8 Nov 2021 - 8:00 p. m.

Así va la Miel del Chengue, fruto de una comunidad que vuelve a tejer sus lazos

Julia Meriño vive el presente que siempre quiso: el campo. Tras salir desplazada de una de las masacres más despiadadas de la historia del conflicto, en El Chengue (Bolívar), hoy trabaja para comercializar miel a lado de sus compañeras y familiares. Conozca la historia de retorno de los Meriño.
Madres Miel y trabajadores de la "Miel del Chengue", proyecto productivo de un corregimiento marcado por la violencia.
Madres Miel y trabajadores de la "Miel del Chengue", proyecto productivo de un corregimiento marcado por la violencia.

“En este proyecto lo económico es importante, pero debe ser secundario en este espacio. Lo que buscamos en esto es recuperar el tejido social. Lo que se fragmentó en su momento. Las abejas. Las abejas. Es mirar como ellas trabajan unidamente y trabajar, trabajar y trabajar. Esperamos engranarnos en un mismo pensar. La miel nos va dando un paso a paso para organizar nuestra vida económica, pero nos trae sobre todas las cosas una alianza”.

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Hablar con Julia Meriño es tratar con una persona feliz. Su presente es lo que siempre buscó: vivir por y para el campo, el mismo espacio del cual se enamoró cuando su padre la llevaba a las jornadas. Meriño vive en el corregimiento de El Chengue, a unos cuarenta minutos, cuando la vía permite el paso, del municipio de Ovejas (Bolívar). Sin embargo ese dato no es cualquier cosa, pues en enero de 2001 salió desplazada del mismo lugar, luego de que 80 paramilitares del Bloque Héroes de los Montes de María, de las Auc, masacraran con herramientas rudimentarias a 29 pobladores.

Julia Meriño es beneficiaria de una histórica sentencia de restitución de tierras, de 2016, que le permitió a su madre y a decenas de familiares y vecinos recuperar la tierra conocida como El Desengaño, desde donde se veía como el aguacate arropaba las montañas antes de la llegada de la violencia. Regresaron 37 familias, tras el apaciguamiento de un conflicto del cual históricamente participaron guerrillas, paramilitares y Ejército, cuya víctima fue la población civil, obligada a huir a municipios cercanos. Tal fue la gravedad de la masacre, en la cual se usaron martillos, que El Desengaño quedó vació por años.

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Una vez El Desengaño fue restituido, la Unidad de Restitución de Tierras y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación (FAO) les abrieron las puertas a las familias para un proyecto productivo. Pensaron en el aguacate, pero el mismo se secó. No había alguien quien lo cuidara. Surgió la idea de la miel, tras contemplar el panorama de las abejas, las cuales se suelen posar en la variedad de fauna de El Chengue. Ahí nació la Miel del Chengue, un producto que se vende por toneladas, sin embargo que representa mucho más para las “abejas” humanas de esa colmena de producción.

“La cosecha estamos sacándola al año dos veces. Ahora en noviembre y luego a finales de febrero. No se saca durante el resto del año porque las abejas están haciendo su trabajo y hay que esperar el tiempo de maduración de la miel. Nosotros tenemos una pequeña casa de la miel, hay tenemos la centrifugas y ahí mismo se hace el proceso de colado, limpieza y envase. Cuando estoy en la tierra para mí es algo mágico. Me relajo, me olvido que el mundo exterior existe”, le dijo Julia Meriño al El Espectador.

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“Es lograr unirnos, recuperar esos tejidos tan bonitos. Las madres miel eran mujeres que se dedicaban a sus hogares. Se animaron. Se vincularon a los procesos sociales y están unidas trabajándole a la miel de la reconciliación”, agregó Meriño. “A veces nos decían: no, esto es pá hombres. No. Nosotras nos sentimos que las mujeres podemos seguir adelante con el proyecto”, explicó Jeidy Gonzáles, integrante de madres miel. Todas trabajan en una casa, decorada como un panal. En terreno tienen sus trajes de apicultura, con sus correspondientes guantes amarillos.

El Juzgado Primero Civil de Restitución de Tierras de Sincelejo, en el fallo, reconoció la importancia de recuperar la comunidad: “se produjeron afectaciones a nivel familiar, representados en los cambios de roles y en los sistemas de comunicación intrafamiliar, lo que ha conllevado en algunos casos a la desestructuración de ese núcleo esencial de la sociedad. Así mismo, los efectos incidieron en el empeoramiento de la calidad de vida y en la ruptura del proyecto de vida familiar”. Julia Meriño volvió con sus hijas, las que comparte con el fallecido Henry Peluffo, antiguo inspector de Policía.

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Y poco a poco se va recuperando el tejido que alguna vez destrozaron los paramilitares. En otra sentencia de restitución, del 30 de junio de 2020, resultó beneficiada la señora Ana Isabel Oviedo Meriño, prima del padre de Julia Meriño. También salió desplazada tras aquel fatídico enero de 2001, en el que muchas mujeres se escondieron entre las montañas y solo volvieron para asistir a eucaristías, atemorizadas de igual forma. Ahora, el corregimiento de El Chengue vuelve, de a poco, a ser lo que alguna vez fue. Con familias y vecinos que, aunque tienen una triste historia para contar, se ocuparon del futuro.

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