Una especie en vía de extinción

Los fumadores tienen prohibido hacerlo en cualquier espacio público. La norma del Ministerio de Protección Social tiene en vilo a consumidores que se quejan de no poder prender un cigarrillo en plena rumba.

Este fin de semana la rumba de Bogotá se trasladó de las discotecas a las calles. Decenas de jóvenes permanecieron sentados a las afueras de algunos de los bares más populares de la capital, fumando y tomando al ritmo de la música que se colaba por entre las puertas de estos lugares, en donde ahora es prohibido encender un cigarrillo.

Manuela García, de 23 años, salió furiosa de Santa, una discoteca ubicada en la Zona T, luego de que los encargados de la seguridad le pidieran apagar su cigarrillo. Indignada prefirió quedarse en el andén con sus amigos, todos fumadores, tomándose unos tragos y disfrutando del vicio que adquirió mientras estaba en el colegio.

A 414 kilómetros de Bogotá, en la capital antioqueña, Paula Mejía protestaba mientras bailaba en una reconocida discoteca del Parque Lleras, por el humo del cigarrillo que se le impregnaba en la ropa y el pelo, y que a veces la hacía sentirse ahogada. “No puedo entender por qué tengo que aguantarme esta situación si ni siquiera soy fumadora”.

Aunque los establecimientos públicos tienen seis meses de plazo para acatar la norma expedida por el Ministerio de Protección Social, que prohíbe fumar en áreas cerradas, algunos bares y restaurantes se arriesgaron a cumplirla desde este fin de semana. La furia de muchos de sus clientes no se hizo esperar, pues se sentían acorralados e incómodos de no poder encender un cigarrillo ni siquiera mientras estaban rumbeando o tomándose unos tragos. En cambio una sensación de alivio y de tranquilidad se apoderó de aquellos que no toleran el humo.

Por su parte, los dueños de algunos establecimientos quedaron preocupados por una posible disminución en sus ventas y porque aún no tienen claro cómo serán sancionados si infringen la norma y permiten que alguna persona encienda un cigarrillo dentro del lugar. Otros ya están buscando los recursos necesarios para adecuar sus bares o discotecas con espacios al aire libre, como terrazas o balcones, que permitan que los fumadores también disfruten de la rumba sin tener que salirse a la calle para encender un cigarrillo.

Camilo Ospina, presidente de Asobares, explica que no está en contra de la tendencia mundial de espacios libres de humo. Sin embargo, reconoce que hay muchos establecimientos que por su tamaño no tienen la posibilidad de contar con una terraza y, por tanto, adecuar un lugar para los fumadores. Esta es una situación aterradora para la concejal Gilma Jiménez, quien sostiene que la solución es que haya lugares especiales para fumadores y otros para no fumadores.

“Tan pronto escuché la noticia de la expedición de la norma me sentí acorralada, excluida y perseguida. Pero cuando pasó el efecto nicotina supe que nos estaban era brindando una opción de bajarle al vicio”, concluye al tiempo que confiesa que nunca iría a una fiesta en la que no se permitiera fumar.

El origen de la norma

La prohibición de fumar en sitios públicos cerrados, entidades de salud, instituciones de educación formal, establecimientos que atiendan menores de edad y medios de transporte de servicio público, oficial y escolar surge luego de que el Gobierno colombiano haya decidido adoptar el Convenio de la Organización Mundial de la Salud para el Control del Tabaco.


Dentro de este acuerdo también se estableció que los propietarios, empleadores y administradores de estos lugares deberán colocar avisos que digan: “Por el bien de su salud, este espacio está libre de humo de cigarrillo o de tabaco”; “Respire con tranquilidad, éste es un espacio libre de humo de tabaco” o “Bienvenido, este es un establecimiento libre de humo de tabaco”.

Lo único que todavía no está claro es cuál será la sanción que recibirán tanto las personas que quebranten la norma como los dueños de los establecimientos. En Bogotá, por ejemplo, de acuerdo con el Código de Policía, el castigo por infringir esta medida sería para los ciudadanos, quienes se verían obligados a abandonar el lugar. Sin embargo, para evitar malentendidos, el próximo miércoles Clara López, secretaria de Gobierno, se reunirá con Asobares para llegar a un acuerdo y establecer mecanismos para lograr que se cumpla la norma sin mayores traumatismos.

Branka Legetic, asesora de la Unidad de Enfermedades No Comunicables de la Organización Panamericana de la Salud, siempre ha cuestionado a los gobiernos latinoamericanos por no adoptar políticas antitabaco que realmente sean efectivas. “De los 36 países del continente americano, sólo 13 establecieron medidas contra el cigarrillo”, enfatiza. No obstante, Carlos Ignacio Cuervo Valencia, viceministro de Salud y Bienestar, ha manifestado abiertamente que esta es una oportunidad para disminuir las enfermedades cardiovasculares que padecen un gran número de colombianos y que, según la Encuesta Nacional de Salud, es el mal del que más están sufriendo los colombianos.

Una medida impopular

Irlanda fue el primer país del mundo que prohibió el cigarrillo en los recintos públicos. A pesar de la polémica que generó esta medida, las ventas de los bares tradicionales no se vieron afectadas y, por el contrario, se triplicaron. La razón, los no fumadores se sintieron atraídos por este tipo de establecimientos libres de humo y empezaron a consumir alimentos (antes sólo pedían licor), porque ya no tenían que soportar el olor del cigarrillo mientras comían.

Precisamente este es uno de los factores que tranquiliza a los dueños de los bares y restaurantes colombianos. Sin embargo, en ciudades como Cali o Medellín la medida genera mucha resistencia, especialmente en la Sultana del Valle, donde sus habitantes apenas comienzan a reponerse de la noticia de que en Juanchito va a imponerse la Ley Zanahoria. Yuri Correa, una joven caleña amante de la rumba, dice furiosa: “No podemos parrandear sino hasta la 1:00 de la mañana y ahora tampoco podemos fumar mientras nos tomamos unos tragos o estamos de fiesta. ¿Qué es esto, el país de las prohibiciones?”

El representante a la Cámara Germán Navas Talero también manifiesta su malestar por esta norma. “Yo fumo, mi mujer fuma pero ni mis tres hijos ni mis nietos lo hacen y tampoco lo harán así exista o no esta prohibición. Pero como este es un país de extremos, quieren que uno no fume ni en su casa”.

Lo cierto es que a partir de noviembre los fumadores tendrán que acostumbrarse a salir a comer, a rumbear o a tomarse unos tragos sin fumar. Sólo podrán hacerlo en aquellos establecimientos que decidan adecuarles un lugar especial para que puedan disfrutar de su vicio. Y aunque las personas que no fuman se sienten satisfechas por esta medida que consideran justa y necesaria por el bienestar de todos, este fin de semana se demostró, por lo menos en Bogotá, que no será fácil su cumplimiento, pues muchos bares no están dispuestos a perder las ganancias que obtienen con las ventas de cigarrillos y los fumadores tampoco quieren seguir siendo excluidos.

últimas noticias

El café y las montañas