Preocupación por acoso escolar

Deterioro en la autoestima, síntomas de estrés e incluso pensamientos suicidas embargan a los menores que son intimidados por otros compañeros en la escuela. ¿Qué hacer?

En la televisión se ha recreado la historia de varias maneras. El niño, cansado de los abusos del compañero a quien todos temen, el que se encarga de quitarle el dinero y de vaciar su lonchera, por fin decide rebelarse y darle una lección a su verdugo. En la realidad, no todos los pequeños maltratados cuentan con la misma valentía y continúan siendo víctimas del llamado bullying o acoso escolar.

A menudo, los despachos de disciplina de los colegios se tienen que resolver casos como éstos. De hecho, la Asociación Médica Norteamericana reporta que el 11% de los estudiantes, entre los grados sexto y décimo de bachillerato, reconocen que han sido intimidados frecuentemente en su escuela.

La cifra y las escenas de intimidación dejaron de ser una anécdota colegial después de que especialistas en psicología infantil concordaran en que este tipo de maltratos generan deterioro en la autoestima, síntomas de estrés e incluso llegan a desencadenar pensamientos suicidas en los menores.

Stan Davis, uno de los más reputados psicólogos infantiles que tiene Estados Unidos, se ha percatado de que la situación no es un simple asunto de niños. Por eso escribió un libro titulado Crecer sin miedo, una publicación que recién comienza a ser distribuida en Colombia.


Davis sostiene que lo que impulsa a algunos niños a intimidar a los otros son sus ansias de poder. Por eso buscan a quien ellos creen débiles para ejercer su mando, generalmente recurriendo a aquellos estudiantes que por su apariencia carecen de habilidad o sufren de algún tipo de discapacidad o defecto físico.

De acuerdo con Davis, el reto que cae en manos de los profesores es doble. En primer lugar, son ellos los que tienen que asegurarse de que los agresores sean castigados sin violencia con lo que él llama “disciplina positiva”. En su propuesta, el psicólogo asegura que la ira en el regaño no es efectiva con los niños agresivos, porque ese hecho lo interpretarían como un reto a ser más intimidantes y a generar más violencia. En cambio, su recomendación es corregir y resaltar lo bueno de estos alumnos con frases como: “Eres una buena persona, pero te equivocaste al hacer lo que hiciste y por eso hoy tendrás que estudiar en el tiempo de descanso”.

En segundo lugar, los docentes tendrían que estar pendientes de quiénes son los niños intimidados para tratar de incentivarlos. No se trata de elogiarlos inmerecidamente, lo que se busca es que cuando su esfuerzo o su actuar lo ameriten, el profesor pueda resaltar su comportamiento para generarle confianza en sí mismo.

Hacer cumplir las normas disciplinarias establecidas en cada colegio, sin que los profesores caigan en la frustración por cuenta de la desobediencia de algunos, es el primer paso para que los llamados “niños intimidantes”, aprendan a respetar a sus compañeros.

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