Homenaje pa'l bailador Joe Arroyo

La vida del Hijo Mayor de Cartagena, que ha puesto a bailar a tres generaciones en el país y en el mundo, es mucho más que los excesos y desórdenes que ha protagonizado. Perfil de un genio del Caribe.

1.La música no tiene tabú, te cambia tristeza por gozo. Oh, oh, oh, ¡vine duro, ya avisé!

Musa original

El 31 de octubre de 1955, todos los aguaceros que habían azotado Cartagena a lo largo de un mes parecieron juntarse en menos de un minuto para acabar con ella. El agua comenzó a caer desde temprano y a ablandar la tierra del cerro de La Popa que, por la tarde, se deshacía sobre los precarios barrios cercanos a la montaña: Torices, Bruselas, Canapote, Daniel Lemaitre… En una escena de espanto que no es desconocida para la ciudad ni para algunos en el país, aquel día llovieron piedras, llovieron palos.

Ángela González era una negraza delgada, de caderas anchas, que por la mañana aprovechó el surtido del cielo para lavar la ropa y asear un poco su vivienda del sector de Nariño, en las faldas de La Popa. A eso se dedicó hasta que la urgencia de los dolores le reveló que el momento de parir era inminente. Se secó, se arropó el barrigón y se acostó a esperar la llegada del marido: el albañil Guillermo Arroyo.

Cuando el hombre llegó al hogar por la noche, los gritos de Ángela se confundían entre los truenos, que con los relámpagos le daban a la circunstancia un aire de película de horror. María, si es niña, y Álvaro, si es niño; habían conversado en alguna ocasión anterior. Poco importaba eso ahora: la mujer estaba que paría, el barro ya inundaba la casucha y Guillermo tenía la certeza de que en esas condiciones no encontraría un transporte hacia el hospital en kilómetros a la redonda. Película de horror.

Madrugada. El niño a punto de llegar. El agua, negra, a la rodilla. La oscuridad. Desesperado, Guillermo Arroyo les arranca a sus pocos muebles pedazos de plástico con los que arropa a la mujer, que asegura no poder más. La levanta como a un bebé. La saca a la calle. A la esquina. Un minuto, muchos minutos, una hora, dos horas. Año y medio de amores y nueve meses de embarazo se redujeron de pronto a una esquina oscura, bajo la lluvia.

De repente, un milagro. Un bus. “Un bus de palito”, que llaman en Cartagena, de esos de tabla que se parecen a las chivas. Guillermo sacó la mano y esperó. El conductor, que transportaba a un grupo de músicos ebrios y, por supuesto, escandalosos, se detuvo. El mejor momento del día ocurrió cuando arrancaron hacia el hospital Santa Clara (sí, el mismo que luego se convirtió en un lujoso hotel, en pleno Centro Histórico de la ciudad), con una inesperada banda sonora al fondo que celebraba el nacimiento: unas trompetas borrachas, un tambor desafinado y un iluminado filósofo que gritaba: “¡Párale bolas, que ese pelao va a ser músico!”.

2.Qué inolvidable es la noche, qué romántica noche, cuando besé tu boca de grana, ¡bella noche!

La noche

Hace 55 años, el 1º de noviembre, vio la luz del sol el llamado Hijo Mayor de Cartagena. El considerado genio de la música popular, que por pura intuición supo combinar los mejores y más sabrosos aires del Caribe y de la sabana en un plato que tiene bailando al país entero desde hace más de tres décadas, bautizado como el ‘joesón’. El mulato de la voz de tarro, cuyo timbre ha sido comparado con el de Celia Cruz y cuya obra ha sido objeto de atención de la televisión inglesa y de diarios como The New York Times. El hombre de la vida celebrada por Rafael Cortijo, Richie Ray, Bobby Cruz, Ralph Mercado y un largo etcétera de grandes.

