La otra cara del botox

El producto más usado para combatir las arrugas ahora está siendo empleado por los médicos para aliviar afecciones como el dolor de espalda, el bruxismo y la jaqueca.

Para la migraña, botox. Para los problemas en las cuerdas vocales, botox. Para los espasmos, botox. Para los tics, botox. Y, claro, para las arrugas: botox. La poderosa toxina, derivada del botulismo (una enfermedad que paralisa los músculos y puede causar la muerte), es uno de los productos preferidos por los famosos y por aquellas personas que se resisten a aceptar el paso del tiempo, el deterioro corporal inherente a la vejez. Sin embargo, más allá de la belleza, este producto ha  comenzado a  probar su eficacia para combatir afecciones más cercanas a la salud que a la vanidad.

La controversial toxina fue descubierta en los años setenta por el oftalmólogo estadounidense Alan Scott, quien encontró que este compuesto actuaba como una especie de dardo que paraliza las funciones químicas de ciertos músculos y glándulas, reduciendo así su actividad. El doctor Scott empezó a usarlo en pacientes que sufrían de estrabismo y quedó impresionado con los resultados.

El éxito fue tal que unos años después, en 1989, Allergan, un laboratorio farmacéutico de Estados Unidos, compró la droga que originalmente se llamó Oculinum, y comenzó a producirla bajo el nombre de botox. En la actualidad, este procedimiento estético se ha convertido en el más usado para contrarrestar los efectos del envejecimiento.

Sin embargo, dada su efectividad, un grupo de médicos alrededor del mundo ha empezado a emplearlo para aliviar males que van desde intensas migrañas y problemas dentales, hasta fisuras anales. “En Colombia, el botox también es usado para tratamientos de estrabismo, parálisis de los miembros inferiores y en las cuerdas vocales, así como para curar tics en los párpados”, afirma Felipe Coiffman, cirujano plástico y profesor emérito de la Universidad Nacional, quien también advierte que el abuso de esta toxina, como sucede con cualquier otra sustancia, puede llegar a producir un paro respiratorio.

Por su parte, el cirujano Luis Pavajeau Muñoz, miembro de la Sociedad Colombiana de Cirugía Plástica, añade que la toxina también se emplea para la hiperidrosis (que consiste en una sudoración excesiva de las manos, el rostro y las axilas), la tortícolis y los espasmos musculares mediante la aplicación directa en la zona afectada. David E. I. Pyott, presidente de Allergan, el laboratorio que produce el botox, explica que “los usos terapéuticos de esta sustancia serán cada vez más grandes que los cosméticos”, pues las ventas del producto estrella de esta compañía superaron, sólo el año pasado, el billón de dólares.

Ante la creciente aceptación que la toxina ha tenido entre la comunidad médica, algunos se han atrevido a señalar los riesgos y problemas de emplear este agente paralizante para usos que aún no han sido aprobados por los gobiernos y que no están respaldados por estudios ni pruebas clínicas.

Sidney M. Wolfe, director del Grupo de Investigación en Salud Public Citizen en Estados Unidos, advierte sobre los peligros de experimentar libremente con esta toxina: “Es emplear el método de ensayo y error con una sustancia que paraliza los nervios”. La preocupación de científicos como Wolfe crece cada día especialmente en Estados Unidos, uno de los países donde mejor se vende el botox y en el cual los doctores pueden aplicarlo para tratamientos que aún no han sido aprobados por la FDA, pero que, a juicio del profesional, pueden resultar efectivos para aliviar las dolencias de sus pacientes.

Usos aprobados del botox

En Estados Unidos, hasta ahora el botox ha sido aprobado por la Federal Drug Administration (FDA) para cuatro tratamientos: arrugas, tics en los párpados, contracciones de los músculos del cuello y sudoración extrema de las axilas. Asimismo, hay tres usos más que se encuentran en pruebas clínicas: migrañas crónicas, vejiga hiperactiva y agrandamiento benigno de la próstata.

En otros países, el botox ha sido autorizado para cerca de 16 tratamientos diferentes, que incluyen problemas en el esófago, dolores en la espalda y el cuello, así como desórdenes en las cuerdas vocales y en los nervios del cráneo.

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