La generosidad hecha cultura

El empresario Julio Mario Santo Domingo destinó también sus esfuerzos a consolidar proyectos culturales. El mayor exponente es el Centro Cultural que lleva su nombre, en el norte de Bogotá.

Las megabibliotecas se habían convertido en uno de los espacios más relevantes en Bogotá, puntos de referencia para el encuentro de los ciudadanos. No era descabellado, entonces, pensar en dejar una nueva biblioteca como valioso legado a una ciudad que demandaba una transformación cultural. Pero el visionario empresario Julio Mario Santo Domingo pensó que su legado debería impactar la ciudad de una manera incluso más amplia.

Decidió que en un lote de seis hectáreas no sólo crearía grandes salas de lectura, en donde cabrían cómodamente 200 mil títulos; habría también dos teatros: uno mayor, para la ópera, el teatro y la danza, que albergaría, bajo la inspiración de las altas artes, alrededor de 1.300 personas, y un teatro experimental, un gran cubo forrado en madera, con graderías retráctiles y 350 sillas metálicas, único en el país. El complejo sería construido por el arquitecto Daniel Bermúdez, pensando en que pudiera sostenerse en el futuro y que pudiera contar con dos cosas gratis: la luz del sol y el viento. Lo dirigiría Ramiro Osorio.

“Cuando me ofrecieron la dirección de este proyecto sabía que no existía uno similar en América Latina, uno que permitiera una programación tan rica y en la que se articularan todos los campos del conocimiento. Desde el principio vi que era una gran oportunidad para que Colombia tuviera un complejo de inmensas dimensiones. Una de las cosas que más me llamó la atención de esta iniciativa fue la figura público-privada, porque eso nos hacía mucha falta en el país, hacía falta crear un modelo de sostenibilidad social y económico”, aseguró Osorio en mayo de 2010, cuando se inauguró la Biblioteca Pública y Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo, en la calle 170 con carrera 67 en Bogotá.

Esta apuesta de alguna forma encarnaba la pasión por la cultura que Julio Mario Santo Domingo había demostrado desde sus años de juventud, cuando era parte del grupo de tertulias de La Cueva, en Barranquilla, donde compartía animadas conversaciones con Gabriel García Márquez, Álvaro Cepeda Samudio y Germán Vargas. “Lo que muy poca gente sabe es que el doctor Julio Mario Santo Domingo fue primero intelectual que empresario. En él se cumplía una especie de simbiosis, una mixtura singular entre la pasión por las artes y el hombre de negocios. Creo recordar, incluso, uno o dos cuentos que salieron de su puño y letra. Esta mentalidad creativa se expresó en muchísimas actividades, no sólo empresariales, sino de carácter cultural, la última de las cuales es nada menos que el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo”, recuerda el expresidente Belisario Betancur, quien compartió diferentes momentos con el empresario y conversó apasionadamente con el intelectual, y añade: “No hay que olvidar que doña Beatrice Dávila compartía con él esta mentalidad abierta hacia las artes y las letras . Ella misma es escritora silenciosa, misteriosa, que no publica. En esta pareja se juntaron entonces dos impulsores de la cultura que son padres de hijos que también vibran con estas manifestaciones. Así, todo el grupo familiar deja un testimonio en Bogotá, de un gran escenario para celebrar la belleza humana”.

El Centro Cultural Julio Mario Santo Domingo ha marcado un hito en la historia cultural del país. En su primer año logró realizar 153 funciones, con un total de 100.822 espectadores, y presentar 78 compañías y artistas de 22 países.

“El señor Julio Mario Santo Domingo, no sólo con este legado, sino con todo lo que hizo durante su vida, está sin duda entre los tres hombres más importantes del siglo XX de nuestro país”, asegura Ramiro Osorio, quien señala que su amplísima inversión cultural, a través de la empresa Valorem, pervivirá para siempre en ese complejo cultural que recordará a las futuras generaciones su convicción de apoyar el desarrollo de las artes.

La Escuela de Artes y Oficios

En enero de 1996 la Escuela de Artes y Oficios Santo Domingo abrió sus puertas para formar con estructura técnica y profesional a las personas que quisieran aprender los oficios que practican los artesanos a lo largo del país.
“La Escuela perdió a la persona más generosa y eso nos llena de tristeza”, afirmó María Restrepo, la directora, quien agregó: “Sin Julio Mario Santo Domingo, la ayuda para 14 mil artesanos no habría sido posible”. Y es que esta institución no sólo se dedica a la formación, sino que se empeña en crear empresarios. De las 1.000 personas que se encuentran en la escuela, el 70% recibe un subsidio y además, a través de la Fundación Mario Santo Domingo, reciben un microcrédito para montar su empresa.

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