Se crió sobrado de carencias, en las calles del barrio Nariño, un populoso sector de ‘La Heroica’ habitado históricamente por negros provenientes de Palenque. Sin contar con 10 años ya era el mayor de tres hermanos y la cabeza del necesitado hogar, que Guillermo, su padre, abandonó muy temprano. La vivienda era de madera y quedaba en una esquina, sin alcantarillado ni agua potable. En promedio cada tres días el Joe iba a buscar el líquido a la casa del viejo Jericó, el único vecino que tenía el servicio, encajada en una loma que sube a La Popa. Era una cuadra larga de camino. El niñito subía y bajaba siempre cargando una lata grande, en la que alguna vez se envasó aceite. Iba cantando. Metía la cabeza en la lata y cantaba. Casi todas eran canciones de Raphael. Y cuenta la historia, y cuenta el mismo Joe, que el ejercicio le sirvió para educar la voz. “Para saber los defectos, para conocer los altos y los bajos. Las exageraciones y las deficiencias que yo tenía”.

El niñito estudió primaria y secundaria en el colegio Santo Domingo, del Centro. Se vinculó a la Coral Cartagena y algunos domingos cantaba la misa. Pero pronto cambió la misa por los prostíbulos y allí, presentándose con orquestas menores, se entrenó y estrenó en el oficio que desde entonces no ha podido abandonar: se entrenó en la noche.

La noche lo llevó a Barranquilla, donde, jovencito, de 15 años, cantaba con una orquesta llamada La Protesta, los fines de semana en las playas de Puerto Colombia. En esas estaba cuando el compositor Isaac Villanueva le presentó al teso mayor, Fruko, que ya tenía cantando a Colombia entera con la voz de ‘Piper’ Pimienta. El maestro buscaba cantante para su agrupación y ya habían sido muchos los llamados, pero pocos los elegidos. Mejor dicho, ningún elegido, hasta que el Joe entró en la escena.

Horas después, el Joe Arroyo grababa en los estudios de Discos Fuentes, en Medellín, la canción El ausente, de autoría de Villanueva. Inesperadamente, Fruko le gritó delante de todos los músicos que lo observaban a través del cristal de la cabina de grabación: “¡Joe, anima!”, pero el Joe no sabía qué significaba para su jefe “animar” y, del susto, sólo se le ocurrió hacer un sonido gutural, como un relincho, que desde entonces lo identifica en casi todas sus canciones.

Aquella tarde, la vida de ambos se partió en dos y el Joe conoció el éxito con Fruko y Fruko alcanzó mucha más gloria con el Joe. Para ilustrarlo, para sentirlo, para querer bailarlo, basta con mencionar los siguientes títulos: Tania, El caminante, Manyoma, Palenque y Confundido.

 3.Miserable, agresivo, se ha atrevido a limpiarse en el nombre que forjé. ¡Maldad, maldad!

Inocente

 Doctorado en excesos y desórdenes con Fruko, celebrado en el mundo entero, reconocido colega de Héctor Lavoe y de El Gran Combo de Puerto Rico, entre otros, en 1981 el Joe Arroyo funda de manera oficial, con 14 músicos, su propia orquesta: La Verdad, un proyecto que venía ideando desde 1975. Es decir, que llevaba más o menos seis años hablando de él. “Ya sabes que cuando yo vaya a armar mi orquesta tú estás ahí, ¿ah?”, les decía a sus compañeros, “ya tengo todo casi listo pa mi orquesta”, y así durante un mes, dos, tres, 12, 24. Hasta que sus propios amigos comenzaron a decir: “Ah, esa orquesta del Joe es la mentira”. Pero fue su Verdad.

“Yo ya sabía que, erdaaa, estos manes me la estaban montando, así que apenas me salieron unos contratos, dije: voy a grabar. Grabé y Barranquilla me abrió las puertas. Se fueron dando las cosas”.

Pero en 1983 el Joe vivió uno de sus peores años. Armó su orquesta, contrató a los mejores músicos, tenía mucho dinero para pagarles, pero la salud y el bolsillo le cobraron unas cuentas pendientes. Lo relata su biógrafo, el periodista Manuel Lozano, que prepara un libro sobre su vida, pero mejor que lo cuente el propio cantante: “Yo tenía que pasar por ese horno tan fuerte. Simplemente, me mandé, me di el lujo de pagarles grandes sumas a los artistas que quería que tocaran conmigo, aunque las presentaciones no daban lo que yo gastaba. El billete se me fue y quedé limpio y sin manchas”.

