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Eduardo Correa Suárez, un profesor dedicado y querido en su comunidad en Montería (Córdoba), se vio envuelto en una situación que puso a prueba su fortaleza. Graves amenazas lo obligaron a abandonar su puesto de trabajo y a vivir con miedo por la seguridad de su familia. Sin embargo, la justicia restaurativa llegó como la solución, tanto que su historia ahora ilustra cómo un conflicto puede ser resuelto de manera pacífica y los efectos que esto tiene sobre las personas involucradas y la comunidad.
El conflicto comenzó cuando Yosmany Suárez, un padre de familia de niños y niñas vinculados a la Institución Educativa Manuel Ruiz Álvarez, amenazó al rector Eduardo Correa Suárez, generando una crisis en la comunidad. Correa Suárez se vio obligado a apartarse de su cargo por recomendación de la Secretaría de Educación, en aras de proteger su seguridad y la de su familia. Sin embargo, puso sobre la mesa buscar una solución por medio de la conciliación, dice, después de hacer la denuncia ante la Fiscalía y como una forma de apaciguar “la zozobra que vivía mi familia”.
Desde la Fiscalía remitieron el proceso hasta la Casa de Justicia para iniciar un proceso de justicia restaurativa y fue Efraín Cordero, con 18 años de experiencia en la resolución de conflictos, el conciliador designado para este caso.
Cordero describe cómo manejaron la situación en las instalaciones de la Casa de Justicia: “Los conciliadores se dieron cuenta del tipo de problema y cómo lo podríamos solucionar. Yo simplemente lo que hice fue darles a conocer a cada uno cuál era su rol dentro del proceso de conciliación y cómo debía ser el desarrollo del proceso”, dijo. Tuvieron así un encuentro restaurativo, el cual, en palabras del conciliador: “fue satisfactorio, porque tanto Eduardo como Yosmany aceptaron las responsabilidades y llegaron a un acuerdo que beneficiaba a ambas partes”.
En el caso de Yosmany, Cordero explicó que, además de remediar la situación, la conciliación, que ayuda a brindar más oportunidades a los jóvenes, también se convirtió en una puerta para la construcción de un proyecto personal y profesional alejado de conductas violentas. Este joven que inició el conflicto, por ejemplo, ahora es entrenador de fútbol y lleva varios años trabajando con niños y jóvenes en la formación deportiva.
“Aprendí de no explotar así, como dicen, por palabras, tiene uno que ser inteligente. Esto me enseña muchas cosas, tanto como persona, como también en mi mismo trabajo”, dijo Yosmany Suárez, quien en su momento fue acompañado y motivado por sus padres. Pero este proceso de conciliación no solo tuvo un impacto en las vidas de los dos principales involucrados, también en la comunidad educativa y en el entorno social más amplio, al demostrar que se puede recobrar la paz y el tejido social con este tipo de justicia.
“Queremos hacer un evento magno en la institución, donde vinculamos a los padres de familia, docentes, la Secretaría de Educación, la Casa de Justicia, el programa de Justicia Inclusiva de USAID y la escuela de formación deportiva”, señaló Correa. La idea de hacer público el proceso busca enviar un mensaje a la comunidad sobre la importancia del diálogo y la justicia restaurativa en la resolución de conflictos.
El encuentro restaurativo culminó con un acuerdo de conciliación que satisfizo a ambas partes. “El día de hoy llevamos a buen término ya a buen puerto la conciliación, llegamos a entendimiento, se discutieron los temas álgidos, se clarificaron y se llegó a un punto de un verdadero perdón, de un reconocimiento de la falta y de un compromiso de no repetición por parte del joven y por mi parte, pues acepto todas sus buenas intenciones”, expresó en su momento el profesor Correa, y añadió: “Me siento tranquilo y podría decirse que me siento satisfecho, también doy gracias a los buenos oficios de la Casa de Justicia y a la disposición del joven”.
Los involucrados también reconocieron que la intervención de la Casa de Justicia y de otros actores, como el Programa Justicia Inclusiva de USAID, el cual se ha encargado de promover el acceso a los servicios para la resolución de conflictos., fueron cruciales para el éxito de la conciliación.
Por su parte, Yosmany coincidió en que este proceso dejó varios aprendizajes y le marcó un nuevo comienzo. “Pese a las dificultades que hubo y a las malas noticias, pienso que este proyecto de vida no se acaba y creo en Dios y en todo, que nosotros nacimos para grandes cosas, no para cosas pequeñas y el destino a mí me está esperando”, comentó.
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