explicó a la agencia de noticias Reuters Health Adrian Raine, profesor de Criminología, Psiquiatría y Psicología de la Universidad de Pennsylvania, Estados Unidos.

Esto significaría que se realizaría una intervención nutricional a las personas que se encuentran privadas de su libertad para prevenir que cometan nuevos delitos, sostuvo Raine. De hecho, esta no es la primera vez que se plantea la posibilidad de aumentar en los menús de las cárceles más porciones de pescado y de recetarles omega 3 para que lo tomen cuando salgan de prisión. En Inglaterra y en Estados Unidos se han hecho varias investigaciones que demuestran que estos productos disminuyen hasta en un 35% el comportamiento violento de estas personas.

La primera investigación se realizó en el Reino Unido con un grupo de 231 prisioneros, quienes consumieron suplementos nutricionales con ácidos grasos omega 3 durante dos semanas. Este cambio en su dieta estuvo relacionado con una disminución significativa de los delitos en los siguientes cinco meses. Lo mismo ocurrió con otro estudio realizado por el doctor Raine y publicado en el American Journal of Psychiatry, en el que niños entre los 3 y 5 años fueron sometidos a una dieta rica en pescado durante una década. Al llegar a la adolescencia fueron nuevamente evaluados y se encontró que la tasa de criminalidad entre ellos había disminuido un 35 por ciento.

Un tercer estudio realizado en Estados Unidos en 2005 con niños entre los 8 y 11 años, también demostró que el consumo de suplementos de omega 3 reduce la agresividad en personas que ni siquiera presentan problemas de comportamiento. “El aceite de pescado y los ácidos grasos omega 3 mejoran las estructuras cerebrales y la atención, quizá las personas violentas necesiten corregir el funcionamiento cerebral para aprender las instrucciones que regulan las emociones”, opinó Raine durante el Congreso del Cerebro en Brasil.

Aunque Raine también advirtió que todavía se desconocen las dosis efectivas para prevenir las conductas antisociales o las recaídas delictivas, aseguró que lo más adecuado es tomarse un gramo diario de omega 3 o preparar cada semana dos comidas que incluyan pescado. Por su parte, Bernard Gesch, investigador del Departamento de Fisiología, Anatomía y Genética de la Universidad de Oxford, le explicó a la agencia Reuters Health que aunque la propuesta de aumentar los niveles de consumo de pescado en las cárceles resulta interesante y puede ser efectiva, “la nutrición es una cuestión de equilibrio. La ausencia de varios nutrientes, como las vitaminas y los minerales, influye en el cambio de conductas. El omega 3 es sólo uno”.

Entretanto, Gesch también reveló que comenzará un estudio con mil prisioneros jóvenes que durará dos años y cuyo objetivo es comprobar que la nutrición modifica el comportamiento de los seres humanos y establecer la manera como esto ocurre. Lo cierto es que algunos países, como Brasil, están estudiando la propuesta de aumentar las porciones de pescado entre los reclusos, pues las cifras de reincidencia del delito son alarmantes en el mundo entero. En Estados Unidos, por ejemplo, el 70% de las personas que recobran su libertad vuelven a delinquir en los siguientes tres años, mientras que el 47% de los ex prisioneros regresan a la cárcel y el 25% son llevados a juicio y condenados nuevamente.

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