“Me salió un bulto grande en la garganta, porque sufría de tiroides. Me puse delgadísimo, seguía consumiendo y llegué a cantar en un estado que… Pero Dios es muy grande, yo lo he sentido y lo estoy palpando”.

4.Yo que nací en cuna pobre, oye Papá, nunca me ha faltado nada, desde muy niño luché por conseguir la fama.

A mi Dios todo le debo

Claro que el Joe se levantó. Y nos regaló, con La Verdad, canciones como Amerindio, Tumbatecho, Yamulemau, El centurión de la noche (le encanta cantarle a la noche), Te quiero más y, nada más y nada menos, La rebelión, esa hermosa historia de amor negro, tan bellamente contada.

Cuenta Luis Ojeda, su mánager desde hace 28 años, que en 1992, durante un festival de música en Sevilla, España, un personaje de la realeza de ese país le pidió al Joe que cantara La rebelión. “No recuerdo quién fue”. El hombre no dudó en complacerlo. La cantó, pero la frase que reza “español con el alma negra” la cambió gentilmente por la de “español con el alma buena”. La respuesta del noble lo dejó mudo: “No, no, no, no, a mí me la cantas como es”.

Hoy el Joe Arroyo, Alvarito, el hijo de la vieja Ángela, el que nunca te olvida y te pone bacano porque hay baile hoy, es el tranquilo abuelo de Tania, de dos años, en homenaje a la hija que se le murió temprano por un problema del corazón. El padre orgulloso de la Tatico y la Pelotis, a quienes menciona en casi todas sus canciones. Y de Dinkol y de otros cuatro muchachos. El esposo de Jackeline Ramón, estadounidense, hija de colombianos, que le ha regalado a sus años de quietud toda la paz que éstos requieren. La que se quedó viviendo en su corazón, ahí, donde tantas otras tuvieron asilo.

El Joe no ha muerto, como lo aseguran de tanto en tanto en alguna calle, en algún medio de comunicación. El Joe sigue cantando y viviendo plenamente en la tarima, aunque su timbre ya no sea el de antes. Y qué. ¿Hasta cuándo vas a cantar? “Hasta que Dios diga ya no más”.

“Hasta que me muera, mi hermana”.

El Joe tendrá estatua en Cartagena

De tres metros, en bronce, será la estatua del Joe Arroyo, el Hijo Mayor de Cartagena, que la alcaldesa de esa ciudad, Judith Pinedo Flórez, inaugurará en la nueva plaza ‘La Rebelión’, durante la presentación y puesta en funcionamiento del sistema de transporte Transcaribe. El lugar será el homenaje que ‘La Heroica’ le hará al Joe y estará ubicado en el Castillo de San Felipe, donde funcionará uno de los portales del Transmilenio cartagenero. El empresario artístico Ángel Thorrens está liderando la iniciativa y cuenta que se realizará una campaña nacional, con la empresa Servientrega, para que quienes quieran participar en el homenaje donen las llaves que no usen, con el objetivo de que le sirvan al escultor Aníbal Alvarado en su empresa. La vida y obra del Joe Arroyo serán celebradas este año en los festivales de la Hamaca Grande y Cartagena Caribe. “Pero más que un homenaje, queremos impulsar un estudio permanente de la obra del hombre. Además de la estatua, esto incluye un libro, una fundación y una cátedra en los colegios y universidades de la ciudad”, añadió Thorrens.

Ponte bacano que hay baile hoy

Tres corazones

Peligro, peligro, suena el telefonito. Sin que abuse del amor, estoy dispuesto a darle final messié, jamás me imaginé que lo tenía por costumbre. Y así yo me quité todas tus sombras de noche.

La tortuga

Estaba la tortuga bajo del agua, bajo del agua, bajo del agua, haciendo su ruido, como cosa mala.

Suave bruta

Recibió un beso Martica primera vez en su vida, sobre la balsamina del patio de Bertilda. Suave bruta, no trate al hijo ajeno así. Suave bruta, no trate al hijo ajeno así.