Milagro colombiano en Togo

El geólogo bogotano Fredy Alexánder Peña encontró agua en este pobre país africano.

Fredy Peña estudió secundaria en el colegio Juan Evangelista Gómez, de Bogotá. Ahora reparte su tiempo entre la docencia en Europa y el apoyo a las comunidades africanas en países como Togo. Cortesía

África es una paradoja, y a Fredy Alexánder Peña le tocó aprenderlo desde que pisó suelo togolés.  Por encargo de Geólogos sin Fronteras lleva ya cuatro meses buscando agua en este pequeño país subsahariano, en el que ha encontrado juntos los males que conocía y algunos que jamás vivió: la corrupción política de su Colombia natal, el racismo de la Europa en que se educó y la pobreza de la Uzbequistán de sus primeros trabajos de campo. El sida afecta al 4,1% de la población y es una verdadera tragedia, como la que vio en Ghana.

Pero el verdadero mal es el de la sequía. Miles de personas pasan días sin consumir líquido por vivir en zonas en las que no lo hay. ¿Cargaría usted 50 litros de agua sobre la cabeza, cubriendo distancias de cinco kilómetros, en pleno sol, sin derecho a probarla porque no es potable? Así viven los togoleses a los que ayuda este  bogotano buscador de agua.

No hay ríos, lagos, ni agua superficial. Llueve, pero el líquido no se puede represar. “Ni la topografía ni la democracia le son favorables a este pueblo olvidado de Dios”, le oyó decir Peña al sacerdote alemán que los acogió a él y otros 14 cooperantes extranjeros. Su misión era garantizar el abastecimiento para los pueblos vecinos de Lomé, la capital. Cada uno tiene cerca de 3.000 sedientos habitantes, mientras que en Lomé hay hoteles con piscina para los turistas extranjeros. Fuera de la ciudad, en la zona donde están Peña y su equipo, tampoco hay acueductos, electricidad ni carreteras. Sólo senderos secos por los que van y vienen las negras figuras de las togolesas en peregrinación hacia los aljibes. Todos los caminos conducen al agua.

Tan difícil como hallar reservas aptas para consumo humano es conseguir recursos para ponerlas al alcance de todos. Los geólogos tocaron las puertas de España, Italia y una donante particular antes de viajar hacia Togo. Tras varios intentos fallidos hallaron por fin un manantial subterráneo a 120 kilómetros de la capital, perforaron una y otra vez, bombearon con plantas alimentadas de energía solar y ya surten a 3.000 personas con dos pozos.

Es una reserva suficiente para quienes no viven lejos. Pero Togo tiene 5,7 millones de habitantes y por falta de agua la mayoría es víctima de enfermedades como la malaria. El mismo Peña, de 33 años, sufrió una por consumir agua togolesa. Tan pronto se paró de la cama volvió a la exploración de suelos y a la distribución de filtros para reducir los microorganismos que beben los togoleses. Los que tienen algo para beber.

En un país con tanto desgobierno y en el que el salario mínimo es tres veces menor que el colombiano es mucho lo que hay por hacer para evitar que sus niños estén entre los 10.000 que mueren a diario en el planeta por enfermedades relacionadas con la falta de agua. Es difícil menguar esa tragedia, pero al menos por ahora las togolesas de la zona donde trabaja Peña no tendrán que hacer recorridos tan arduos a cambio de un agua insalubre. Ahora sólo los harán para buscar la leña con la que cocina el 90% de la población del país.

Un país sin agua y sin gobierno

Togo es un país pequeño de África occidental. Tiene 56 mil kilómetros cuadrados (es más pequeño que el departamento de Antioquia)  y ocupa el puesto 139 en el índice de desarrollo humano de la ONU, entre 173 naciones.

Estuvo bajo control alemán y luego fue colonia francesa, hasta 1960. El próximo martes celebrará sus 49 años de independencia, durante los cuales ha sufrido cuatro golpes de Estado por parte de los militares, quienes han gobernado al país durante todo este tiempo. Gnassingbé Eyadémam fue el presidente durante 25 años y lo sucedió su hijo Faure.

“Estamos más cerca de África que de los europeos”: Peña

Fredy Alexánder Peña nació en Bogotá hace 33 años y siempre quiso ser geólogo. De un humilde sector del sur de Bogotá, estudió topografía en la Universidad Distrital y luego de graduarse ingresó a la U. Nacional, en donde se tituló como geólogo.

Adelantó estudios de posgrado en la U. de Milano (Italia) y luego hizo un doctorado sobre problemáticas ambientales y de agua en la Universidad de Tubingen, Alemania, a la cual se vinculó como investigador. Hace cuatro meses trabaja con la ONG ítalo-española Geólogos sin Fronteras, con la cual viajó a Togo en busca de soluciones a los problemas de agua de ese país subsahariano.

¿En qué se parecen África y Colombia?

En la buena energía, las ganas de bailar, la importancia de la familia, la capacidad para reírse de la pobreza, el arraigo de la doble moral, la conciencia servil (que nos hace creer que los otros son mejores que nosotros) y la historia de la colonización. Estamos más cercanos de África que de los europeos.

¿Y en qué se diferencian?

En la clase de pobreza. Muchos países africanos tienen problemas  por falta de agua, mientras que el 80% de los problemas de agua en A. Latina son por manejo. Colombia es el segundo país con más precipitaciones y no tiene acueductos.

¿Piensa volver algún día a Colombia?

Claro, de hecho decidí venir a África para reencontrarme con esas otras raíces de la Latinoamérica pobre a la que todos queremos apostarle. El problema es que quienes queremos aportarle al país encontramos barreras gigantes como elefantes, según los cuales uno tiene que ser amigo del amigo para poder ayudar.

Lo que más extraña de su país.

El sonido de la música por la calle, el jugo de guanábana, las miradas furtivas de las mujeres, la posibilidad de que haya un lugar con agua en donde pueda meter mis pies. El agua limpia que corre tiene un significado especial en mi imaginario de lo que debe ser un lugar para vivir, y aquí eso no existe.

Un gran reto global.

La desigualdad, la justicia social, el hambre, el agua, la contaminación, la energía que reemplazará al petróleo, la destrucción de las culturas indígenas.

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