“Lo que encontré en el cráneo de Hitler”

Así se titula la conferencia en la que el biólogo forense alemán, Mark Beneckle, narra cómo identificaron el cadáver del dictador alemán medio siglo después de su desaparición.

“Supongo que soy un verdadero nerd: gafas, camisa de modelo a cuadros, no radio, no televisión, y por profesión entomólogo forense”, así comienza la descripción que con humor hace de sí mismo  Mark Benecke, el biólogo forense alemán que participó en la investigación de National Geographic Channel para identificar los restos del dictador alemán Adolf Hitler y quien también asesoró a las autoridades colombianas en el caso del asesino en serie Luis Alfredo Garavito.

Invitado por la Universidad de Antioquia como conferencista al Simposio de Entomología Forense —en el que se trató la utilidad de insectos en la investigación criminal— y por Parque Explora, el centro interactivo de ciencia de Medellín, Mark narró anécdotas y secretos de su trabajo como investigador forense.

“Como muchas personas nacidas en Alemania tiempo después de la Segunda Guerra Mundial, en gran parte consideré a Hitler como una broma muy mala, sumamente cruel contra la humanidad. Nunca había pensado en Hitler como una persona real y física”, relata Mark.

No hasta que los directivos de National Geographic Channel lo invitaron a formar parte del equipo de expertos que tendría que resolver uno de los misterios más fascinantes del siglo XX: ¿qué pasó con el cadáver de Hitler?

El dictador alemán había ordenado quemar su cuerpo para que sus enemigos, próximos a Berlín, nunca lo encontraran. En un breve texto sobre el tema, Mark explica que, sin embargo, en los últimos días de la guerra, en la ciudad había cierta dificultad para conseguir suficiente combustible para incinerar un cuerpo humano. El conductor de Hitler sólo obtuvo unos 180 litros (50 galones) así que luego de quemarlo, el cuerpo quedó bastante ennegrecido en la parte externa pero tenía sus órganos y huesos intactos.

Los restos de Hitler finalmente fueron destruidos por orden de la cabeza de la KGB, Yuri Andropov, en 1970. Las cenizas se dispersaron en un río de Alemania Oriental y tan sólo se conservaron unos fragmentos del cráneo así como algunas piezas dentales. Pese a la evidencia, el mito de Hitler nunca dejó de crecer y aún hoy miles de personas creen que sobrevivió a la guerra y pasó a la clandestinidad.

Enganchado en la “más bizarra de las investigaciones forenses”, la tarea de Mark consistió en asomarse una vez más a los archivos de la época, hablar con testigos sobrevivientes y cotejar los dientes guardados por los servicios secretos rusos con los bosquejos dentales que realizó el odontólogo de Hitler.

La parte más difícil de la tarea fue, en su opinión, hablar con los testigos de la época: “Los traductores de Stalin, su secretaria y el traductor del servicio militar, eran muy viejos y era muy difícil hablar con ellos. No se concentraban”.

Diversos indicios, como un puente dental, algunas otras pequeñas estructuras metálicas y la forma de los dientes, no han dejado mayores dudas a los investigadores: Hitler murió antes de la entrada de los rusos a Berlín y estos son sus restos.

Con humor, Mark dice: “Los dientes de Hitler eran tan malos que sólo por los dientes era posible identificarlo. El mal estado de su dentadura también explicaría por qué todo el mundo se quejaba del mal aliento del dictador”.

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2008-10-29T22:00:00-05:00

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Redacción Vivir

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