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hace 3 horas

Retando al dolor

Los ganchos se entierran en zonas de abundante piel y su número depende del peso de la persona.

Cada dos o tres meses, Julio César Díaz cita a amigos en Store Tattoo, su local de tatuajes y perforaciones, para que presencien uno de sus shows de suspensión.

Él se encarga de enterrar ganchos en la piel de los que quieren ser colgados, generalmente personas que conoce y se entusiasman con la idea de experimentar sensaciones nuevas y dolorosas.

 El nerviosismo se asoma en los rostros y la piel se estira como plastilina, pero según dice Julio, en estos casos, “la curiosidad es más fuerte que el sufrimiento”.