El conglomerado familiar

Una fortuna que comenzó a construirse con el negocio de la cerveza y hoy está presente en diversos sectores económicos.

El 20 de julio de 2005, Julio Mario Santo Domingo bebió su trago más dulce. A sus 80 años y en el último tramo de su vida empresarial, estampó su firma en el acuerdo con el que Bavaria, la joya de su corona, pasó a manos del grupo cervecero sudafricano SABMiller a través de una operación de fusión que le permitió obtener el 15,1% de la propiedad accionaria del que, desde entonces, pasó a ser el segundo conglomerado mundial del sector.

Ese momento mágico quedó inmortalizado en las fotos que circularon en los medios: acompañado por su hijo Alejandro (su mano derecha en el mundo empresarial), brindó junto a Graham Mackay y Malcom Wylman, ejecutivos sudafricanos, con una de las cervezas de la nueva familia.

De esa forma se cerraba con broche dorado una época que consolidó a Bavaria y a los Santo Domingo como el sinónimo de la industria colombiana.

Los años que iniciaron con una herencia. Fue en 1973 cuando, tras la muerte de su padre, se hizo cargo ce la cervecería Águila, el motor de la riqueza familiar en Barranquilla. Él mismo había sido el encargado de liderar una fusión estratégica con Cervecerías Bavaria, que con su expansión desde el interior le había quitado participación en el mercado de la Costa Atlántica.

A la vuelta de diez años, su control sobre el conglomerado era absoluto. Para entonces, Bavaria ejercía el monopolio de la cerveza en el país (con la absorción de antiguos competidores), cotizaba en el naciente mercado bursátil local y comenzaba a expandirse a otros sectores, como el de los medios de comunicación, con la propiedad de la cadena radial (hoy en manos del español Grupo Prisa) y la productora de televisión Caracol. Otra de sus compras insignes fue la aerolínea Avianca, cuya propiedad compartió por algunos años con el industrial y competidor Carlos Ardila Lülle.

Por entonces, el Grupo Empresarial Bavaria se componía por cerca de un centenar de compañías en sectores tan diversos como la industria, el entretenimiento, los medios de comunicación, los alimentos y el transporte. Y fue en los años 90 cuando Santo Domingo decidió convertirse en un pionero de las telecomunicaciones y apostó por la entrada al país de la telefonía móvil a través del operador Celumóvil, una apuesta que, sin embargo, no rindió los frutos esperados.

Aun así, para 1997, el conglomerado decidió separar sus operaciones. Ante la posibilidad de expandir sus operaciones cerveceras más allá de las fronteras, creó el holding empresarial Valores Bavaria (hoy Valorem) para operar, de manera independiente y con presencia en la bolsa, sus negocios industriales, de servicios y medios de comunicación.

Hoy en día sus activos ascienden a $1,7 billones y bajo su administración se encuentran las empresas Biofilm, dedicada a la producción de empaques, cintas adhesivas, etiquetas y a las artes gráficas; Refocosta, en el negocio de la reforestación y los productos maderables; los canales Caracol Televisión y WGen-TV, que difunden contenidos audiovisuales en Colombia y Estados Unidos; Cine Colombia, el mayor distribuidor y exhibidor de filmes del país; y Suppla, compañía emergida de la fusión de Almagrán y Almacenar, que presta servicios de depósito.

Entre los accionistas de Valorem, con el 61,22%, se encuentra la sociedad de acciones simplificada Invernac, que a su vez ejerce una pequeña participación accionaria en Caracol y administra los medios de comunicación del grupo: Icck.net, que presta servicios de soporte técnico para portales de internet; las revistas Cromos y Shock, al igual que el diario El Espectador.

A la par se encuentra Santo Domingo Cía., que cuenta con inversiones a mediana escala, y la Unidad Inmobiliaria y Constructora, la nueva división del conglomerado que desarrolla un proyecto urbanístico en la calle 26, en Bogotá.

A partir de hoy, todo este panorama descansará en los hombros de una nueva generación de empresarios que tiene como misión no sólo multiplicar los dividendos anuales, sino respetar el legado de quien llegara a ser el hombre más rico de Colombia.

Ese testigo fue traspasado aquel día de 2005, cuando el propio Santo Domingo, en una operación coordinada por su hijo, cerró con un trago el último gran negocio de la familia. El mismo que dos años después, gracias al crecimiento del consumo, trajo una revalorización del 41% en su paquete accionario.

La nueva generación

Alejandro Santo Domingo y Carlos Alejandro Pérez son quienes tienen la última palabra en las decisiones empresariales del conglomerado.
Su prueba de fuego se dio en 2008, cuando tras superar las dificultades financieras y llegar al punto de equilibrio, dirigieron el regreso a la circulación diaria de El Espectador.

Hoy en día su influencia se extiende incluso hasta el grupo cervecero sudafricano SABMiller, donde ocupan dos de los 13 puestos de su junta directiva.

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