Naomi Watts, en la piel de una espía

Entrevista con la protagonista de la película de 'Juego de traiciones', en la que Sean Penn comparte a su lado un papel protagónico.

La bella rubia australiana llega a la pantalla grande envuelta en conspiraciones y operaciones secretas. En Juego de traiciones (Fair Game), protagoniza la verdadera historia de la época de George Bush, cuando la Casa Blanca puso al descubierto la identidad del agente de la CIA Valerie Plame, para desacreditar al marido (interpretado por Sean Penn), que en The New York Times aseguró que el gobierno de Bush había manipulado al servicio de inteligencia sobre las ‘armas de destrucción masiva’ para justificar la invasión de Irak. Y sin ficción de por medio, tuvimos la oportunidad de entrevistarla, para conocer también su propia realidad como madre, esposa y estrella de cine.

¿Al mismo tiempo que filmaba la película ‘Juego de traiciones’ sobre un verdadero agente de la CIA, su esposo Liev Schreiber estaba filmando con Angelina Jolie la película ‘Salt’, en la que él también trabaja para la CIA?

Sí. Fue muy gracioso y muy extraño, porque además es la primera vez que filmamos dos películas al mismo tiempo con mi marido (Liev Schreiber). Y justo nos tocó interpretar personajes parecidos, aunque tampoco podían ser tan diferentes. Él tenía una clásica historia de espías y la mía estaba basada en un relato de espías de verdad. Nos reímos del tema. Hubo momentos en que también compartimos nuestras investigaciones y vimos bastantes documentales sobre la CIA, donde comparamos los apuntes.

Si nunca antes habían trabajado los dos al mismo tiempo, ¿cómo fue que aceptó hacerlo por primera vez?

Un viejo amigo me había mandado por e-mail la propuesta y le contesté que no me interesaba, porque recién había tenido un bebé y no quería leer guiones por un buen tiempo. Igual, me contó que era la historia sobre Valerie Plame Wilson y su marido, Joe. Y me dijo que al menos leyera las primeras diez páginas del guión. Por supuesto, fue muy inteligente, porque no pude leer solamente una parte. También leí el libro que había escrito Valerie, antes de conocerla a ella.

¿Cómo fue el primer encuentro con Valerie Plame?

Conocerla me llevó un tiempo, porque recién había tenido a mi bebé y había 12 horas entre mi casa de Nueva York y la suya en Santa Fe. No iba a ser nada fácil. Lo gracioso es que me di cuenta de que hablaba con una espía cuando me dijo que nos encontraramos a mitad de camino, en el aeropuerto de Chicago. ¿Quién arregla una reunión en un aeropuerto? Un espía solamente (ríe). Pero hasta eso era difícil y, al final, ella vino a verme a Nueva York. Cenamos y estuvimos hablando un rato, hasta que salí con una lista de preguntas personales muy directas. Quería meterme más en su mente para entender lo que había pasado. Si la conocieras, te darías cuenta enseguida de que no es alguien que lleva el corazón en la manga. No es alguien para nada emocional. Como agente secreto era brillante y lo sigue siendo. Es una persona muy controlada, cálida y callada. No es para nada fácil de leer. Fue difícil interpretarla como un personaje.

Como actriz, ¿siente mucha más presión al interpretar la verdadera historia de una persona en comparación con las películas de ficción?

Sí, interpretar a una persona de verdad crea muchísima presión. Y en este caso es una historia que conocen todos, al menos en Estados Unidos. Por eso sentí todavía más presión por contar la verdad. Y Valerie además vive y estuvo muy involucrada con la película. Ella fue la que nos asesoró sobre los temas de la CIA. Venía seguido al estudio, era nuestro termómetro (ríe). Nos decía cómo funcionaban las cosas o si algún cartel estaba mal puesto y si tenía que decir algo de alguna forma determinada. Estaba nerviosa, todo el tiempo. Sean (Penn) estuvo en Santa Fe y pasó un buen tiempo con ellos. No pude hacerlo, porque tenía que darle de mamar a mi bebé. Pero igual me mandaron a un campo de entrenamiento paramilitar, por tres días, porque el director decía que estaba demasiado ‘suave como mamita’.

¿Y cómo resultó el entrenamiento paramilitar?

Fue muy intenso el entrenamiento de la CIA, pero al menos me dejaban tener a mi bebé cada tanto para darle de comer. Daba miedo, porque a los diez minutos de haber llegado me hicieron unos movimientos de defensa personal y me patearon al suelo. Apenas dije ‘Ay’, me pidieron que no volviera a quejarme si no necesitaba ir al hospital. Hice cosas que jamás hubiera hecho. Y hay algunas que ni siquiera me dejan contar.

¿A nivel personal se identifica con Valerie Plame, al ser dos madres profesionales que tienen que dividir el tiempo entre una importante carrera y la maternidad?

Sí. Le tengo mucho respeto por como manejó su carrera, con mellizos. Viajando a toda clase de lugares, por todo el mundo. Mi trabajo puede ser así, pero también tengo descansos muy largos. Y hablamos del tema, cómo ella pudo ser madre y tan buena profesional. Ese balance me pareció muy interesante y es algo con lo que puedo identificarme bastante.

¿Sus hijos tienen alguna idea de la fama de sus padres?

Mis hijos realmente no entienden todavía nuestra fama. Hay momentos en los que ven una foto o algo en TV y lo señalan, porque se dan cuenta y dicen ‘mami’ o ‘papi’. Les explico que voy a trabajar y cuando vienen a verme piensan que trabajo en una casa rodante, porque así es mi camerino. Ellos piensan que es mi oficina.

¿Y el padre, Liev Schreiber, ayuda? ¿Alguna vez cambió pañales?

Liev siempre ayuda. Tampoco puedo asegurarte que le encanten los pañales sucios (risas), pero no le molesta cuidarlos. Ayuda muchísimo.

Liev Schreiber es norteamericano y usted nació en Inglaterra y se crió en Australia. ¿Piensa conservar alguna tradición internacional con sus hijos?

Eso espero. Mi hija Sasha ya había pasado por Australia cuando Liev tuvo el rodaje de Wolverine. Y a Sammy también lo concebimos en Australia. La conexión existe y quiero pensar que vamos a poder volver a Australia, por lo menos una vez al año. Es gracioso, porque igual puedo hacer cualquier acento (ríe). Si hablo con mi madre en el teléfono, puedo sonar muy británica y si alguna noche salgo con mis amigas, después de algunos tragos, me transformo en una verdadera australiana (no puede parar de reír).

Hablando de amigas australianas... Nicole Kidman también tuvo otro bebé con el cantante Keith Urban. ¿Siendo tan amigas intercambian consejos y anécdotas de ese estilo?

Nos vimos hace poco. Nic tiene una casa nueva en Nashville y a ella le gusta muchísimo el lugar. Y claro, con ella, nuestras charlas, hoy en día, tienen que ver absolutamente sobre nuestros hijos.

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