Sonia Quintero recibió el Premio a la Mujer Cafam

Desde los 13 años, esta cuyabra de corazón noble se ha dedicado a rescatar menores de las calles de Armenia.

Después de contraer matrimonio cuando tan sólo era una niña de 13 años y de montar un lavadero de carros en Armenia, Sonia Quintero se conmovió con los rostros hambrientos y tristes de los niños, algunos más grandes y otros más pequeños que ella, que deambulaban en frente de su negocio mendigando un trozo de pan o pasando la traba del bóxer.

La impactaron tanto estas imágenes que decidió ayudarlos no sólo a saciar su apetito sino a volver a quererse a sí mismos y a recuperar el entusiasmo por la vida y las ganas de estudiar. Con el paso del tiempo y gracias a la ayuda de su familia, Sonia Quintero logró cumplir su sueño de convertirse en educadora y de abrir un hogar para estos niños de la calle. A través de un plan padrino, que consiste en que una persona “adopta” a uno de estos menores y asume el compromiso de pagar $50.000 anuales por su alimentación, sumados al costo del uniforme y de los útiles escolares, Quintero ha logrado que más de 350 menores indigentes regresen a la escuela y retomen el curso de sus vidas.

En algunos casos consiguió encontrar a sus padres o familiares y en otros tuvo que hacerse cargo por un tiempo de aquellos niños abandonados y muchas veces víctimas de la violencia y el abuso sexual, quienes finalmente, con la ayuda del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, encuentran un nuevo hogar. Muchos de estos pequeños hoy en día son adultos y trabajan con Quintero rescatando y resocializando a menores que como ellos sufrieron las inclemencias de la vida de la calle.

Una sacrificada y valiosa labor que durante todos estos años Quintero ha liderado en silencio y que ayer, finalmente, se dio a conocer a todo el país cuando recibió el Premio a la Mujer Cafam. Un reconocimiento que la llenó de fortaleza para continuar recorriendo las calles de su ciudad natal y salvando física y espiritualmente a cientos de niños que aprendió a querer como si fueran sus hijos.

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