Se abre estadio virtual

En el norte de Bogotá se  inagura un espacio para las competencias entre videojugadores. Un “ciberestadio”, como lo llama su dueño.

Diez años han pasado desde que a Rolando López se le ocurrió la idea de crear un ciberestadio en la capital. Hoy, a tres días de la inauguración, no tiene tiempo casi ni para dormir. Hay una decena  de computadores que deben ser instalados, ocho consolas Xbox 360 Elite aguardan en sus cajas y tres dispositivos Nintendo Wii esperan a que los jugadores compitan usando sus controles.

Un local de dos plantas y de 130 metros cuadrados se convertirá desde el sábado en una arena donde los aficionados al entretenimiento electrónico tendrán que mostrar su talento frente los monitores. Se abrirán ligas para que los usuarios puedan inscribirse en cuatro juegos diferentes: Call of duty 4, Pro Evolution Soccer 2008, Halo 3 y WarCraft. El valor de la inscripción, aún sin definir, estará cercano a los 30.000 pesos. Después del pago, cada fin de semana los jugadores se enfrentarán entre sí en contiendas eliminatorias hasta que el mejor se alce con la corona de campeón.

La intención de Rolando López es que además de los competidores, los amigos y personas cercanas a ellos asistan al local para alentarlos. Por eso es que se refiere a su negocio como un estadio, en el que además de los jugadores habrá espacios para los espectadores.

Forjando una cultura

Al comparar a Colombia con países como Estados Unidos en el área de los videojugadores, la diferencia salta a la vista. Aquí, los patrocinadores interesados en invertir en la cultura gamer son escasos y, siguiendo las palabras del  propio Rolando, “son vistos con malos ojos, no se les valora el talento y mucho menos se les otorga el rótulo de profesionales en su actividad”. Sin embargo, él guarda la esperanza de que las empresas descubran que actualmente la industria de los juegos de video, por lo menos en Norte América, está generando mayores utilidades que el cine.

Por estos motivos y utilizando el estadio virtual a manera de plataforma para consolidar una cultura del videojuego, López cumple con los requerimientos técnicos  de estos escenarios  y le ha añadido una especie de código de ética a su funcionamiento. Además de que el local tendrá un servicio de internet con un ancho de banda de 14 megabytes y monitores plasma de 22 pulgadas (la medida justa para que el jugador tenga completamente claro el panorama de la pantalla sin mover


la cabeza) y audífonos que vibran, hay otras reglas que rigen el local. La primera, la piratería es desechada de plano. La segunda, ningún jugador puede divertirse con un juego para el que no tenga la edad suficiente, especificada en la caja de los discos. Y la tercera, está prohibido decir groserías porque después de dos amonestaciones, quien no controle el lenguaje quedará vetado del centro.

La pared de fondo de la segunda planta se convertirá en el hall de la fama de Ax cyber games, el nombre que su dueño quiso ponerle al lugar. Allí reposarán pendones con las fotos de los mejores jugadores de las ligas y será un componente adicional al premio en efectivo que corresponde a cada uno de los campeones.        

Proyecto de Vida

El reto de crear un lugar especialmente dedicado a los videojuegos tuvo que rondar durante una década en la cabeza de Rolando López. En medio del abrumador auge por las consolas que invadió su adolescencia, la idea, lejos de estar madura, fue calificada por los dirigentes de las compañías a las que se atrevió a ir a tocar las puertas como una locura. Entonces, con el paso de los años y tras haber servido en la Policía Nacional, trabajado en un banco y en una ferretería y además de formarse en el área administrativa, pudo esbozar su proyecto en un plan empresarial mucho más serio.

Sin embargo, no hubo una sola empresa que apoyara económicamente la iniciativa sin antes ver resultados productivos. Así que no tuvo otra opción diferente a meterse de lleno a trabajar en ella por cuenta propia, con unos cuantos ahorros y el soporte monetario de su familia y la de su prometida, Ángela Ariza, su única socia.

Los planes de la pareja son ambiciosos. Dentro de sus aspiraciones está la de convertirse en el centro de entretenimiento número uno de Bogotá para el año 2010. Saben que el éxito atraería a los patrocinadores, y por ello no ven descabellada la opción de abrir más locales en diferentes zonas de Bogotá y en otras ciudades del país.    

Lo que sigue en el plan de la pareja es trabajo. Saben que lo que se les viene a cuestas es fuerte, de martes a domingo de diez de la mañana a diez de la noche. Aún así, tienen claro que a esto le quieren apostar por el resto de sus vidas.

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