“Que donde yo esté no haya hambre”

Juan Guinart, sacerdote capuchino, ha luchado contra el hambre por más de 50 años.

A sus 74 años, con cabello blanco y una cruz en el pecho, el padre Guinart, rector del Hogar del Niño, institución educativa ubicada en Valledupar, recibió anoche el reconocimiento a toda una vida por la nutrición infantil, otorgado por la Fundación Éxito en el Gun Club de Bogotá.

Juan Guinart es testimonio viviente de la Guerra Civil Española, en la que apenas siendo un niño presenció la muerte, la pobreza y la desolación. Desde entonces supo que su vocación estaba en la religión y encontró en las enseñanzas de San Francisco de Asís, aquel humilde hombre que lo dejó todo para ayudar a los pobres, la guía para su vida.

Se formó como sacerdote con los padres capuchinos en España y hace 48 años llegó al país dispuesto a combatir el hambre, algo que nunca conoció gracias a un cultivo de trigo en la casa de sus abuelos con el que preparaban pan durante la guerra.

En ese momento, la alimentación y la educación empezaron a ser el eje de su trabajo, pero su labor no sólo consiste en dar pan al que no tiene. “Este trabajo implica enseñar a comer a los niños, coger bien la cuchara, sentarse en la silla correctamente, no botar la comida y, a quienes no están acostumbrados, tomarle gusto a alimentos como la carne y la leche. A veces es difícil, pero como dice el padre Juan: con amor todo se ve mejor”.

Este padre no ha dejado de trabajar. Ha recorrido a lomo de mula o a pie, de día y de noche, de punta a punta, el territorio nacional para llevar la palabra de Dios y levantar obras. Por ejemplo, en la Sierra Nevada de Santa Marta y en la Serranía del Perijá se han construido 27 escuelas, un hospital, varios internados y puestos misionales.

Actualmente es rector del Hogar del Niño y a través de comedores desarrolla programas de nutrición para más de 300 niños, a quienes se suman 50 más de la comunidad Nabusímake, en la Sierra Nevada de Santa Marta. Allí, después de los niños, comienzan a llegar ancianos, desplazados y habitantes de la calle que ven en la caridad del padre Juan una oportunidad para no morir de hambre.