Ecoturismo: nuevos destinos, otros caminos

Raspadores de coca han encontrado en él una alternativa viable de trabajo.

Hoy, Zunilda San Martín  es la dueña de su propio negocio. Bueno, en realidad antes también lo era. La diferencia es que el de ahora es legal. “Vivo más tranquila”, dice con una sonrisa. (¿Será la felicidad que otorga la calma lo que aflora en ella?). Esta mujer, madre de siete hijos, hace unos cuatro años era una trabajadora más que juiciosamente raspaba la hoja de coca en alguna de las muchas hectáreas sembradas que existían en las estribaciones de la Sierra Nevada de Santa Marta. Una zona que durante cierta época fue la productora de la mejor marihuana del mundo, de acuerdo con los historiadores y consumidores: la Santa Marta Gold.

Pero esa es otra historia. Zunilda atiende hoy una de las cinco posadas ecoturísticas que componen los seis núcleos en los que algunos de los antiguos raspachines administran sitios de alojamiento para turistas nacionales y extranjeros que llegan atraídos por el encanto inminente de la Sierra. Las posadas, que son una iniciativa apoyada por organizaciones ambientales, como la Fundación Natura, y financiada con dineros del Estado, son parte de un proyecto más grande que se ha cocinado lentamente en los alrededores de la Sierra y de Santa Marta, que busca involucrar directamente a los habitantes del sector con el desarrollo turístico de este lugar.

“Queremos que el turista que llegue a Santa Marta descubra que sus atractivos van más allá de la playa, la brisa y el mar. Hay todo un sector inexplorado de turismo de naturaleza que busca aprovechar los recursos locales para ofrecerle al visitante una experiencia diferente, única”, explica Javier Gómez, presidente de la Federación Colombiana de Ecoturismo y Turismo de Aventura.

Una de estas opciones son varias fincas de la zona (siete hasta el momento) que, agrupadas bajo la figura de la Asociación de Fincas Turísticas, brindan alojamiento y divertidos planes turísticos que van desde la observación de flora (como especies vegetales exóticas) y fauna (avistamiento de aves) hasta cabalgatas por senderos que se internan montaña adentro. Las fincas se encuentran ubicadas a no más de 30 minutos del Parque Tayrona, para aquellos que igualmente estén interesados en disfrutar al menos de un día de playa. La meta de Asofintur es seguir creciendo y, en palabras de Gómez, tener 150 camas disponibles para los visitantes. Cabe aclarar que además de las agrupadas en Asofintur también existen otras fincas que prestan estos servicios.

Este tipo de turismo, uno que podría denominarse como atendido por su dueño, es una tendencia que cobra fuerza en todo el territorio nacional, tanto en iniciativas privadas (Asofintur está asociada con Aviatur para la promoción de sus servicios) como públicas. En este segundo renglón resulta interesante un programa impulsado por Parques Nacionales Naturales denominado “Ecoturismo comunitario”, que pretende involucrar a las poblaciones que se encuentran localizadas en cinco parques naturales (El Cocuy, Flamencos, Utría, Iguaque y en el Parque Nacional Corales del Rosario) con el cuidado y la labor operativa del manejo de los visitantes.

Este tipo de turismo personalizado pretende explorar hasta el máximo la riqueza natural que existe en el país y que a veces tiende a pasar inadvertida, a pesar de ser un rico filón para que viajeros y exploradores se internen en locaciones menos convencionales, pero no por eso menos interesantes.