‘Slow parenting’ o una educación más relajada

En Estados Unidos y Europa cobra fuerza un movimiento que promueve modelos educativos menos exigentes con los menores.

Música clásica mientras toman tetero. Clases de mandarín desde los dos años. Consultas con psicólogos para evaluar el coeficiente intelectual. Práctica de natación, fútbol o ballet con estrictos horarios. Por más de dos décadas los padres de familia han sido bombardeados con la idea de que sus hijos no deben desperdiciar una hora de su tiempo si quieren triunfar en un mundo globalizado.

Pero las cosas comienzan a cambiar. En Estados Unidos y Europa cobra fuerza lo que algunos llaman slow parenting, una tendencia educativa que aboga por el fin de la sobreprotección paterna y la competitividad a cambio de una forma más relajada de afrontar la vida familiar.

“La sobreprotección y las constantes actividades están bien hasta cierto punto”, dijo a la agencia EFE Ashley Merryman, coautora del best seller sobre educación The Nurture Shock, “el problema está en que no les damos la oportunidad de fallar o equivocarse porque lo planeamos todo”.

Merryman, al igual que otros pedagogos, argumenta que las técnicas educativas promovidas por la filosofía de la estimulación desde las primeras etapas de la vida son erróneas. Sostienen que la constante alabanza de las virtudes de los menores, con la que se pretenden elevar su autoestima, en realidad corren el riesgo de producir el efecto contrario.

“Estamos apoyando el fracaso”, es la explicación que ofrece Merryman a la luz de algunos experimentos científicos, según los cuales aquellos niños que sólo escuchan alabanzas se vuelven adictos a ellas, desarrollan un temor al fracaso y eluden tareas exigentes y difíciles.

Una de las pruebas esgrimidas por los defensores del slow parenting, como el psiquiatra Stuart Brown, es el caso de los ingenieros del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la Nasa. Hace un tiempo, los gerentes de este centro de innovación notaron que sus ingenieros más jóvenes tenían más dificultades que los mayores a la hora de resolver problemas y situaciones inesperadas, a pesar de que sus notas de la universidad eran impresionantes.

Luego de analizar el curioso fenómeno descubrieron que la explicación podría estar en la infancia de unos y otros. Mientras los ingenieros de más edad sencillamente habían tenido más tiempo para jugar siendo niños, los demás habían sido sometidos a una educación más competitiva en la que el miedo al fracaso era mayor.

¿Fracasaron quienes apostaron por el modelo de educación sobreprotector? Merryman no cree que se trate de un error de la sociedad en su conjunto, “pero sí es cierto que las consecuencias de la sobreprotección paterna van a empezar a aparecer en algunos niños de hoy cuando lleguen a la edad adulta”.

Una de las razones para el resurgimiento de esta tendencia sería la crisis económica, que ha obligado a los padres a cancelar actividades extras de sus hijos, lo que les ha permitido notar algunas de las ventajas de tomarse la educación con más calma.

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