“Soy adicta a la adrenalina”

Olga Castaño lleva 25 años expuesta a una mezcla de amor, peligro y admiración estudiando las serpientes.

Durante 25 años, la profesora Olga Castaño ha mezclado su amor por las serpientes con el peligro que representan. Su trabajo  consiste en estudiar los reptiles a fondo, un trajinar que la ha invitado a hacer múltiples salidas de campo y a enseñar a sus estudiantes las capacidades y las prevenciones que se deben tener al encontrarse con uno de estos animales.

 En el Instituto de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional, ella se ha empeñado en proteger a las culebras, en tratar de hacer entender a las personas que son animales importantes y necesarios en los ecosistemas. Por eso, en entrevista con El Espectador, explica sus razones y habla de los seres vivos que la dejan maravillada.

¿Cómo fue su acercamiento con las serpientes?

Mis inicios fueron en el campo y tuve mucho contacto con los animales cuando viví en Alcalá, Valle. Mi madre no le tenía miedo a las serpientes, sabía diferenciar las venenosas de las no venenosas y podía incluso tenerlas en las manos. Por eso me crié con mucha admiración y sin ningún tipo de temor hacia ellas.

¿Qué es lo que más la seduce de estos animales?

Me encanta su movimiento. Ese cuerpo a primera vista podría parecer inútil, sin embargo logra ser elegante cuando se mueve y su velocidad impresiona. Pienso que las personas que trabajamos con serpientes somos un poco adictas a la adrenalina, porque, de todas maneras, al enfrentarse a un animal venenoso uno se pone nervioso, se puede esperar cualquier cosa. Es como al que le gusta la velocidad.

¿Alguna vez la han mordido?  

!Nunca! Soy muy cuidadosa. Conozco colegas que atrapan serpientes venenosas manualmente. Yo nunca lo hago, siempre utilizo un gancho. Es muy peligroso. Algunas culebras pueden atavesar su propia mandíbula con los colmillos para morder a quien las atrapa.

¿Cómo convencer a la gente de que las serpientes no son malas?

Cada vez que voy al campo me esfuerzo por hacerle entender a las comunidades que no todas son peligrosas, que lo mejor es dejarlas ir. Impartimos talleres y charlas, le explicamos a la gente que es un error matarlas. Sabemos que es probable que eso no tenga efecto. Por eso jamás me enojo con alguien que mata a una serpiente en el campo, por una razón sencilla: me pongo en la ropa del otro y el miedo que puede sentir.

¿Qué le diría a las personas que querrían un mundo sin serpientes?

No puedo imaginarme el mundo sin serpientes. Bueno, sí puede faltar cualquier especie, pero todo un grupo como las serpientes no. Les diría que son animales muy importantes para el medio ambiente, indispensables en la cadena alimenticia.

 Ellas se alimentan de aves, mamíferos y lagartos, y si este alimento falta podría poner en peligro a otros seres vivos. Todos los animales tienen un papel así nos puedan causar daño. Lo importante es cuidarnos de ellos. No hay que verlas con odio, ellas no tienen la culpa.

¿Es lo mismo una serpiente que una culebra?

Sí son lo mismo. Aunque hay unas culebras que se matan con la chequera, esas son las más peligrosas (risas).

 

dalarcon@elespectador.com