La vida sexual después de un ataque cardíaco

Cambios de humor, temor por la salud y pérdida del deseo se entremezclan para afectar la sexualidad de los infartados. Investigadores irlandeses hacen recomendaciones.

La lista de recomendaciones con la que regresan a casa los pacientes que han sufrido un infarto puede resultar agobiante: no fume, no coma grasas, modere la actividad física, evite el estrés, hágase chequeos periódicos, regule los niveles de colesterol y triglicéridos, no deje de tomar los medicamentos. Y como premio de consolación: ¡puede consumir unas copitas al día, pero no abuse del alcohol!

Entre tantas advertencias, muchas veces queda sin respuesta una pregunta que inquieta a todos los pacientes: ¿y qué va a pasar con mi vida sexual?

En algunos estudios se ha observado que en pacientes cardiacos, el 97% de los varones y el 82% de las mujeres no se consideran bien informados con respecto a los aspectos sexuales de su enfermedad. Otro, realizado años atrás, reveló que el 39% de los pacientes que reanudaron su actividad sexual después de un infarto habían presentado alguna angina inestable, 16% sufrieron de disfunción eréctil, un 25% tenía problemas para hablar del tema y en 4% el deseo se esfumó.

Con la intención de conocer más a fondo este tema, espinoso y un tabú para algunos, un grupo de investigadores irlandeses de la Escuela de Enfermería de la Universidad de Ulster encuestó a 16 matrimonios, de distintas edades, en los que alguno de sus miembros había sufrido un infarto.

¿Esposa o enfermera?

“No vuelve a ser una relación de esposa y marido”, confesó uno de los pacientes encuestados, “se convierte en una relación de paciente y enfermera”. Otro dijo: “Ahora la quiero como a una amiga más que como a una esposa”. Una mujer de 57 años comentó que después del infarto perdió el interés en la moda, en maquillarse, en cómo lucía su pelo. Todos coincidieron en que se volvieron irritables, malgeniados, intolerantes y ansiosos. Todos temían un segundo infarto si tenían relaciones sexuales.

Assumpta Ryan, de la Universidad de Ulster y quien estuvo al frente de la encuesta, concluyó que “no hay ninguna duda de que un infarto tiene un profundo efecto en las relaciones. Nuestra investigación mostró muchos de los aspectos físicos, psicológicos, sociales y emocionales afectados”.

La buena noticia es que no se trata de dificultades infranqueables. En eso coinciden las investigadoras irlandesas con otros expertos en salud cardiovascular, que creen que con un poco de paciencia y una adecuada rehabilitación los pacientes pueden volver a tener una vida sexual plena.

Las expertas creen que el personal médico y de salud juega un rol muy importante en esta tarea de acompañamiento y sugieren brindar asesoría a la pareja y no sólo al paciente infartado.

Respetar el tiempo de recuperación, retomar la vida sexual gradualmente, no mantener relaciones luego de alguna tarea extenuante o comidas copiosas, y consultar con el médico la posibilidad de tomar medicamentos como el viagra en caso de disfunción sexual, son algunos de las recomendaciones que se hace a estos pacientes.

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