Al corazón de la aventura

Aunque se formó profesionalmente como ingeniero agrónomo, prefirió dedicar su vida a cazar ballenas, recorrer los Andes en un camión y explorar el Amazonas colombiano. Su espíritu indomable lo convirtió en una leyenda.

En sus ojos brilla la chispa de la aventura. El deseo insaciable de enfrentarse a lo desconocido, de redescubrir las tierras americanas que habitan las culturas indígenas desde hace miles de años, de poder descifrar los ruidos y silencios de las selvas del Amazonas y comprender los cantos de las ballenas. A sus 77 años de edad, Miguel de la Quadra Salcedo está más lleno de vitalidad que nunca, no parece sentir el cansancio de sus largas y extenuantes caminatas recorriendo Asia e Iberoamérica. Por el contrario, su cuerpo y alma están cargados de energía para enseñarle a una nueva generación de jóvenes los secretos de un sobreviviente.

Cuando cumplió cuatro años de edad abandonó Madrid, su ciudad natal, para trasladarse con sus padres a Pamplona. A pesar de haberse formado profesionalmente como ingeniero agrónomo, sus primeros años de adolescencia los dedicó al deporte. Se especializó en el lanzamiento de martillo, disco y jabalina. Entrenaba con una gran dedicación y pronto se convirtió en un reconocido atleta español.

En 1960 participó en los Juegos Olímpicos de Roma y asombró al planeta al batir la plusmarca mundial de jabalina con una nueva técnica de lanzamiento. Sin embargo, la peligrosidad de su estilo —que no estaba contemplado dentro del reglamento—, impidió que su récord fuera avalado. Un triunfo que de todas formas marcó el comienzo de una vida llena de reconocimientos y el fin de una carrera deportiva. Inspirado en la historia de Moby Dick y los relatos de Gonzalo Fernández de Oviedo, quien viajó a América junto a Núñez de Balboa, decidió emprender la primera de sus aventuras y viajó al Amazonas colombiano.

Durante cuatro años caminó las selvas y visitó comunidades indígenas. Con una mochila al hombro, la ropa necesaria y la valentía e intrepidez propia de la juventud exploró los parajes más inhóspitos, cruzó ríos de aguas turbulentas y se enfrentó a feroces animales. Pero además realizó un valioso trabajo de etnobotánica, mediante el cual pudo establecer el aprovechamiento que le daban a los diferentes tipos de plantas las tribus que habitan en el Amazonas.

Al regresar a España esta labor cautivó la atención de los directivos de Televisión Española, quienes lo contrataron como reportero. Su primer trabajo fue cubrir la guerra civil que se desató en el Congo (África). En medio del sofocante calor y los ríos de sangre que cubrían este lugar, logró captar las crudas imágenes del fusilamiento de 300 prisioneros. Una exclusiva periodística que casi le cuesta la vida, pues lo capturaron antes de que pudiera escapar del sitio para mandar lo que había grabado y las autoridades lo condenaron a muerte.

De la Quadra recuerda que en ese momento lo único que le importaba era conseguir que el médico del campamento en el que él se había quedado lograra esconder la cámara con la que había grabado los fusilamientos. Finalmente consiguió escapar y regresar a su país. A pesar del susto que pasó, siguió realizando reportajes cada vez más arriesgados. Estuvo en Vietnam, fue testigo del golpe militar y la muerte del presidente chileno Salvador Allende, entrevistó al hermano del Che Guevara y al Dalai Lama, y tuvo el placer de compartir 15 días al lado del poeta Pablo Neruda.

También recorrió los Andes manejando un camión “y viajé con unos balleneros y cazamos 40 cachalotes. Estaba viviendo las aventuras que leí en mis libros favoritos cuando era joven”, recuerda De la Quadra con una sonrisa. En medio de sus travesías por territorios desconocidos encontró el amor. Se casó con Marisol Arzumendi en Tokio después de haber caminado 20.000 kilómetros por Asia y luego regresó a su país para formar una familia.

Maestro de la juventud

En 1979 De la Quadra recibió una petición muy especial por parte del rey Juan Carlos de España: organizar un evento para conmemorar el quinto centenario del Descubrimiento de América. Convencido del potencial de las nuevas generaciones y fascinado por los lugares y las personas que había conocido durante sus viajes a nuestro continente, le propuso a su majestad crear una ruta de jóvenes expedicionarios que recorrieran territorios tanto españoles como americanos.

Al comienzo se escogían cerca de 70 adolescentes, entre los 16 y 17 años, de diferentes países del mundo. De la Quadra los guiaba durante semanas por selvas, desiertos, ríos y montañas. Con una mochila en la que solamente podían llevar lo necesario para sobrevivir, los jóvenes debían enfrentar los desafíos de un explorador al tiempo que conocían la historia de cada uno de los lugares que visitaban. El éxito de la Ruta Quetzal hizo que rápidamente creciera el número de participantes a 270. Perú, México y  Panamá fueron algunos de los destinos de la travesía.

Este año el viaje incluyó la costa mediterránea española y Chile. Pero la edad ya no le permite a De la Quadra acompañar todo el tiempo a los exploradores. De vez en cuando aparece en alguna de las caminatas, las charlas académicas, en el campamento o durante la comida. Su presencia evoca un profundo respeto, cada una de sus palabras representa la sabiduría de un gran y noble aventurero. “Nunca en la vida he querido tirar la toalla en alguno de mis viajes. Moriré con las botas puestas”.

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