El sanatorio de la Catedral de Sal

Al igual que se hizo en la mina de sal de Wieliczka, en Polonia, en la de Zipaquirá se están construyendo unas cámaras para realizar terapias y tratamientos que alivien a los pacientes con asma o afecciones respiratorias.

Cada año, 510 mil personas de diferentes rincones del planeta descienden 180 metros bajo tierra para visitar una de las joyas arquitectónicas más valiosas de Latinoamérica: la mina de sal de Zipaquirá y su imponente y mágica Catedral. El 40% de estos turistas son extranjeros que llegan seducidos por la historia de este lugar de peregrinación religiosa y por las atracciones que desde hace dos años se han implementado: el muro de escalar, la ruta del minero y los pasajes comerciales de esmeraldas y artesanías.

El próximo año, gracias a una cuantiosa inversión del sector privado y al apoyo de la Alcaldía de la ciudad de Zipaquirá, la Catedral de Sal también cautivará a un nuevo grupo de visitantes, que además de experimentar un momento de oración y recogimiento o de entretención familiar, buscarán aliviarse de las enfermedades respiratorias que los aquejan o por lo menos aminorar sus síntomas.

Se trata de un proyecto que consiste en construir un complejo de cámaras en las que un grupo interdisciplinar de profesionales de la salud, integrado por neumólogos y fisioterapeutas, realizarán terapias respiratorias y ejercicios a los pacientes que sufran de asma o presenten congestión en sus vías respiratorias.

Las personas que así lo deseen podrán quedarse a dormir una o varias noches en la mina, a tan sólo 120 metros de distancia del altar de la Catedral y complementar su tratamiento con un par de horas en el sauna o en las bicicletas estáticas que se instalarán en estas cámaras.

Las obras de adaptación del terreno comenzaron hace tres meses y el alcalde de Zipaquirá, Jorge Enrique González, y el gerente de la Catedral de Sal, William Suárez, están desde entonces en una carrera contra el tiempo para completar los cerca de $10.000 millones que cuesta este ambicioso proyecto. Según sus cálculos, en la Semana Santa de 2011 los turistas no sólo acudirán para participar de las actividades religiosas, sino que muchos se animarán a disfrutar de los servicios de este pequeño complejo de la salud.

La idea, que a muchos les suena descabellada y a otros los entusiasma sobremanera, surgió en junio del año pasado después de que Suárez y González visitarán el sanatorio de la mina de sal de Wieliczka, ubicada al sur de Polonia. Desde hace varios años, cientos de personas acuden a este lugar para beneficiarse de las supuestas bondades terapeúticas de la sal.

Dorota Wodnicka, una de las fisioterapeutas de este programa, asegura que “se observa en los pacientes una mejoría del conjunto de las funciones del sistema respiratorio, su sensación de asfixia disminuye y los niños presentan menos síntomas”.

Este tipo de tratamientos basados en las bondades de la sal comenzaron en la ciudad de Wieliczka en 1826, cuando el médico Feliks Boczkowski creó el primer centro salino, en donde mediante baños de sal decía curar más de 30 males diferentes, entre los que figuraban el asma y el agotamiento.

Estas terapias de sal terminaron cuando Boczkowski murió en 1855 y sólo se reanudaron un siglo después con la apertura del sanatorio en la mina de sal. La neumóloga Marta Rzepecka, una de las médicas que avala este tratamiento, aseguró en una entrevista reciente al periódico Reforma de México, que la medicación y rehabilitación en una mina de sal puede hacer que enfermedades como el asma entren en una fase de remisión, es decir, “en un período sin síntomas en el que los pacientes se sienten mejor y tienen mayor calidad de vida”.

Sin embargo, hasta el momento no se conoce ninguna investigación o estudio científico que dé cuenta de las propiedades de la sal para la salud. El neumólogo Guido Cardona explica que aunque muchos de sus pacientes le cuentan que se sienten más descongestionados y de alguna forma aliviados cuando van a la mina de sal de Zipaquirá, ni él ni sus colegas están seguros de que éste sea un efecto real o simplemente se trate de sugestión.

“Aún no se sabe si el ambiente de sal es más puro, si en estos escenarios realmente los pacientes se destapan o desinflamean. Hemos oído la experiencia de Polonia, pero hasta ahora la evidencia que conocemos es anecdótica y no científica”. Cardona cree que este tipo de tratamientos están más relacionados con la medicina alternativa y le preocupa el hecho de que todavía se desconozca qué pasa con el aire dentro de una mina de sal, en donde también circulan compuestos que podrían ser perjudiciales.

Lo cierto es que de los 8.000 metros que tiene la mina de sal de Zipaquirá, ya se destinaron 4.000 para construir las cámaras (cada una medirá 1.200 metros cuadrados) e implementar una especie de sanatorio similar al de Polonia. Jorge Enrique González advierte que se trata de un proyecto que le traerá a la ciudad ingresos adicionales y que permitirá cautivar una nueva clase de turismo diferente al religioso, el de la salud.

Las terapias de la mina Wieliczka

En el corazón de la mina de sal más antigua del mundo, ubicada a 15 kilómetros de Cracovia, al sur de Polonia, y declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, se encuentra un sanatorio para pacientes con afecciones respiratorias o que sufren de asma.

El tratamiento, que dura una semana, consiste en una serie de ejercicios y juegos con la asesoría de un neumólogo y una fisioterapeuta que ayudan a las personas a controlar mejor su respiración, aprovechando el entorno de la mina.

Marta Rzepecka, una de las neumólogas del programa, explica que el aire de la mina de sal es más saludable para los asmáticos porque allí no tienen contacto con factores alérgicos. El costo del tratamiento es de 500 euros (aproximadamente $1’500.000).

 

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