Hombres, huérfanos de moda

Tras un siglo de pocas ofertas, el experto brasileño Lula Rodríguez asegura que el hombre será el gran señor de la moda en el siglo XXI.

Lula Rodríguez es un hombre grande, de barbas blancas y figura consentidora, que siempre lleva zapatos de colores vistosos. Los que lo vieron caminar esta semana por las calles de Cartagena durante la cuarta versión del congreso Ixel Moda, al que asistió como invitado de honor, no podían intuir fácilmente, a pesar de sus zapatos azules de Melissa, que era un reputado periodista de moda y bloguero brasileño que ha hecho del gusto por la moda masculina casi un movimiento político en su país.

Este es un hombre que antes que vestirse con las últimas tendencias se viste de confianza; según él, lo primero que demandan los hombres, sus lectores y clientes, para hablar y confesarse en materias tan espinosas y a veces penosas como la moda.

Es gracias a esa pinta bonachona que cuando Lula Rodríguez se sube a un taxi en Río o São Paulo los conductores no tienen reparo en preguntarle qué colonia les sugiere y cómo hacer para que les dure a pesar de la difícil jornada de trabajo. “Yo les digo que una vez salgan del baño, con la piel todavía húmeda, se apliquen por todo el cuerpo esta o esta otra colonia de lavanda y luego se vistan y así les perdurará el olor todo el día”, explica con gracia el periodista que asiste así, de manera desprevenida, a los meseros, los chicos del banco o sus propios amigos.

Con sus indagaciones en el mundo del vestuario masculino —que quedarán consignadas en un libro sobre la moda desde Versalles hasta Barack Obama—, Lula Rodríguez se ha dado cuenta de que los hombres quieren hablar de moda cada vez con más avidez. “Nadie dialoga con los hombres sobre su vestido. Cuando la hija le pregunta a la mamá qué comprarle a su padre en su día, la mamá repite: ‘La misma camiseta polo de siempre, pero de otro color’, y nadie sabe que quizás ese papá está harto de la misma camiseta, nadie le pregunta, nadie le consulta si quisiera mejor un blazer. Me atrevería a decir que por casi un siglo se ha hablado sobre moda masculina, pero nadie ha hablado con los hombres al respecto”, asegura Rodríguez, quien añade: “Nadie les dice, por ejemplo, después de ver un desfile, que esas botas cortas en el pantalón o esas siluetas ajustadísimas se pueden soltar y alargar un poco, para el hombre común”.

Por siglos la moda fue verdaderamente un privilegio masculino. Era en su cuerpo y su silueta en los que se inspiraban los mayores cambios, fueron los reyes los que dominaron el gusto de siglos enteros y los soldados los mayores transformadores del vestido. Tacones y pelucas fueron lugares en donde se representaba la masculinidad, porque sí, los zapatos con tacos nacieron gracias a la necesidad de los hombres de fijarse bien sobre el estribo del caballo y las pelucas como un mecanismo de clase y de ocultar unos pelos empobrecidos y negros que no resultaban muy sedosos en la ausencia del champú.

Pero a finales del siglo XIX, y con mayor énfasis en el XX, los hombres fueron los grandes huérfanos de la moda. Las líneas de su vestido clásico sufrieron sólo mínimas transformaciones con el pasar de las décadas, mientras las mujeres vieron al armario masculino (el pantalón, el smoking, la camisería, la chaqueta) convertirse lentamente en nuevas posibilidades para vestir.

“El siglo XX fue todo de la mujer. Su conquista del voto, del movimiento, ganar autonomía en cuanto a su sexualidad y competir en el mundo laboral hombro a hombro con los hombres, hicieron que el vestido siempre tuviera un énfasis en ellas. Pero creo que en el siglo XXI los hombres están despertándose de ese letargo, de ese minimalismo al que fueron condenados. Veo cómo cada vez más hombres abren blogs sobre moda, cómo más diseñadores empiezan a atender sus demandas y cómo se hacen cargo de cosas que antes les daba vergüenza, como comprar su champú, sus colonias y sus medias”.

Ese sacudón de formas y color que intuye Rodríguez en el universo masculino se está viendo en Colombia. En las ferias de moda la cuota de diseño masculino es cada vez mayor, ya no sólo a la cabeza de los tradicionales Lina Cantillo y Ricardo Pava, quienes presentaron respectivamente en Colombiamoda e Ixel Moda sus apuestas para la primavera, sino dándole cabida a nuevas indagaciones como las de la marca Divino, Carlos Valenzuela y Camilo Álvarez y con invitados internacionales como el peruano-japonés Akihito Hira. Todas estas iniciativas logran que nuevos referente e inspiraciones permeen el difícil mundo del vestido para el hombre y que de alguna manera se amplíe la oferta de la que siempre se quejan por estrecha.

Tenemos también nuestro referente en el mundo de los blogs con el colombiano radicado en Zurich, Suiza, Diego Fragoso, quien también estuvo en Cartagena con su apuesta on line ‘Hombre chic’ en la que resume tendencias, registra lo que pasa en las calles europeas y atiende inquietudes de hombres de todo tipo que quieren hacer de su vestido un lugar efectivo para expresar lo que son.

“Aquí también hay que anotar que el mundo gay ha afectado lentamente al mundo hétero, y eso ha provocado aires de sofisticación y de experiencia en la cocina o en la decoración que no se veían hace muchísimos años. Ahora hombres gay y hétero son amigos y esa confluencia ayuda cada vez más a que los hombres más tradicionales se arriesguen con menos temor a que se señale su buen gusto”, concluye Rodríguez, y lanza su última declaración: “El hombre será el gran señor de la moda en el siglo XXI”.

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