Terapia de las emociones

Reinsertados y víctimas de minas antipersona, entre otros, liberan su dolor mediante una práctica que combina el diálogo con el trabajo corporal y del inconsciente.

Las huellas de la guerra quedan impresas en el cuerpo y el alma de víctimas y victimarios. No importa cuánto tiempo pase, los recuerdos de aquellos episodios horrendos en los que las balas, la sangre y la muerte eran los protagonistas siempre estarán en la mente de quienes sufrieron ese dolor en carne propia. Sin embargo, estas personas no están destinadas a no poder dormir tranquilas, a sentirse ansiosas constantemente o a petrificarse cada vez que piensan en lo que sucedió.

Desde hace siete años existe en Bogotá un centro de sanación llamado Sasana, en el que un grupo interdisciplinario de psicólogos y especialistas en arteterapia o psicoterapia centrada en el cuerpo trabajan con reinsertados, militares que ya no están en el campo de batalla y víctimas de la violencia para ayudarlos a superar sus traumas. El proceso depende de cada caso, pero generalmente se tarda más de tres meses.

Durante este tiempo el paciente asiste varias veces por semana a sesiones enfocadas en permitirle liberar sus emociones mediante ejercicios corporales y la elaboración de dibujos, figuras con arcilla, trabajos en plastilina o cuadros en óleo. Este tipo de ejercicios permiten fortalecer el crecimiento interior del paciente, que su inconsciente se exprese y que desarrolle una conciencia sobre su propio cuerpo.

Además, el terapeuta debe descubrir mediante los gestos corporales o los movimientos que realiza inconscientemente la persona durante la actividad, exactamente dónde está el problema y cuáles son los aspectos que se deben trabajar. Milena Acosta, psicóloga de la Universidad de los Andes, especialista en psicoterapia transpersonal y directora de Sasana, explica que esto se puede detectar a través del tono de la voz. Por ejemplo, si la persona baja el tono o su voz se entrecorta cuando habla de su trabajo es evidente que hay un problema.

La respiración también es un elemento clave en estos casos. Cada vez que el paciente habla de algún suceso y de pronto se queda suspendido, sin inhalar o exhalar, o comienza a narrar alguna situación como si se estuviera ahogando, el terapeuta sabe que se trata de un aspecto en el que hay que intervenir. Para ello se combina la psicoterapia tradicional, en la que la persona sostiene un diálogo con su terapeuta, con una serie de ejercicios con el cuerpo que buscan liberar las tensiones y relajar los músculos.

“Lo importante es que entre cada sesión el paciente puede decantar lo que le está sucediendo y ser consciente del lenguaje de su cuerpo”, explica Acosta, quien semanalmente atiende entre 12 y 30 personas de diferentes edades, incluyendo niños que han sido abandonados por sus padres y se encuentran viviendo temporalmente en alguna fundación.

En Sasana también se ofrecen cursos y diplomados para personas que quieran trabajar en su crecimiento espiritual. Este 6 de agosto, por ejemplo, comienza un taller sobre el manejo del estrés postraumático que dictará Christine Caldwell, una psicóloga estadounidense experta en la terapia centrada en el cuerpo. Aunque para la mayoría de pacientes el recuerdo de los sucesos traumáticos que vivieron nunca podrá ser borrado de su memoria, aprenden a manejar el dolor que éste les causa, a vivir de una manera más tranquila y a estar en paz consigo mismos.

Los secretos de la arteterapia

Vivir un proceso de duelo por la pérdida de un ser querido, superar un trauma generado por algún evento violento o fortalecer el espíritu son situaciones que pueden trabajarse mediante una terapia que utiliza el arte como herramienta para lograr que la persona libere sus emociones, tensiones y dolores hasta volver a recuperar el curso de su cotidianidad.

Son sesiones de una hora en las que el paciente garabatea sobre un papel con pinceles, pasteles o colores. A su lado, un arteterapeuta se encarga de guiar la actividad, a veces en silencio, a veces sosteniendo un cálido diálogo en el que intenta concientizar al paciente de los objetivos que debe alcanzar con este tratamiento.

msuarez@elespectador.com

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