Divorciarse a los 70 años, ¿por qué no?

La mayor convivencia tras la jubilación conduce a las parejas menos estables a la ruptura conyugal.

Son cada vez más. El aumento de la esperanza de vida, la convivencia obligada de los jubilados y una fe inquebrantable en el amor romántico hacen que año tras año ciudadanos con los 70 ya cumplidos se planten ante el juzgado con una demanda de divorcio.

¿Qué lleva a un hombre o a una mujer a decir adiós a medio siglo de matrimonio y afrontar una realidad incierta en el último tramo de sus vidas? Los expertos aseguran que hay notables diferencias de género en la decisión. Si bien a unos y a otras les une el deseo de vivir sus últimos años manteniendo a raya el fantasma de la infelicidad, en general, las mujeres buscan tranquilidad; los hombres, muchos, alegría para el cuerpo -la Viagra hace milagros- y compañía para la mente.

"Sí, quiero tener una novia. Primero, la salud y el nuevo apartamento pagado, y después una mujer, que la soledad es muy mala", dice Jesús del Valle, un jubilado con un recuerdo amargo de sus casi 30 años de matrimonio, del que no se atrevía a salir porque divorciarse, a su edad y en un pueblo pequeño de España, estaba mal visto.

"Aguanté porque no me atrevía a decirle a mi hermana que quería separarme. Ella es muy tradicional, y en el pueblo, eso de romper matrimonios... miraban casi como a un criminal", reflexiona este ex empleado de Peugeot.

Del Valle se atrevió a dar el paso cuando la convivencia se volvió tan imposible que su deseo de escapar superó el miedo a las habladurías. La esposa se afilió a una religión minoritaria y le negaba la palabra y la comida cuando él iba a misa por una boda o a las procesiones de Semana Santa.

Ahora dice que los bailes de jubilados son más animados, y que de allí, probablemente, saldrá su nueva pareja. "O si no, buscaré en Internet", comenta esperanzado después de que un amigo, también sexagenario, encontró novia chateando por la Red.

Las mujeres, al menos en su mayoría, no caminan en esa dirección. Ellas se divorcian para librarse de un marido mezquino o, en el peor de los casos, de un maltratador. Y no suelen plantearse nuevas relaciones, sino disfrutar más de sí mismas y de sus hijos y nietos. "Como por su edad han asumido casi en solitario la crianza de los hijos, estar con ellos, aunque sólo sea los domingos a comer o hacer de canguro de vez en cuando les resulta muy gratificante", apunta Charo García, abogada de familia.

Altamira Gonzalo, la presidenta de la Asociación de Mujeres Juristas Themis, cree que  "las mujeres mayores decididas a separarse suelen llegar ante el abogado y decir: 'Lo único que quiero es que me dejen en paz. No soporto vivir ni un día más teniendo que dar explicaciones por todo lo que hago, ni siquiera aguanto tener que tragarme el fútbol de la tele".

Lo que quiere la mujer", añade Altamira Gonzalo, "es quitarse una losa de encima, salir de un encierro que la asfixia ahora que los hijos ya están independizados. Pero eso la mayoría de los hombres no lo entiende".

Las tensiones, disimuladas a lo largo de años por la presencia de los hijos en el hogar y porque la actividad laboral les permitía a ambos descansar unas cuantas horas al día de la presencia mutua, saltan en pedazos cuando uno de los dos se jubila, generalmente el varón.

Según la estadística oficial, durante 2008 se divorciaron 12.991 españoles de este tramo de edad, cuando en 2005, por ejemplo, apenas sobrepasaban los 10.000.

Muchos maridos buscan incansablemente amores tardíos, y en muchas ocasiones los encuentran y su vejez se convierte en una etapa plácida y sexualmente activa. Pero también los hay que caen en relaciones imposibles, víctimas de una cierta ingenuidad, cuando no ceguera, o tal vez impulsados por simple vanidad.

María José Varela, abogada barcelonesa con 30 años de experiencia profesional, cuenta: "Esta semana ha venido al despacho un señor de 70 años casado en terceras nupcias con una latinoamericana treintañera. Se casó con ella en su país y la trajo a España con la reagrupación familiar. Ahora que ya está aquí y tiene derecho a una parte de su patrimonio, se ha buscado un abogado y le ha pedido el divorcio. El anciano está hecho polvo. Y sorprendidísimo".

La abogada matrimonialista Charo García conoce bien estos casos. En ocasiones, hasta extremos dramáticos: "Uno de mis clientes mayores, casado con una chica inmigrante, empezó a notar que su salud empeoraba de manera inexplicable. Un día nos trajo el contenido de la taza de café que su mujer le había servido durante el desayuno. La llevamos a analizar. Contenía amoniaco. Por lo visto, llevaba una temporada con esas prácticas".

Mercedes Hernández Claverie, con 35 años de profesión como abogada matrimonialista, asegura que las uniones legales entre españoles jubilados y extranjeras jóvenes y sin recursos son uniones frecuentes en los despachos. Y rara vez se dan al contrario, española mayor con jovencito, aunque algún caso hay. Ella lo describe con comprensión: "Los hombres saben que es el último tren y no quieren que se les escape. Las mujeres asumen la realidad de otra forma. Son más inmunes a esas quimeras de ansias juveniles. A Alicia (nombre supuesto), la decisión de poner fin a los 63 años a un matrimonio lleno de desprecio y de odio le ha salvado probablemente su vida. Ahora permanece recluida en un centro de acogida de víctimas de la violencia machista y sólo se arrepiente de haber tardado tanto en poner punto final a su desgraciada convivencia de pareja. "Sé exactamente cómo te voy a matar", cuenta que le amenazaba el marido cuando la levantaba por los aires o le rajaba las sábanas con un cuchillo si la veía en la cama durante el día. "Aguanté tanto sufrimiento porque desde pequeñas nos han puesto una mordaza, y en mi generación lo normal era sufrir y callar. Tampoco había estudiado ni trabajado. Estaba perdida y temía por las niñas", dice esta mujer de ojos azules. En cuanto se enteró por la televisión de que existían centros y personas dispuestas a ayudar a las víctimas como ella pidió el divorcio. "Nunca es tarde para cambiar un futuro indeseable. Al final, se recupera la calma", dice.

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