Niños con estrella

Desde pequeños aprenden a manejar la fama y a sobrevivir en un medio terriblemente competitivo. Se han presentado casos en los que los padres se aprovechan del talento de sus hijos para ganar dinero.

Desde que era una niña Nancy Pinzón siempre soñó con ser famosa y salir en televisión y en los anuncios de las vallas publicitarias y de las revistas. Sentía que tenía el talento para cautivar al público y seducir a los clientes de las agencias. Salió en un par de comerciales y sus fotos se publicaron en algunos medios de comunicación; sin embargo, no logró alcanzar el reconocimiento que tanto anhelaba.

Cuando su hija Sara cumplió tres años y medio, Nancy pensó que tal vez esa pequeña niña rubia, de ojos grandes color café, sonrisa picarona y sobredosis de espontaneidad podría convertirse en una estrella y sin dudarlo dos veces la llevó a su primer casting. Pasaron semanas. Nunca la llamaron, pero Nancy no se dio por vencida y visitó otra agencia. En tan sólo un par de días recibió la noticia que tanto había esperado: Sara fue escogida para salir en una fotografía, de espaldas, promocionando agua Brisa.

Este tan sólo era el comienzo de una carrera exitosa en el mundo publicitario. Al poco tiempo el teléfono de los Pinzón no paraba de sonar. Y Sara, de cuatro años, debía estudiar casi a diario los parlamentos de memoria, algunos de ellos largos y con palabras muy complicadas, y ensayar durante horas para luego transformarse frente a las cámaras haciendo los gestos y las poses que las empresas deseaban para promocionar sus productos.

Glaxo, Comcel, Crem Helado, Carrefour, Harina Pan, Chocolate Corona, Agua Cristal, Porvenir y Kokoriko fueron algunas de las compañías que escogieron a Sara para anunciar sus artículos. Todos los fines de semana, esta pequeña, que ya casi cumplía los cinco años, debía pasar horas en un estudio de grabación ensayando una y mil veces la escena que debía interpretar hasta que los directores del comercial consideraran que estaba perfecta.

Nancy y Francisco se turnaban para acompañar a su hija y ayudarla a vencer el cansancio que a veces la agobiaba por cuenta de la presión de este trabajo que Sara dice amar con toda su alma y del que su mamá se siente profundamente orgullosa. Sin embargo, se trata de un ambiente demasiado competitivo en el que la apariencia desempeña un papel importante.

Por eso, hay unas edades en las que las agencias no llaman con la misma frecuencia a los niños, casi siempre es entre los 7 y 10 años, cuando comienzan a mudar los dientes, se ponen demasiado delgados y lucen poco agraciados. Johana Caycedo, de la agencia de casting Informa Models, explica que los criterios con los que escogen a los menores dependen de los requisitos que exija el cliente.

“No siempre debe ser un rostro hermoso, es más importante que los niños transmitan y proyecten, que hagan la prueba como se requiere para el comercial”. Además, dice Caycedo: “Lo que miramos es que sea un niño extrovertido, que no sea tímido”. Generalmente, advierte, se hacen casting a partir de los cuatro años. Aunque hay algunas agencias que trabajan con recién nacidos.

Nancy sabe que aunque los criterios de selección no se rijan siempre por la belleza, es importante registrar bien en cámara y en la medida en que Sara sufra los cambios físicos propios del crecimiento habrá una edad en la que su apariencia no le favorezca para este trabajo. Por ejemplo, dice Nancy, cuando le salga acné o le comiencen a crecer los senos. Por eso se ha encargado de explicarle a Sara, quien ya cumplió seis años, que es posible que llegue un momento en el que la fama que ahora la acompaña se disuelva.

Precisamente esto es lo que Mónica Hartmann quiere evitar que le suceda a su nieto Matías Di Sauro, de cinco años, quien ha recibido varias propuestas para salir en comerciales. “Sólo hasta hace unos meses dejamos que fuera el rostro promocional de Alpinito”, cuenta Mónica, quien desde entonces se ha convertido en su mánager, pues tiene el tiempo para acompañarlo a las grabaciones y sesiones fotográficas.

La única condición que la familia Hartmann le puso a Lott Models Management, la agencia de casting en la que está Matías y  también Sara, es que programe las citas los fines de semana o después del horario de colegio, para que no pierda clases. Mónica, al igual que su hija, grabó comerciales cuando era joven e incluso modeló durante años. Y todo indica que Matías heredó la espontaneidad de su mamá y su abuela para expresarse frente a una cámara.

Con el dinero que Matías reciba por los comerciales y las fotos que ha hecho para Alpinito y Johnson & Johnson, Mónica le abrirá una cuenta de ahorros para que aprenda a manejarla. Los Pinzón, en cambio, permiten que Sara se gaste una parte de lo que recibe, que generalmente son entre $1’500.000 y $500.000 por comercial, en el juego o el muñeco que quiera, y el resto lo invierten para asegurar su futuro.


Como Sara y Matías son menores de edad, un adulto debe ser su representante legal, el encargado de firmar los contratos de exclusividad (usualmente éstos son por un año) y de cobrar el cheque. “Me he preocupado por enseñarle a Sara que lo que hace es un trabajo que debe ser remunerado”, cuenta Nancy. Por eso, agrega, es que a ella “no le importa sacrificar horas de sueño o días de descanso cuando tiene que grabar”.

Sueños ajenos

No todos los niños que se dedican al mundo de la publicidad lo hacen porque les gusta o porque sienten que tienen el talento para ello. Muchos van obligados a los casting y graban los comerciales o se toman las fotos presionados por sus padres, quienes ven en sus hijos la posibilidad de cumplir su anhelo de alcanzar la fama y de amasar una pequeña fortuna.

Nancy cuenta que muchas veces ha visto mamás que utilizan a sus niños para ganar dinero. “No trabajan, no hacen nada. Simplemente se dedican a explotar a sus pequeños”. Por eso algunas agencias tienen la asesoría de un psicólogo, quien se encarga de aconsejar a la familia para evitar este tipo de casos.

Precisamente fue esta ambición por el dinero la que llevó al padre de Rubina Alí, una de las protagonistas de la película ¿Quieres ser millonario?, a ofrecer, esta semana, a su hija en adopción a cambio de US$300 mil. “Estoy considerando lo que es mejor para mi familia. Ahora Rubina no es sólo una niña, es especial, ¡es una chica Oscar!”, le dijo Rafig Qureshi al diario inglés News of the World´s, tratando de justificar la crueldad de su comportamiento.

La fama a veces afecta a los padres y a los niños, quienes olvidan el valor de las cosas y terminan actuando y tomando decisiones equivocadas afectando el mundo emocional de los pequeños. La psiquiatra Victoria Pérez explica al respecto que los adultos son el ejemplo para los niños y quienes transmiten el valor de los acontecimientos a sus hijos.

“De nuestras expresiones sacarán conclusiones los niños, por lo cual debemos estar atentos a los mensajes que les damos”. Y en cuanto al manejo del dinero de estas pequeñas estrellas, Pérez asegura que lo mejor es enseñarles a los niños lo que implica el esfuerzo de ganar y ahorrar.

Por su parte, Raquel Arbeláez, gerenta de la agencia de casting Lott Models, asegura que el tema de la fama es algo que tienen que manejar los papás. “Hay muchos que me dicen que no llevan al niño a los casting porque nunca queda”, cuenta Arbeláez ,y explica que esta misma actitud no la tienen los niños. Para ellos el simple hecho de haber grabado, así fuera ensayando, los pone felices y les sube la autoestima.

Para Camilo Mutis, un joven de 17 años que ha hecho desde los 13 comerciales para Bom Bom Bum, Galletas Festival, Postobón, La Constancia, entre otras, el reconocimiento público no es un problema, pues dice que se ve tan diferente en televisión que muchos no lo reconocen y quienes sí lo hacen simplemente lo molestan y le juegan bromas. “La verdad es que es un trabajo a veces cansón, pues hay que repetir la escena cientos de veces hasta que quede perfecta. Claro que el esfuerzo, confiesa Mutis, se ve recompensado cuando mi mamá recoge el cheque”.

Lo cierto es que el rápido reconocimiento que consiguen estos niños muchas veces se convierte en un arma de doble filo, pues la fama de algunos de estos menores suele acabarse pronto, en la medida que crecen y no consiguen mantener las exigencias que requiere esta profesión. Y sólo si saben tolerar la frustración son capaces de salir adelante.

Nancy está convencida de que esa no será la suerte que correrá su pequeña Sara, a quien los publicistas y directores de los comerciales le dicen  La diva. De hecho, esta mamá y su esposo están tan contentos con los logros que ha alcanzado su niña que ya comenzaron a llevar a Juan Pablo, su otro hijo de dos años, a que hiciera sus primeros casting.

 Fotos y testimonios hechos con la autorización de los padres.

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